Categoría: Jacinto Marín

  • El drama de los empresarios venezolanos

    Este próximo diciembre en Venezuela será muy diferente a todos, tanto los del pasado como los de futuro. La diferencia principal estará dada por la inmensa inyección de dinero que tendrá la economía en medio de la hiperinflación más grande conocida en el mundo. El mayor impacto  lo  causará el pago del tradicional aguinaldo, esta vez exacerbado por el brutal aumento de salario en el reciente septiembre y el posible aumento salarial de costumbre cada fin de año e impulsado ahora por el vencimiento del subsidio concedido para el trimestre septiembre-noviembre 2018. Más de 13   millones de personas entre trabajadores formales, pensionados  y los beneficiarios del carnet de la patria recibirán el pago de tres meses de aguinaldo, además del posible nuevo aumento salarial. Arrojar esa inmensa masa de dinero de manera casi simultánea es exacerbar la hiperinflación a niveles más desastrosos de lo que ha sido hasta ahora. Basta imaginarse la situación que ha de venir para aceptar conscientemente que este diciembre será diferente a todos los demás.

    Para el sector empresarial el impacto será aún mayor,  con el agregado de la prolongada incertidumbre respecto al futuro de los negocios y la  cada vez más inclemente acción gubernamental. La incertidumbre cobra mayor arraigo con solo imaginarse lo que habrá de suceder con el desenlace del actual subsidio salarial, cuyo vencimiento está previsto para este 30 de noviembre. Para los empresarios venezolanos las expectativas del momento giran alrededor de lo peor a lo superpeor.

    Además, cualquier escenario futuro requiere, inexorablemente, de una decisión previa basada en dos probabilidades: prorrogar o eliminar el subsidio salarial. De esas dos posibilidades, la prórroga es la que reúne mayor ocurrencia de probabilidad, por razones obvias. La posibilidad de la eliminación del subsidio queda fuera de lógica, salvo que haya la absurda intención de crear mayor conflictividad social.  Por otra parte, debe tenerse en cuenta que el escenario que al fin se defina respecto al subsidio salarial  podría  coincidir, por un lado con  el pago de aguinaldos o utilidades y por la otra vía con el inminente y rutinario aumento salarial para compensar la pérdida del poder adquisitivo durante el lapso septiembre-noviembre 2018. Dos agravantes coincidentes en la supercrítica situación.

    El escenario de mayor probabilidad podría estar conformado por tres factores concatenados: 1) la decisión del gobierno respecto a la continuidad, eliminación o modificación del actual subsidio salarial, 2) un posible nuevo aumento de salario tal como ha sido tradicional en cada fin de año y además, esta vez para compensar la pérdida de poder adquisitivo en el lapso septiembre-noviembre 2018, y 3) el pago de los tres meses de aguinaldo. Más allá de estos tres factores condicionantes para la situación laboral específica, el empresario venezolano vive intensamente en un ambiente completamente adverso para la realización de negocios o el emprendimiento de algún otro nuevo. Y como si fuera poco, sin saber cuáles serán las nuevas tropelías que puede decidir de manera sorpresiva el gobierno en el transcurso de las próximas semanas.

    Mientras tanto, acreditadas estimaciones indican que el PIB nacional disminuirá hasta 20% para finales de año después de haber disminuido 56% durante los últimos cuatro. Estas cifras demuestran (y la realidad lo confirma) que la producción venezolana de bienes y servicios está funcionando en vía muy contraria a lo que debe ser. Hasta que no se restablezca la producción en el país todos nuestros déficits seguirán aumentando.

    Después de todo, lo que no admite ninguna duda es que en este próximo diciembre la hiperinflación en Venezuela superará su propio récord mundial.

     

  • Tropezar más de dos veces con la misma piedra

    Un viejo adagio dice que el hombre es el único viviente en la tierra que tropieza dos veces con la misma piedra. A excepción, aquí en Venezuela los hombres y mujeres del alto gobierno están acostumbrados a tropezar más de dos veces con la misma piedra y la piedra en este caso son los controles de precios, de cambio y también de salarios. Con esos tropiezos llevan ya quince años y por lo visto no hay señales de que puedan evitarlos. Es la terquedad del ensayo y error. Pero es que, además, lo reconocen y lo dicen por cadena de radio y tv. “Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado”,   dijo Maduro en el  reciente congreso del PSUV. Unos pocos días después volvió a tropezar con la misma piedra cuando decretó el descomunal aumento del salario mínimo en 5.900% y la nueva fijación de precios de la canasta alimentaria. El impacto de las medidas trasciende el ámbito nacional y le da carácter histórico negativo porque decisiones como esas son excepcionales y carentes de la más elemental racionalidad.

