Autor: Yubiri Quintero

  • Padre Ugalde: «para rescatar valores y ética necesitamos decisión firme y sanciones coherentes»

    EL padre Luis Ugalde, exrector de la UCAB, durante su intervención en la Asamblea Anual de Fedecámaras, número 75, sostuvo que aunque muchos consideren que la sociedad enfrenta una crisis ética, que resultará más difícil de recuperar que la crisis económica; no es complicado el rescate de los valores. Esto basado en que uno de los mejores ejemplos de que el cambio de actitud se puede dar, es el gran número de venezolanos en el exterior que se han adaptado a nuevos entornos en los que sí cumplen con respetar los valores y la ética. Explica que tal como es el caso de los extranjeros que llegaron a nuestro país hace unos 70 años aproximadamente, la necesidad les obliga a desarrollar virtudes que no parecían tener en su tierra.

    Un síndrome muy común que sufrimos los venezolanos en nuestra tierra es el de premiar la mala conducta y castigar la buena, así lo indica, «considero que actualmente (y también en el pasado) en Venezuela la mala conducta recibe más estímulos y premios que la buena, reclamada a gritos pero no premiada por la sociedad (…) nos hemos acostumbrado a no parar en la luz roja del semáforo, a agredir verbalmente al que lo hace«.

    A su juicio, no hacen falta años para recuperar la ética y los valores, sino decisión firme y sanciones coherentes. Esto será posible a la capacidad de adaptación y elasticidad que se ha demostrado en el exterior, donde la violación de las normas es castigada y se exige su cumplimiento, «lo contrario a una nación de cómplices”.

    Sin duda una de las causas de esta deformación cultural ha sido la «cultura rentista» pues en condiciones normales, la sociedad y la economía determinan el modelo de estado, lo cual en Venezuela es a la inversa. «La industria petrolera recuperada y bien administrada seguirá teniendo importancia en Venezuela» pero no será el poste que determine otros elementos sociales. Por eso es importante tener en cuenta que las oportunidades creativas son muy necesarias tanto en la producción económica como en la producción política y ciudadana, para el rescate del país y su gobernabilidad.

    Un elemento que destacar es que bajo las fuertes características de la crisis que vivimos, se dan las condiciones para que el venezolano demuestre solidaridad y apoyo al prójimo. «En las empresas y fuera de ellas está brotando esta dimensión de considerar la necesidad del otro, tan fundamental para el reencuentro y la reconstrucción nacional» indica. Pues según el padre Ugalde, se ha padecido una prédica desde el poder según la cual los venezolanos todos no son ciudadanos en solidaridad sino dos sectores enfrentados, pues la causa de la pobreza de unos sería la existencia de otros en prosperidad.

    Manifiesta que basta mirar la tragedia de nuestro país para entender que el mayor valor ético de la empresa es producir bienes y servicios de calidad, invertir y emplear exitosamente el talento humano de gerentes y trabajadores generando oportunidades para que 14 millones de hombres y mujeres tengan trabajo digno y bien remunerado y los productos de la empresa satisfagan con calidad las necesidades de la sociedad; mientras que «otras iniciativas de solidaridad social y de filantropía son lógicas derivaciones complementarias«.

    Con motivación explícitamente religiosa o sin ella, la ética que necesitamos es la que descubre que el bien de uno pasa por reconocer, afirmar y ayudar al otro. Nos-otros juntos necesitamos responder y, con la bendición de Dios, responderemos al inmenso reto de la reconstrucción de Venezuela.

  • «Cómo relanzar el aparato productivo venezolano» presentado en la 75° Asamblea Anual

    Ante la grave situación que vive Venezuela, al directiva de Fedecámaras, en el período 2017-2019, se propuso hacer un análisis sobre los elementos que limitan la productividad y los elementos necesarios para aumentar esta productividad. Es por esto que se realiza el estudio «Cómo relanzar el aparato productivo venezolano«, en el cual analizan los siguientes sectores: agricultura, alimentos, ganadería, pesca, minería, industria, construcción, turismo, telecomunicaciones y comercio y servicios.

    Carlos Larrazábal, expuso durante la «Asamblea anual número 75«, los detalles de este estudio que realizó Fedecámaras, con la colaboración de expertos en cada uno de los sectores que fueron objeto de estudio. Cómo relanzar el aparato productivo venezolano busca elementos que garanticen el crecimiento y la solidez de nuestra economía.

    «El objetivo es presentar un perfil de las actividades del sector privado en Venezuela, examinando, su participación y contribución en la estructura productiva del país, y al mismo tiempo revisar el conjunto de restricciones y propuestas que cada sector productivo analizado presenta en la actualidad y especialmente para un proceso de transición«, expresó Larrazábal, expresidente de Fedecámaras.

