Desde la introducción del primer Galaxy Fold, que pesaba 276 gramos en 2019, Samsung Electronics ha avanzado en tecnologías como bisagras, pantallas, durabilidad y usabilidad. Con el tiempo surgió un nuevo desafío: hacer que un plegable de pantalla grande fuera más
fácil de llevar en el día a día.
El Galaxy Z Fold5 pesaba 253 gramos y el Galaxy Z Fold6 redujo esa cifra a 239 gramos. Con el Galaxy Z Fold7, Samsung se propuso que un plegable pudiera ser incluso más ligero que un smartphone insignia tradicional. El dispositivo alcanzó los 215 gramos y el Galaxy Z Fold8 fue todavía más lejos, llegando a 201 gramos, 52 gramos menos que el Fold5 y convirtiéndose en el plegable más ligero del mundo.
Pero reducir peso no podía significar sacrificar otras características valoradas por los usuarios, como duración de batería, desempeño de cámara, gestión térmica y durabilidad. Para conseguirlo, los ingenieros tuvieron que replantear prácticamente todo el dispositivo.

Cuanto más delgado y ligero, más precisa debe ser la ingeniería
Reducir el grosor de un plegable plantea desafíos particulares. Las capas internas de la pantalla deben adelgazar manteniendo su resistencia; las placas metálicas necesitan conservar una gran precisión incluso con espesores mínimos; y la bisagra debe soportar y distribuir las fuerzas generadas cada vez que el dispositivo se abre y se cierra.
Una de las respuestas de Samsung fue Flex Titanium, tecnología utilizada en las pantallas del Galaxy Z Fold8 y Z Fold8 Ultra. Su película de aleación de titanio tiene un grosor de apenas decenas de micrómetros, aproximadamente un tercio del ancho de un cabello humano.
Samsung también perfeccionó el mecanizado de estructuras metálicas de alrededor de 0,2 milímetros, ajustando procesos, herramientas y condiciones de fabricación para mantener la forma y planitud necesarias. En paralelo, la bisagra se diseña específicamente para cada formato, equilibrando distribución de carga, resistencia, durabilidad, espacio y peso.
NOTA DE PRENSA