Científicamente, no existe ninguna relación entre la ocurrencia de un terremoto y los cambios en la temperatura ambiental o el clima. Los sismos son fenómenos geológicos que ocurren a kilómetros de profundidad en la corteza terrestre debido al movimiento de placas tectónicas, mientras que la temperatura y el tiempo atmosférico se originan en la atmósfera, impulsados por la radiación solar y los vientos.
«Un terremoto realmente en un primer instante coloca partículas en la atmósfera porque levanta una polvareda, pero eso es una situación muy local y de muy poco tiempo, por lo cual no tiene la capacidad de cambiar el clima y la temperatura como tal», dijo Valdemar Andrade ingeniero hidrometeorológico.
Por su parte, el clima, la lluvia y la sequía en las zonas ecuatoriales (como Venezuela) dependen exclusivamente de la inclinación del eje de la Tierra y de su movimiento de traslación alrededor del Sol. Las ondas tropicales inician en mayo debido a la incidencia de los rayos solares cerca del Ecuador.
Andrade destacó el impacto de «El Niño» y «La Niña» en Venezuela, relacionado a ser fenómenos causados por el cambio de temperatura en la masa oceánica del Pacífico. En el caso de Venezuela, el fenómeno de El Niño genera sequía o lluvias por debajo del promedio el 72% de las veces, mientras que La Niña provoca lluvias por encima del promedio el 60% de las veces.
Con relación a los fenómenos ópticos, el experto aclaró que los cielos de color naranja y rojo que se han observado recientemente no tienen relación con sismos, sino con la presencia de partículas en la atmósfera, probablemente asociadas al polvo del Sahara.
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