    En el estudio se refleja que es importante tener en cuenta que se llevan 20 años de restricciones y este es un inventario de todas ellas, «o de la mayoría«, para que sea posible relanzar el aparato productivo venezolana, se requiere rescatar el estado de derecho en todas sus manifestaciones. También es prudente hacer las reformas macroeconómicas y de seguridad jurídica fundamentales que permitan la eliminación de la hiperinflación, el déficit fiscal, el control de cambios, reducir la deuda pública, recuperar al sector petrolero, restablecer la independencia del BCV y restablecer la independencia de los Poderes Públicos.

    El papel del sector privado en el proyecto para relanzar el aparato productivo venezolano, es «entre otras cosas» ser articulador de políticas públicas, un sustento de la gobernabilidad y un creador de empleos dignos y bien remunerados.

    Larrazabal expresó que se identificaron distintas restricciones transversales entre los diferentes sectores, como la inseguridad personal y jurídica, el intervencionismo de las instituciones del Estado, el deterioro de los servicios públicos y en particular del suministro de energía y la fuga de talentos calificados y la insuficiente oferta de capacitación.

    El expresidente asegura que para este estudio, la prioridad es Venezuela, y que se espera que este documento sea aprovechado por muchos venezolanos para análisis, pero sobre todo para la acción. «Nos aferramos al principio de respeto a la propiedad y a la iniciativa privada, a la ética empresarial, a la responsabilidad social empresarial«.

  • El drama de los empresarios venezolanos

    Este próximo diciembre en Venezuela será muy diferente a todos, tanto los del pasado como los de futuro. La diferencia principal estará dada por la inmensa inyección de dinero que tendrá la economía en medio de la hiperinflación más grande conocida en el mundo. El mayor impacto  lo  causará el pago del tradicional aguinaldo, esta vez exacerbado por el brutal aumento de salario en el reciente septiembre y el posible aumento salarial de costumbre cada fin de año e impulsado ahora por el vencimiento del subsidio concedido para el trimestre septiembre-noviembre 2018. Más de 13   millones de personas entre trabajadores formales, pensionados  y los beneficiarios del carnet de la patria recibirán el pago de tres meses de aguinaldo, además del posible nuevo aumento salarial. Arrojar esa inmensa masa de dinero de manera casi simultánea es exacerbar la hiperinflación a niveles más desastrosos de lo que ha sido hasta ahora. Basta imaginarse la situación que ha de venir para aceptar conscientemente que este diciembre será diferente a todos los demás.

    Para el sector empresarial el impacto será aún mayor,  con el agregado de la prolongada incertidumbre respecto al futuro de los negocios y la  cada vez más inclemente acción gubernamental. La incertidumbre cobra mayor arraigo con solo imaginarse lo que habrá de suceder con el desenlace del actual subsidio salarial, cuyo vencimiento está previsto para este 30 de noviembre. Para los empresarios venezolanos las expectativas del momento giran alrededor de lo peor a lo superpeor.

    Además, cualquier escenario futuro requiere, inexorablemente, de una decisión previa basada en dos probabilidades: prorrogar o eliminar el subsidio salarial. De esas dos posibilidades, la prórroga es la que reúne mayor ocurrencia de probabilidad, por razones obvias. La posibilidad de la eliminación del subsidio queda fuera de lógica, salvo que haya la absurda intención de crear mayor conflictividad social.  Por otra parte, debe tenerse en cuenta que el escenario que al fin se defina respecto al subsidio salarial  podría  coincidir, por un lado con  el pago de aguinaldos o utilidades y por la otra vía con el inminente y rutinario aumento salarial para compensar la pérdida del poder adquisitivo durante el lapso septiembre-noviembre 2018. Dos agravantes coincidentes en la supercrítica situación.

    El escenario de mayor probabilidad podría estar conformado por tres factores concatenados: 1) la decisión del gobierno respecto a la continuidad, eliminación o modificación del actual subsidio salarial, 2) un posible nuevo aumento de salario tal como ha sido tradicional en cada fin de año y además, esta vez para compensar la pérdida de poder adquisitivo en el lapso septiembre-noviembre 2018, y 3) el pago de los tres meses de aguinaldo. Más allá de estos tres factores condicionantes para la situación laboral específica, el empresario venezolano vive intensamente en un ambiente completamente adverso para la realización de negocios o el emprendimiento de algún otro nuevo. Y como si fuera poco, sin saber cuáles serán las nuevas tropelías que puede decidir de manera sorpresiva el gobierno en el transcurso de las próximas semanas.

    Mientras tanto, acreditadas estimaciones indican que el PIB nacional disminuirá hasta 20% para finales de año después de haber disminuido 56% durante los últimos cuatro. Estas cifras demuestran (y la realidad lo confirma) que la producción venezolana de bienes y servicios está funcionando en vía muy contraria a lo que debe ser. Hasta que no se restablezca la producción en el país todos nuestros déficits seguirán aumentando.

    Después de todo, lo que no admite ninguna duda es que en este próximo diciembre la hiperinflación en Venezuela superará su propio récord mundial.