    La estabilidad de los precios y salarios es una condición indispensable para lograr bienestar económico y el potencial necesario para su creación. Esto no quiere decir que no haya movilidad en ambos factores; en regímenes de libre economía hay siempre una  dinámica que permite el movimiento de precios y salarios en niveles de alzas y bajas. Es una dinámica que obedece más a las fuerzas de la oferta y la demanda que al mandato de un decreto presidencial. En ese ámbito, los salarios se mueven casi siempre en línea ascendente y por lo general, sus modificaciones se deciden en el marco del acuerdo tripartito entre trabajadores, empresarios y  gobierno, por vía contractual. En la gran mayoría de los países los salarios se duplican en un lapso no menor de quince años; aquí en Venezuela el gobierno aumentó el salario de manera unilateral y de un solo plumazo en 35 veces. Vaya locura!  Respecto al  control de precios basta decir que universalmente ya son incontables las veces en las cuales algunos jerarcas de gobierno han tropezado con la misma piedra a lo largo de varios siglos. De modo que el nuevo control de precios para la canasta alimentaria “es más de lo mismo”.

    Las expectativas se concentran entonces en el descomunal aumento de salario, porque además de su irracionalidad es también una medida de shock que pone en situación harto difícil a más de 420 mil empresas y otros tantos empleadores que operan en Venezuela, en medio de una de las peores crisis que se haya tenido en el mundo y, además, tener que aceptar  en el ámbito de la producción de alimentos y por razones impositivas del gobierno, unos precios de la canasta alimentaria por debajo de su costo de producción.

    La mayoría de los venezolanos sabe en qué va a parar el nuevo control de precios y lo expresa categóricamente a cada rato; los resultados ya son bien conocidos. Caso contrario ocurre con el descomunal aumento de salario, porque es allí donde la incertidumbre supera el tope de la intranquilidad. Ninguno de los empresarios  y al igual  los demás empleadores en Venezuela puede estar tranquilo ante la situación devenida y el desasosiego se pone a millón en solo pensar en cómo atender el compromiso de las prestaciones sociales y en lo que ha de pasar el día después que se venza el plazo de los tres meses durante los cuales el gobierno habrá asumido el pago del diferencial por el aumento de salario.

  • La corrupción socialista del siglo XXI

    La lectura de un libro publicado en versión inglesa en 2016 y en versión española en 2017 está reanimando a muchos teóricos socialistas de Europa y América Latina para continuar la difícil y tortuosa defensa del socialismo, después de los sucesivos fracasos a raíz del derrumbe del muro de Berlín en 1989. Se trata del libro “La Corrupción Capitalista” escrito por el economista británico, investigador y profesor de la londinense School of Oriental and African Studies, Guy Standing. El autor se ha convertido en un referente mundial en el análisis socioeconómico después de haber publicado el libro, “El Precariado”, y ahora con esta nueva publicación y sus conferencias en diferentes países.

    En “La Corrupción Capitalista” Standing plantea que el capital y más específicamente el libre mercado es la fuente principal de la corrupción, concediendo con esa interpretación un salvoconducto deliberado al socialismo respecto a la degradación de la moral ciudadana, más aún en la novedosa temporada del socialismo del siglo xxi. No obstante, el autor hace otras consideraciones que son irrefutables, entre las cuales destacan: el vínculo constante entre capital y Estado como elemento potenciador de la corrupción, la lucha entre la virtud y el vicio y la indetenible expansión de las prácticas corruptas a nivel mundial, ubicando a los paraísos fiscales como la corona del maléfico trono. Standing considera que la corrupción es una pandemia porque todo lo invade, todo lo pervierte: la vida política, la realidad económica, las prácticas sociales, las actuaciones del gobierno, los modos y fines de la sociedad civil, el mundo del trabajo, la esfera del ocio y los múltiples procesos culturales, todas estas variables en su conjunto son cada vez mayores y afectan en consecuencia a toda la humanidad. Para una mayor definición, el autor dice que la corrupción evoluciona, es creativa e innovadora, transgrede la moral y las buenas costumbres, socialmente es de carácter transversal y es también un sistema universal de compra-venta de favores.

