Las nubes de Alexander Calder en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela (UCV) no se crearon por razones estéticas, sino para corregir una deficiencia acústica detectada por la firma de ingenieros Bolt, Beranek and Newman.
Carlos Raúl Villanueva se negó a alterar la forma original del auditorio, por lo que el ingeniero Robert Newman sugirió suspender paneles para reflejar el sonido hacia el público.
Villanueva adaptó una escultura móvil de Calder (originalmente pensada para exteriores pero reubicada por la fuerza del viento) para transformarla en los paneles acústico. El conjunto consta de 31 paneles (22 en el techo y 9 en las paredes laterales); el más grande abarca 80 metros cuadrados y pesa 2,5 toneladas.
Para instalarlas y calibrar la acústica, la Orquesta Sinfónica de Venezuela tocó en el escenario bajo la supervisión de los ingenieros. El Aula Magna pasó de tener un pronóstico acústico deficiente a ser calificada entre las mejores del mundo, formando parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 2000.
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