     

  • Las terribles consecuencias del absurdo paquete de medidas económicas de agosto de 2018

     Cuando usted asiste a estudiar economía, contaduría o administración la frase más sensata que escuchará es “los recursos son limitados y las necesidades infinitas”. Con esa máxima se organiza la vida profesional de cualquier profesional que egrese de algunas de estas carreras.

    Lo que acaba de suceder después del anuncio de medidas dictadas por el ejecutivo nacional en el mes de agosto del año en curso olvida esa premisa y entiende que los recursos son infinitos y que todas las necesidades deben ser cubiertas. Esa premisa ha generado la peor corrida negativa de la economía de Venezuela en toda su historia contemporánea. Los vecinos acorralados anuncian a los conserjes que no pueden con la carga salarial y prestacional, los pequeños empresarios han optado por disminuir o cerrar sus empresas, los precios se han multiplicado en apenas semanas por dos o tres veces su valor previo antes de las medidas.

    Si esas medidas se hubiesen dictado de manera aislada quizás su efecto no sería tan dramático pero junto a ellas se anunció el aumento del precio de la gasolina, ya aplicado en los estados fronterizos, el aumento del IVA, un conjunto de medidas fiscales y un aumento en el encaje legal bancario. También se mantiene una regulación en 50 bienes y se persigue a comerciantes para que lo cumplan, llevándolos incluso a la cárcel.

    No era necesario ser un genio en la economía o en la lógica elemental. Las consecuencias son visibles, notorias y como todo lo realizado por este gobierno, serán permanentes. Las empresas que han cerrado no podrán, ni serán, expropiadas ni muchos menos recuperadas ya que eso nunca ha sucedido.

    La ausencia de sentido común, de conocimiento técnico y sobretodo del deseo de recuperar a la economía parecen guiar este batiburrillo de iniciativas llevada adelante por el gobierno. La escasez es una marca del sistema. Faltan tickets de metro, billetes, comida y por encima de todo la voluntad para enfrentar lo que hay que enfrentar. Hacer lo correcto y punto.

    El país se cae a pedazos, no es una metáfora. No es una exageración. En cada esquina una bolsa de basura es la cena de un ciudadano, en las calles caminan niños sin zapatos y sucios, las empresas reciben a pocos clientes, las calles solas de lunes a domingos, las noches como tierra desolada.

    Supongo que alguien se siente feliz con eso. Todo esto debe ser el triunfo de algún mequetrefe que odiando a la sociedad, a la democracia, al pueblo se siente realizado al ver esto.

    La empresa es el centro de la actividad de todo país, no son los ministerios, ni los entes del estado. Cuando se aniquila una empresa, que es un hecho social y económico, se cercena el futuro. Primero se produce y luego se distribuye.

    La sociedad moderna, universal, ha logrado en todas partes la coexistencia pacífica entre estado y empresa. Se necesitan mutuamente, no puede existir el uno sin el otro. El país que se llama Venezuela no es una decisión del chavismo y de sus ideas petrificadas. El país es la voluntad de su gente, allí estamos profesionales, empresarios, obreros, comunidades, universidades y todo aquel que es un doliente de esta realidad que nos arropa.

    En cada rincón del país hay gente capacitada, para manejar esta situación mejor de lo que se hace. No está el gobierno de Venezuela capacitado para hacerlo. Ha tenido la oportunidad de hacerlo en el pasado, muchos han sido convocados para dar sus recomendaciones y el gobierno ha preferido seguir su empeño de control total de la sociedad. Lo más interesante es que aquello que controla son los factores de fuerza que requieren para mantenerse, el resto está en la anarquía total. Podemos afirmar como la serie española de hace algún tiempo ya “aquí no hay quien mande”.

  • Anclarse a criptomonedas y productos básicos

    Anclar la moneda al valor de un producto básico o “commodity” como se les conoce en el argot financiero, peor todavía, a una criptomoneda es una estrategia riesgosa. Entre los economistas hay algunos que dicen que, como quiera que la economía venezolana dependa de su producción petrolera, para efectos prácticos su moneda está anclada al precio del petróleo. Si eso fuera ciento, la moneda chilena estaría anclada al precio del cobre, o la noruega al precio del petróleo, y así sucesivamente. Los países con bancos centrales serios, al buscar una forma de asegurar que su moneda no pierda valor por movimientos abruptos de sus “commodities” o déficits fiscales inmanejables, buscan anclarse, o mantener sus reservas, en monedas que han demostrado mantener su valor como el dólar, el yen, el euro y el franco suizo.

    El anclaje a un producto físico pasó de moda cuando las principales economías, lideradas por Estados Unidos abandonaron el patrón oro. Este había servido como la mejor ancla o forma de preservar valor durante siglos, pero sucedieron dos cosas: las crecientes necesidades de liquidez que requerían sociedades industriales y globalizadas superaban las existencias de oro en el mundo, y este pasó de ser reserva de valor a comportarse más bien como un “commodity”.

