En algún lugar de los Valles de Aragua, dentro de una barrica de roble sellada con cera a mano, hay ron que lleva más tiempo envejeciendo que muchos países del mundo.
Ese ron acaba de entrar, por segundo año consecutivo, al ranking de Forbes como uno de los 11 mejores del planeta.
No se regalan medallas
The Beverage Testing Institute (BTI) no es una competencia generosa.
Fundado en 1981 en Chicago como la primera competencia internacional de vinos de Estados Unidos, opera con una metodología de cata a ciegas desarrollada en conjunto con la Universidad de Cornell.
Sus panelistas, sommeliers certificados, comercializadores de bebidas, destiladores y educadores de la industria, evalúan cada producto en un laboratorio sensorial diseñado específicamente para minimizar factores externos, en sesiones matutinas y con un máximo de 15 a 30 muestras por día para evitar la fatiga del paladar.
Sus resultados se publican en revistas como Wine Enthusiast, The New Yorker y Restaurant Hospitality. Una medalla de oro del BTI, en la escala de 90 a 95 puntos, equivale a la calificación de «excepcional«.
Llegar allí no es fácil. Y hacerlo dos veces en el mismo año, con dos etiquetas distintas, es otra cosa.

112 medallas de oro
El Santa Teresa 1796, el ron triple añejado en solera que lleva el nombre del año de fundación de la Hacienda, alcanzó con esta distinción su medalla de oro número 112 en circuitos internacionales.
Es el ron súper premium más premiado del mundo: más de 100 galardones dorados acumulados en las competencias más exigentes del planeta.
La hacienda donde nace cada botella fue fundada por el Conde Martín Tovar Ponte en los Valles de Aragua, en los mismos años en que Simón Bolívar cabalgaba por esas tierras. De hecho, desde esa misma hacienda el Libertador reiteró su proclama contra la esclavitud en 1818.
Cinco generaciones después, la familia Vollmer sigue al frente.
El producto que los catadores de Forbes están reconociendo, el Santa Teresa 1796, es un blend elaborado con rones que han envejecido entre 4 y 35 años, todos procesados íntegramente mediante el método de solera: una técnica artesanal española —reservada históricamente para el jerez y el brandy— que consiste en apilar barricas de roble en niveles, donde el ron más joven se va mezclando progresivamente con el más maduro.
El resultado es un líquido vivo, en constante evolución, que según la propia empresa contiene trazas del primer Ron Madre destilado en 1796. Cada botella se sella manualmente con cera. Ninguna es exactamente igual a la anterior.
Ese nivel de maestría artesanal es lo que en 1996 (para celebrar el bicentenario de la hacienda) el entonces miembro de la cuarta generación de la familia, Alberto Vollmer Herrera, apostó a desarrollar.
La apuesta resultó en uno de los rones más reconocidos de la historia reciente de la industria.

El Café Arábica de Santa Teresa
Esta segunda innovación de la marca, que llega después del éxito de la primera versión con café, pasa por un proceso donde el líquido base es finalizado durante 13 meses en barricas que anteriormente albergaron un exclusivo cold brew: una infusión de café de preparación en frío elaborado con granos cultivados en la propia Hacienda Santa Teresa, mezclados con rones añejos de la casa.
El resultado es un ron con las complejidades propias del 1796 —seco, balanceado, aterciopelado— pero con una capa adicional de notas de café, chocolate y especias que lo distingue claramente de cualquier otra expresión del mercado.
Su primera participación en el BTI arrojó medalla de oro. Primera vez que se inscribía. Primera distinción obtenida.
«Este hito representa un profundo motivo de orgullo venezolano, demostrando que el portafolio de Ron Santa Teresa compite y lidera en los niveles técnicos más altos de la industria global de destilados,» dijo Andrés Chumaceiro, director de operaciones de la empresa.
Presente en 70 países
Con más de 229 años de historia, Santa Teresa es la primera productora de ron de Venezuela.
Sus productos se distribuyen actualmente en más de 70 países y cuentan con la Denominación de Origen Controlado Ron de Venezuela: un sello que garantiza que lo que está dentro de cada botella es auténtico, que viene de donde dice que viene y que fue hecho como dice que fue hecho.
La hacienda no solo produce ron. También alberga el Proyecto Alcatraz, un programa social que desde hace años trabaja en la reintegración de jóvenes en situación de vulnerabilidad a través del rugby y el trabajo.
Transformar vidas, según la propia empresa, es tan parte de su propósito institucional como transformar caña en uno de los mejores rones del mundo.
Dos etiquetas. 11 seleccionados. Las únicas venezolanas. Por segundo año consecutivo.
El ron que nació en los Valles de Aragua hace dos siglos y medio sigue siendo, para Forbes y para el mundo, simplemente uno de los mejores.
EL NACIONAL