    En el plano de las ideologías vigentes en el mundo, para Standing la corrupción es un producto exclusivo del capitalismo porque solo existe en los regímenes en los cuales domina el sistema capitalista, lo que hace entender que en los gobiernos de corte socialista la corrupción es inexistente, a tenor de los argumentos sustentados por Standing en su libro. Pero es que, además, si se admite que la fuente originaria del nefasto vicio está en el libre mercado habría que concluir admitiendo también que la libertad económica es omnipresente y se ejerce abiertamente sin ningún tipo de control en todas las sociedades, incluyendo a los gobiernos socialistas. Lo que no admite duda es que la corrupción está en todas partes, sin distingo de clase social y creencias políticas y religiosas. De modo que el argumento principal de Standing en su libro reciente puede considerarse como una opinión demasiado sectaria y muy sesgada en contra del capitalismo.

    Tampoco se trata de cuestionar que el capitalismo sea más corrupto que el socialismo, o viceversa; no, no es asunto de cuantía; lo importante es la honestidad administrativa y la sanidad ciudadana. Desconocer que en el capitalismo hay corrupción es un absurdo, como absurdo es también entender al socialismo como algo inmaculado, como el sanatorio de todos los males. No obstante, en un dosier publicado en la revista El Correo de la Unesco en junio de 1996 se afirma que “la lucha contra este flagelo tiene más éxito en los estados democráticos que en los totalitarios y ello es así porque en los primeros el multipartidismo provoca la competencia y la vigilancia entre las fuerzas políticas, impidiendo el abuso de poder, a lo cual se suma la separación y la autonomía de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”.

    Resulta difícil entender que Guy Standing no conozca los innumerables escándalos que se han venido sucediendo en países ubicados en la órbita socialista, incluso mucho antes de haber escrito su libro. En Rusia y Cuba, abuela y madre, respectivamente del socialismo, los escándalos no han faltado. Sería prolijo referir los tantos casos de corrupción ocurridos en este lado del Atlántico y al intentarlo nos encontramos con el hecho real de que Venezuela, además de ser la cuna del socialismo del siglo XXI ocupa el tercer puesto con mayor corrupción en América, según Transparencia Internacional.

  • La defensa de la democracia venezolana en el exterior

    Ningún gobierno en el mundo está exento hoy en día de la observación internacional, más concretamente cuando la actuación gubernamental irrespeta y atenta contra los derechos humanos. Esa observación forma parte de la globalización política de los tiempos modernos y algunas veces se manifiesta con evidentes señales de una rebelión en la aldea. Venezuela es uno de los pocos países en el planeta que ahora están bajo la mirada atenta de gobiernos nacionales, parlamentos y una apreciable configuración de organismos multilaterales. El debate del caso venezolano está sobre el tapete y las expectativas de relación son cada vez mayores. Son expectativas sobre resultados que algunas veces son de aliento y otras de desaliento o como diría un psiquiatra, es la simbiosis de ansiedad y depresión causada por los propios altibajos de la presión internacional y la espera prolongada de los resultados.

    La década actual está caracterizando a Venezuela como un país lleno de calamidades: el hambre, las muertes por falta de alimentación y medicinas, la inflación de récord mundial, la emigración hacia diversos países, las más de 25.000 muertes violentas al año y el miedo que siente una buena parte de la población por las represalias del gobierno son algunas de las calamidades. En la historia de Venezuela no se conoce una situación tan calamitosa como la de ahora. De modo que el tema de la democracia en Venezuela y en particular lo pertinente a los derechos humanos centra su debate tanto en el plano nacional como en el internacional y mientras la población siente el apoyo de tantas instituciones en el extranjero, el gobierno venezolano se ve cada vez más repudiado y aislado. La declaración de persona no grata o de no bienvenida referida al presidente Nicolás Maduro con motivo de la VIII Cumbre de las Américas en Perú, es la más reciente evidencia del repudio y el aislamiento. ¿Cuántas veces en los últimos 100 años un presidente de Venezuela fue merecedor de un tratamiento similar? Sin duda, se trata de algo insólito.

    Ya son muchas las decisiones que han tomado diferentes naciones y organismos internacionales en manifestación de repudio al gobierno de Venezuela, además de las de tipo puramente declarativo o de “dimes y diretes” entre autoridades acusadas y acusadoras. Las decisiones van desde la autoexclusión de Venezuela de la OEA y su expulsión del Mercosur, hasta las sanciones económicas adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea, cuyas sanciones están en proceso y con marcada tendencia para hacerlas progresivamente más fuertes. La más reciente de estas decisiones corresponde a la Corte Penal Internacional al admitir en etapa de investigación las denuncias en contra de autoridades venezolanas. A la par de estas decisiones hay un conjunto de acciones que están hasta ahora bajo el manto de las amenazas pero que pueden concretarse si el gobierno venezolano no rectifica su actuación a tiempo. El bloqueo petrolero que pudiera efectuar el gobierno norteamericano, el embargo de activos venezolanos en otros países por parte de entidades acreedoras y los amenazantes enfrentamientos de militares en las fronteras con Colombia, Brasil y Guyana conforman un cuadro altamente temerario y de pronósticos indecibles.