    Los precios de los commodities son volátiles y aptos de tener grandes fluctuaciones debido a los eventos climatológicos, de explotación, políticos y la demanda de los consumidores que condicionan su disponibilidad en el mercado. A eso se añade que, entre las puntas, o vendedores y compradores finales, intervienen los especuladores financieros en las bolsas en las que se transan esos commodities(como el NYMEX) que apuestan diariamente a favor o en contra de la subida del producto. La forma como protegen su estabilidad monetaria los países que tienen un porcentaje importante de su intercambio basado en exportación de commodities, es mediante la creación de un fondo anti-cíclico, al que contribuyen cuando los precios están por encima del promedio móvil de 5 años, y del cual retiran fondos para paliar déficits fiscales cuando está por debajo. Chile y Noruega han hecho esto con éxito. Venezuela lo ha intentado varias veces, pero siempre cae víctima del “síndrome del millardito” gastando los excedentes e inclusive endeudándose en tiempos de bonanza.

    En cuanto a las cripotmonedas, hay quien dice que son una magnífica idea esperando una aplicación exitosa. El desplome del Bitcoin de estos días, que hace que apunte hacia $ 5,000 pone de manifiesto su volatilidad y debilidad como ancla: empezó valiendo pocos dólares, subió en breve lapso hasta $ 20,000, retrocediendo y estabilizándose por un tiempo en unos $ 7,000 y ahora recibe presión a la baja porque para que su mercado se amplié los potenciales usuarios quieren mecanismos que eviten fraudes, que lo empiezan a equiparar sospechosamente con instrumentos monetarios más convencionales, solo que el respaldo no es la fortaleza de una economía sólida como la norteamericana o la europea, sino un ejército de “critpo-mineros” consumiendo cantidades de gigantesca energía buscando ser remunerados en bitcoins por resolver unos algoritmos.

    Con estos antecedentes, hay que pensar seriamente en las posibilidades de éxito de una moneda que se ancle a una critopomenda que aún está lejos de tener demanda en el mercado que la aproxime al Bitcoin, y que por demás dice estar anclada a un commodity como el petróleo. Es altamente improbable que las dos volatilidades se cancelen, sino por el contrario, que una alimente a la otra y que la volatilidad resultante sea mucho mayor.

    Para la estabilidad de nuestra moneda más le valdría a Venezuela seguir el ejemplo de Chile, y si se piensa que nuestro ordenamiento legal es demasiado díscolo, poner nuestro fondo anti cíclico en manos de un fideicomisario confiable como, por ejemplo, el SNB-Banco Central Suizo o el Bundesbank Alemán.

  • Sin libertad cambiaria no hay ajuste exitoso

    Mucho se ha escrito desde la cadena televisiva del viernes 17, cuando se hicieron los anuncios de ajustes que el gobierno contemplaba.

    Si bien al concretarse las medidas específicas surgieron preocupantes dudas en cuanto a la capacidad o voluntad gubernamental de ejecutar un ajuste de tamaña envergadura, los anuncios de bulto eran, por decirlo coloquialmente, de librito: Anclaje y liberación cambiaria; eliminación de la emisión monetaria como forma de financiamiento y una meta a largo plazo de déficit cero; gasolina a precios internacionales y servicios públicos a su costo de operación; fijación del precio de arranque del Bolívar Soberano a la cotización de ese día del indicador de mercado paralelo; un salario mínimo en unos 30 dólares con compensación temporal a las empresas y subsidios a la población, etc.,etc.

    De todas, sin embargo, solo a una en particular nos quisiéramos referir en este momento. Y tiene que ver con que ya se aprecia que una cosa es el enunciado, y otra la implementación.

    La libertad cambiaria que se hace presente desde el “Viernes Negro” (18 de febrero de 1983) hasta el Viernes Rojo, si se quiere, ha sido constantemente intervenida por los sucesivos gobiernos. Y lo han hecho bien sea por controles cambiarios o intentos voluntariosos de liberar, pero, a la vez, también han sido la de “subvaluar” la moneda para favorecer determinadas actividades económicas, o la supervivencia de elefantes blancos estatales.

    Esa obsesión de los políticos, de los burócratas y de un buen número de economistas por controlar la vida de las gentes, es lo que les impide creer en que el comportamiento racional de los ciudadanos es lo que mejor está alineado con la prosperidad y bienestar de la Nación. Decimos esto, porque los que así piensan, en efecto, quisieran liberar… pero siempre y cuando las tasas de interés sigan siendo reales negativas. Siendo esto así ¿quién en su sano juicio va a quemar sus ahorros en dólares, pesos colombianos o euros para colocarlos en bolívares?

    Quisieran liberar, en fin, pero también poder seguir subsidiando el gasto social con impresión de dinero sin respaldo, mientras que a las empresas estatales perdidosas tampoco se les toca ni con el pétalo de una rosa.

    Siendo esto así, es obvio que hasta el trabajador más humilde cuyo horizonte de ahorro de largo plazo es de apenas 30 días, sabrá que “no hay dólar caro”.

    Entonces, quisieran liberar para que haya inversión, pero, eso sí, también y cuando haya la posibilidad de ponerle cortapisa a la repatriación de dividendos, al desarrollo de actividades empresariales que no están en su librito de prioridades, asimismo, a la libertad de fijar precios.

    Quisieran liberar, en fin, pero que no haya reacomodo de los precios relativos que no les gusten.

    Es por ese motivo por el que vimos con preocupación que, a paso de morrocoy, primero se despenalizaron las transacciones cambiarias del cambio paralelo, luego se dijo que las casas de cambio podían hacer transacciones de menudeo que solo captan remesas para gasto diarios. Y, finalmente, que a los bancos se les permita recibir dólares ¡pero no venderlos! En otras palabras, la inclinación predominante es, entonces, avanzar por el entramado de un corralito anunciado.

    Ante esta realidad, es impensable no solo que los ahorristas se desprendan de sus dólares para fortalecer sus ahorros, sino también que los industriales y comerciantes, difícilmente, activarán las líneas de crédito comerciales en cuenta abierta que algún día tuvieron con sus proveedores tradicionales, para contribuir a fortalecer la balanza de pagos en cuenta corriente, así como la oferta de bienes.

    El principal temor que alimenta esa posición tímida, es que no vaya a haber suficientes dólares para hacerle frente a la demanda. Si se crea confianza, esa demanda de dólares a la que le temen, no va a suscitarse, sino que, por el contrario, más bien habrá movimiento en la otra dirección de la cuenta de capital producto de inversiones y ahorros.

    Lo cierto es que, si no hay libertad cambiaria, el Plan de Ajuste no pasará de ser otro plan heterodoxo. Mejor dicho, uno más de esos que han fracasado tanto en Venezuela, como en el resto de Latinoamérica.

  • Tropezar más de dos veces con la misma piedra

    Un viejo adagio dice que el hombre es el único viviente en la tierra que tropieza dos veces con la misma piedra. A excepción, aquí en Venezuela los hombres y mujeres del alto gobierno están acostumbrados a tropezar más de dos veces con la misma piedra y la piedra en este caso son los controles de precios, de cambio y también de salarios. Con esos tropiezos llevan ya quince años y por lo visto no hay señales de que puedan evitarlos. Es la terquedad del ensayo y error. Pero es que, además, lo reconocen y lo dicen por cadena de radio y tv. “Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado”,   dijo Maduro en el  reciente congreso del PSUV. Unos pocos días después volvió a tropezar con la misma piedra cuando decretó el descomunal aumento del salario mínimo en 5.900% y la nueva fijación de precios de la canasta alimentaria. El impacto de las medidas trasciende el ámbito nacional y le da carácter histórico negativo porque decisiones como esas son excepcionales y carentes de la más elemental racionalidad.

    La estabilidad de los precios y salarios es una condición indispensable para lograr bienestar económico y el potencial necesario para su creación. Esto no quiere decir que no haya movilidad en ambos factores; en regímenes de libre economía hay siempre una  dinámica que permite el movimiento de precios y salarios en niveles de alzas y bajas. Es una dinámica que obedece más a las fuerzas de la oferta y la demanda que al mandato de un decreto presidencial. En ese ámbito, los salarios se mueven casi siempre en línea ascendente y por lo general, sus modificaciones se deciden en el marco del acuerdo tripartito entre trabajadores, empresarios y  gobierno, por vía contractual. En la gran mayoría de los países los salarios se duplican en un lapso no menor de quince años; aquí en Venezuela el gobierno aumentó el salario de manera unilateral y de un solo plumazo en 35 veces. Vaya locura!  Respecto al  control de precios basta decir que universalmente ya son incontables las veces en las cuales algunos jerarcas de gobierno han tropezado con la misma piedra a lo largo de varios siglos. De modo que el nuevo control de precios para la canasta alimentaria “es más de lo mismo”.

    Las expectativas se concentran entonces en el descomunal aumento de salario, porque además de su irracionalidad es también una medida de shock que pone en situación harto difícil a más de 420 mil empresas y otros tantos empleadores que operan en Venezuela, en medio de una de las peores crisis que se haya tenido en el mundo y, además, tener que aceptar  en el ámbito de la producción de alimentos y por razones impositivas del gobierno, unos precios de la canasta alimentaria por debajo de su costo de producción.

    La mayoría de los venezolanos sabe en qué va a parar el nuevo control de precios y lo expresa categóricamente a cada rato; los resultados ya son bien conocidos. Caso contrario ocurre con el descomunal aumento de salario, porque es allí donde la incertidumbre supera el tope de la intranquilidad. Ninguno de los empresarios  y al igual  los demás empleadores en Venezuela puede estar tranquilo ante la situación devenida y el desasosiego se pone a millón en solo pensar en cómo atender el compromiso de las prestaciones sociales y en lo que ha de pasar el día después que se venza el plazo de los tres meses durante los cuales el gobierno habrá asumido el pago del diferencial por el aumento de salario.

  • Pisco Sour de Cómo Perú superó su crisis

    “Que Dios nos ayude” …

    Juan Carlos Hurtado Miller.