    En lo interno de Venezuela la zozobra es cada vez mayor; la gente vive ansiosa de un cambio que supere la situación actual y la espera prolongada en el tiempo deprime y crea escepticismo. La gran mayoría de los venezolanos desea con vehemencia que de la presión internacional surja una salida de la crisis lo más pronto ´posible, pero los efectos reales de la presión son lentos y están sujetos casi siempre a los enredos de la diplomacia. Los efectos van surgiendo de manera progresiva, salvo las sentencias de la Corte Penal Internacional que son únicas. El tiempo en este caso es la mayor indefinición. Lo que sí es indiscutible es que la oposición al gobierno de Nicolás Maduro  luce tanto y hasta  más activa en el ámbito internacional que en el ámbito nacional. ¿Qué va a pasar en el transcurso de los próximos meses? ¿Resistirá el gobierno toda esta presión internacional sin aceptar un cambio? ¿Desistirán los gobiernos y organismos multilaterales de sus actuaciones en contra del gobierno venezolano? ¿Usted qué piensa?

  • El orgullo de ser empresario

    Más allá del significado y la vigencia que muy acertadamente Fedecámaras sintetiza en su slogan, el orgullo de ser empresario es una expresión genuina, de mucha naturalidad y por supuesto, de completa sinceridad. Y más que una expresión es un sentimiento de verdadera esencia, sin ninguna figuración de aparentar, sencillamente porque en el ámbito empresarial ese orgullo es el resultado de una acción exitosa, es la satisfacción que se origina por el logro o el cumplimiento de un propósito cuando se emprende un proyecto de negocio y se ejecuta exitosamente a base de esfuerzos y coraje; es el sentimiento oculto en la sonrisa y en el rostro carialegre, y es también la gratitud que se expresa discretamente ante el reconocimiento y el elogio oportuno y sincero. Por encima de todo, el orgullo de ser empresario es la satisfacción que siente la persona por ser o haber sido útil a la sociedad en general, satisfacción que casi siempre trasciende a lo personal al proyectarse de manera inexorable en las generaciones sucesoras.

    El orgullo empresarial así definido es de aplicación universal en tanto que es válido para la generalidad de las situaciones. En el caso venezolano, el orgullo de ser empresario tiene una connotación especial y puede considerarse con sentido de singularidad, dado que en el desarrollo empresarial en el universo de naciones Venezuela es un caso único, por lo menos en lo que respecta a lo acontecido en los 17 años de este siglo XXI. El trabajo empresarial y el orgullo de los empresarios venezolanos han tenido que superarse en el transcurso de esos años ante la adversidad y la serie de obstáculos que han enfrentado los empresarios en razón de políticas gubernamentales de corte totalitario. La situación ha sido y sigue siendo causa razonada y de mucha potencialidad para desencadenar una estampida de las inversiones del sector privado, tanto nacionales como extranjeras; sin embargo, el empresario en Venezuela ha sabido aguantar lo más posible la situación, enfrentando sin dobleces ni entreguismo la inmensa adversidad de esas políticas, incluyendo el caso de la apreciable cantidad de empresas que a fuerza de imposición han debido bajar la santamaría o que han sido expropiadas o confiscadas por el gobierno.

    Esa actitud orgullosa del empresario en Venezuela contrasta con la actuación asumida por inversionistas establecidos en otros países, al optar por la mudanza masiva de sus sedes debido a causas de políticas gubernamentales. Cataluña es el caso más cercano a Venezuela por motivos de tiempo, espacio y afinidad histórica. Según un reporte del Colegio de Registradores Mercantiles, en tan solo 24 días de este octubre (del 2 al 26) un total de 1.681 empresas trasladaron su sede desde Cataluña a otras regiones de España. De lunes a viernes y cada 15 minutos y medio se hizo la mudanza de una empresa y toda esta evasión ocurre a causa del intento de la provincia autónoma de Cataluña para independizarse del Reino de España. La actualidad de este caso permite poner en evidencia la capacidad de aguante del inversionista en Venezuela y por consecuencia su reconocido orgullo.