    Ministro de Economía y Finanzas de Perú 1990

     

    Una visita obligada cuando se viaja a Lima es irse una tarde hasta el distrito de Barranco, contemplar el mar y tomarse un pisco sour en el bar “Juanito de Barranco”, en una atmósfera de tranquilidad y de frenética actividad uno se da cuenta de todo el progreso que ha vivido Perú en los últimos 20 años.

    Este año se espera un crecimiento del 4,0%, según lo proyectado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). El Banco Central del Perú (BCP) estima que la inflación en Perú podría estar por debajo de 1%para el 2018.

    El 28 de julio de 1985 Alan García asume la presidencia del Perú con 36 años de edad. Ganó en primera vuelta, obteniendo el 53 % de votos válidos, pero no solo eso, su partido, el APRA, tiene mayoría absoluta tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.

    El gobierno anterior de Fernando Belaúnde Terry le dejó en herencia un país con una profunda crisis económica. Además, debe agregársele las actividades terroristas de Sendero Luminoso y de Túpac Amaru. Las inversiones habían caído un 42% del Producto Interno Bruto. En 1982, la economía peruana no creció y, en 1983, el crecimiento fue negativo -12,2%, el ingreso per cápita había caído 16%, una inflación acumulada de 7.649% para el año 1.990, las reservas internacionales eran ridículamente bajas.

    El desastre económico del gobierno de Belaúnde se debió, principalmente, a una caída de precios de productos que Perú exportaba (cobre, plata, plomo, café), sin embargo la administración del presidente Alan García promueve unas medidas económicas basadas fundamentalmente en la expansión del gasto público, devora las reservas internacionales, expande la masa monetaria sin control, incrementa el déficits fiscal, aplica controles de precios, de cambio y estatiza el sistema financiero peruano.

    Al final de su mandato, los precios subían 20, 30 y 40% cada mes. En sus peores momentos, llegaron a subir hasta 60% al mes. La inflación acumulada durante sus cinco años de gobierno fue de más de 2.000.000%. Lo que costaba un sol en julio de 1985, terminó costando más de 20.000 en julio de 1990.

    En el año 1986 el billete de mayor denominación era de 1.000 intis (moneda peruana de la época) y en 1990 ya circulaban billetes de 1 millón y 5 millones de intis. Todo esto fue el causante de la diáspora de 2 millones de personas entre el período 1980-2000, muchos de ellos buenos amigos que vinieron a Venezuela.

    El 28 de julio de 1990 toma posesión Alberto Kenya Fujimori Fujimori quien había ganado las elecciones en segunda vuelta a Mario Vargas Llosa con un rotundo 62,4% de los votos.

    En agosto del mismo año Fujimori presenta un plan de estabilización económica conocido como el “fujishock” el cual contemplaba 2 fases: la primera tenía como objetivo atacar la hiperinflación, insertar a Perú en los mercados financieros internacionales, reestablecer una estructura de precios adecuada y detener la recesión económica. La segunda fase contemplaba la creación de una economía de mercado eficiente e insertar la actividad económica de Perú en los mercados mundiales.

    La estrategia para lograr esas metas fue de manera urgente la creación de programas sociales para ayudar a los sectores más afectados por la estabilización y la liberalización.

    Se llevaron a cabo reformas estructurales, privatización de empresas públicas, facilitación de la importación de bienes y servicios, aumento de la competencia de los mercados internos.

    Se creó una política cambiaria que apuntaba a la unificación del mercado cambiario con una flotación del tipo de cambio controlada por un tiempo hasta que se estabilizaran las cuentas. Se eliminaron las restricciones a las importaciones, excepto en el caso de 13 productos. Se fija el arancel mínimo en 10 % y el máximo en 50 %.

    En materia monetaria se disminuye el encaje bancario del 80% a 64 %, se continúan permitiendo que los ciudadanos tengan depósitos en moneda extranjera en el sistema financiero. Las tasas de interés quedan sujetas al mercado.

    Se adaptaron normas de austeridad fiscal, se prohibieron nuevas adquisiciones y contrataciones. Aumento de tarifas públicas. Gasolina 3.040 %, electricidad: 5.270%, agua: 1.318%, teléfonos 1.295 %. El IGV (impuesto general a las ventas) se incrementó al 11% y se redujeron las excepciones, se impuso una contribución extraordinaria del 1 % del patrimonio a las personas naturales y jurídicas. También se creó un Impuesto extraordinario a las exportaciones por el 10 % del valor FOB.

    Se otorgó una bonificación extraordinaria a los trabajadores del 100% con un aumento del salario mínimo en 400%. Hubo una prohibición temporal de nuevos aumentos salariales en las empresas públicas hasta diciembre de 1990.

     “Qué Dios nos ayude”, fue la frase con la que terminó su discurso el ministro de economía Juan Carlos Hurtado Miller el 8 de agosto de 1990. Aquella noche, los peruanos eran testigos de un hecho económico drástico que marcó para siempre la historia de su país.

    Pocas veces en el mundo se ha requerido de todos un sacrificio tan grande como el que ahora necesita Venezuela. Lograr una hazaña como la peruana solo será posible si los venezolanos estamos dispuestos a pagar el precio por lo ocurrido en los últimos 20 años. Que Dios nos ayude.

  • Los problemas de las mujeres en el trabajo

    En una conversación con nuestra amiga, Yenni Peña, de Proyecto InfoGénero (@Info_genero), a la salida de un programa de radio, compartimos la percepción de que el tema de la violencia contra la mujer, copa muchos de los espacios de organismos y personas que trabajan por los Derechos feministas, dejando por fuera otros que se dan por “resueltos” o “menos graves”, como por ejemplo, el caso de las mujeres en las empresas, públicas o privadas.

    Sin ánimo de intentar establecer prioridades o descalificar el trabajo que se hace con mujeres en situación de alto riesgo, pensamos que el tema de la inserción y vida laboral de una mujer merece también ser estudiado, discutido, protegido y defendido.

    Existen estadísticas internacionales que reportan la cantidad cada vez más creciente de mujeres incorporadas al mundo laboral, los tipos de oficio a los que se dedican, la cantidad de tiempo que permanecen activas económicamente, cuánto contribuyen al PIB de sus países, etc. Pero lo que nos ocupa en este artículo y que fundamenta en gran medida el trabajo de FeminismoINC, son los datos intangibles, las dificultades y vivencias que muchas mujeres sufren para poder mantenerse y triunfar en el medio laboral.

    De acuerdo a nuestra experiencia, estos son algunos:

    • Acoso laboral/sexual por parte de jefes
    • Descrédito a sus aportes o juicios de descalificación por ser mujer (“mujer tenía que ser…”)
    • Robo de ideas por parte de un jefe que no le da crédito público
    • Asignación de roles de apoyo, bajo perfil o segundo plano
    • Asignarle automáticamente labores de secretaría, arreglos logísticos u orden y minuteo de reuniones porque “las mujeres son más organizadas que nosotros”, o sea, que lleven ellas esa carga.
    • Escasa promoción a puestos de dirección
    • Crítica a las emociones y forma de expresarlas. Achacar al período menstrual cualquier indicio de mal humor
    • Ser blanco de chistes misóginos y tener que reírlos y celebrarlos
    • Reacción negativa ante la noticia de un embarazo
    • Preferencia de contratación o promoción y ascenso de un hombre por temor a la maternidad. Dar por sentado que la responsabilidad de hijos y hogar es de la mujer trabajadora y no de los hombres cuando van a ser contratados.
    • Exigencias de dominio y experticia en una materia con mayor énfasis que lo que se le exige a un hombre (a los hombres se les contrata por potencial, a las mujeres por la experiencia).
    • No ser incorporadas en los paneles de expertos en las reuniones internas o en representación de la empresa en eventos externos. Confiar siempre más en un hombre para estas actividades.
    • Irrespeto al horario de trabajo, exigiendo asistir a reuniones después de las horas laborales, sin tomar en cuenta que esa mujer sale a su segundo trabajo en el hogar
    • Prohibición de tomar horario flexible
    • Exigencias para lucir un cuerpo y apariencia estéticamente aprobado por  los hombres, sopena de ser blanco de burlas y críticas vejatorias (gorda, fea, vieja…)
    • Menor remuneración por el mismo trabajo que los hombres
    • Falta de sensibilidad a sus problemas y presiones familiares, siendo que la mujer es la cuidadora oficial de la familia, bien sea de los hijos, padres, hermanos, enfermos, etc.
    • Poner como condición que la mujer beba alcohol o asista a fiestas o viaje fuera de la ciudad como parte del trabajo, y dejarla por fuera si se niega o demuestra que no le es posible.
    • Amenazas veladas para que haga cosas con las que no está de acuerdo

    Reglas de competencia interna por el poder que se adaptan más al estilo de los hombres. Las empresas están hechas por hombres, con reglas masculinas, al punto de que muchas mujeres que actualmente ocupan posiciones de alta gerencia, incurren en estas mismas prácticas con sus pares femeninos de menor nivel. Se masculinizan en el ejercicio del poder como una forma de garantizarse un puesto que de otra forma no hubiesen conseguido.

    Por ello creemos que las empresas deben incorporar perspectiva de género en sus políticas, normas y prácticas de trabajo, buscando tener un equipo gerencial y una población laboral diversa, donde se respete la opinión de todos y se logre generar un clima de equidad tanto para mujeres como para hombres.

    Las empresas deben procurar la defensa de los derechos de sus mujeres vía formación, sensibilización y evaluación de desempeño, para que esas mujeres tengan un espacio donde puedan poner todos sus talentos a funcionar con libertad.  Y al mismo tiempo, a quienes trabajan por el feminismo, entender que la mujer trabajadora también necesita ser atendida, poniendo sobre la mesa la discusión sobre su situación, porque al igual que muchas, vive una situación de violencia organizacional y un machismo empresarial que la debilita y maltrata.

     

  • Los impactos de la conversión monetaria en la gestión de personas en las empresas

    Las ya conocidas medidas de la denominada revolución económica anunciada por el  Presidente de la República Nicolás Maduro, el viernes 17 de agosto del año 2018, se constituye como el mayor daño económico que la población trabajadora ha sufrido en años.

    A simple vista los trabajadores parecen beneficiarse de un aumento que elevó el sueldo de Bs F. 3.000.000 a Bs. F 180.000.000, es decir un incremento del 60 veces el valor actual. Nunca en toda la historia de intervención del Estado en el proceso de fijación del salario mínimo se llegó a tanto. Especialmente porque es bien conocido por todos el impacto inflacionario de ese elemento en una economía con poco empleo y con muchas regulaciones laborales que sortear. La pequeña y mediana industria cuentan con escasos recursos, entre otras causas por la fuerte inflación que sufre el país desde hace muchos años y que ahora se ve de manera inesperada acelerada por las acciones que el estado ha llevado adelante a través de la emisión de dinero inorgánico, declaración dada de manera directa por el presidente de la república y que se puede calificar como una confesión de hecho irregular para su función.

    Eso significa que el gobierno de la república, ineficiente para cumplir su rol de buen padre de familia al administrar los recursos de la sociedad venezolana, colocó un impuesto a las personas a través de la inflación para poder financiar el gasto público. Esa situación es dramática porque haciendo eso han llevado el número estimado de inflación a una cifra inimaginable, que en voz de Ricardo Hausmann puede alcanzar la astronómica suma de 44 millones por ciento al año.

    Desde el lado oficialista escuchamos voces de alegría por el aumento del salario mínimo a un dólar diario, lo cual resulta loable cuando en la práctica un trabajador devengaba un sueldo mínimo de un dólar mensual según los  marcadores del mercado negro de divisas.  Sin embargo es poco probable que ese aumento de los ingresos se sostenga.

    Todo ese cambio se realizó en medio de un conjunto de medidas que incluyen aumento del IVA, apoyo a la mediana y pequeña industria para su capitalización por los efectos del aumento de salario, pago de ISLR con o sin utilidad financiera e impuesto a las transacciones financieras.  El paquete incluye aumento de la gasolina a precio internacional que por razones técnicas fue pospuesto hasta septiembre y que se supone será aplicado de manera gradual. La aceptación del mercado negro de divisas se hizo de manera tácita al colocar la tasa del nuevo sistema Petro en Bs. 6.000.000,00.

    Lo más duro del conjunto de medidas es que todas van a ser pagadas por la población, es decir el gobierno no pone ningún objetivo de disciplina serio en la mesa por lo que no cambia la dirección en materia financiera y que por el contrario profundiza la forma de gobernar que ha impuesto este gobierno y su predecesor.

    Este elaboradísimo programa económico le transfiere toda la carga a los ciudadanos, sean estos trabajadores o empresarios. Impuestos directos e indirectos que no lograrán darle dinero al gobierno para financiar sus planes de subsidio a la población que hoy  dependen desesperadamente de él. El bolívar en el mercado negro se devaluó a una velocidad única en tres días, dejando el salario de un dólar al día en apenas unos sesenta  centavos de dólar al día.

    Un dato curioso del anuncio es que el salario será efectivo en septiembre, dejando todos los otros factores de la crisis intactos. Al ritmo de cambio es probable que cuando los trabajadores reciban el incremento estaremos hablando de un aumento pírrico incapaz de satisfacer las necesidades de los trabajadores.

    Este episodio de la desventura que el gobierno ha puesto en escena es quizás uno de los momentos más trágicos de la historia política venezolana, solo comparable en términos de su gravedad con momentos vividos en la guerra de independencia de nuestro país. Todos los ciudadanos han perdidos sus derechos económicos, incluida la repartición de la renta petrolera, a manos de un gobierno técnicamente incapaz de manejar la situación. La inflación no es inducida por los particulares ya que todos somos víctimas del modelo económico centralista e hiper-regulador que genera el gobierno venezolano.

    El trabajador a finales del mes de septiembre estará recibiendo 1800 bolívares fuertes pero su poder de compra es muy probable que haya mermado contra el actual, los patronos tendrán que mover sus escalas salariales para reconocer los distintos aportes de los miembros de la organización.

    Los precios, aunque se controlen, aumentaran irremediablemente en una carrera en la que los perdedores serán siempre los asalariados. Una parte del país con un desempleo estructural, del 40% aproximadamente de su población, no recibirá nada de este aumento excepto el dolor de los precios que suben infinitamente.

    Para los patronos más y más dolores de cabeza, hay que conseguir el dinero para pagar los incrementos y además proveer información cierta del cambio a sus colaboradores. Estas medidas pueden impulsar a más gente a irse, pues buena parte de la población entiende el nivel de destrucción de valor que estas medidas tienen en la economía. Un impacto negativo directo sobre la productividad y la tranquilidad de nuestra pueblo.

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