    El orgullo empresarial es un sentimiento arraigado en lo más profundo del ser humano como empresario, que se genera en la tenacidad y la valentía y sobre todo, en la confianza en Venezuela. Es un orgullo que se manifiesta en forma callada y discreta, sin ningún ápice de vanidad, pero con la mayor dignidad posible. El cuadro del empresario en Venezuela lo pinta muy bien el poeta y escritor Benjamín González Buelta, S.J., citado por Luisa Pernalete en su más reciente artículo, cuando afirma: ”hay una especie de desazón colectivo, el horizonte está en medio de la oscuridad, hasta respirar profundo cuesta por lo pesado del ambiente; sin embargo, en medio de la bruma hay luces, hay gente que no se cansa, que se reinventa; hay pistas de semillas que anticipan que luego crecerá el árbol que dará cobijo a las aves del cielo, y tendrá sus frutos”.

     

  • El líder y el discurso

    El ser humano es gregario por naturaleza. El gregarismo, más que una tendencia para compartir en grupos o asociaciones, es una necesidad inherente al individuo y de esa necesidad deviene otra no menos importante: la interlocución. El liderazgo y el discurso surgen de la interlocución.  ¿Qué sería del religioso, el político, el ecologista o el gremialista sin la posesión de un discurso que le sirva de medio para ganar seguidores? El discurso en estos casos no debe entenderse solo como la lectura solemne de un escrito en acto público, no; el discurso es el mensaje transmitido de manera frecuente y variada que se va conformando a través del tiempo en un conjunto de ideas, opiniones, argumentos y anécdotas expresadas en documentos o en reuniones, asambleas, entrevistas para los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas.

    El liderazgo varía mientras el tiempo transcurre; sube o baja y hasta puede permanecer invariable durante un período determinado. Allí está su relatividad, porque el liderazgo es siempre relativo; nunca es absoluto. La relatividad hace que la consistencia del liderazgo dependa de varios factores, muchos de los cuales devienen del propio desempeño del líder. Uno de los factores que más influyen en la vigencia del liderazgo es precisamente el discurso, el mensaje que el líder transmite con frecuencia hacia su público objetivo. Mientras más renovado y adecuado sea el discurso, mayor será su solidez y proyección, incrementándose así la capacidad del líder para convencer y persuadir a sus seguidores. El discurso puede fortalecer el carisma del líder pero también lo puede empobrecer. Una idea mal concebida, un error conceptual, repetir frases comunes (decir más de lo mismo) y hasta una palabra mal expresada puede causar efectos muy negativos en el público. El discurso es, por consiguiente, el mayor vínculo entre quien actúa como dirigente y quienes creen y confían en su mensaje.

    Hay dos formas clásicas para convencer a las personas: la razón y la fuerza, por eso el discurso es razonamiento, es una cadena de argumentos. Además, por vía del razonamiento se puede evaluar la calidad y efectividad del discurso, porque una disertación con escasez de argumentos y abundancia de frases comunes termina siendo parte de un discurso de baja calidad y por consiguiente, de poca efectividad y, en muchos casos ni siquiera llega a la categoría para conformar un discurso.

    Casi siempre el discurso del líder tiene su correlación con los saberes, el nivel de conocimiento y la madurez de la organización a la cual representa. La correlación pocas veces es equilibrada; tiene sus desbalances. Cuando el discurso del líder está muy por encima del promedio cognitivo de la organización se estaría en presencia de situaciones con poca frecuencia y ocurre también en sentido contrario. En el primer caso el líder sobresale de manera muy notoria ante el colectivo y en el segundo caso el líder mantiene la supremacía, pero su discurso deja mucho que desear. En las dos últimas décadas del siglo XX y en los años que transcurren del XXI hay ejemplos esclarecedores en ambos sentidos en el escenario político en Venezuela. En organizaciones distintas a las políticas también hay ejemplos.

    Ni el liderazgo ni el discurso tienen vigencia de larga duración. En muchos casos son muy efectivos pero son efímeros, debido a la terminación del período previamente establecido para el ejercicio de la dirigencia, dejando así lo que podríamos llamar el “síndrome del discurso” o la nostalgia causada por la pérdida de la tribuna y el alejamiento del público receptor. Es la añoranza de un pasado que difícilmente volverá.

  • Las Cámaras de Comercio (parte 2)

    Tal como indicamos en nuestro artículo anterior, la creación de cámaras de comercio durante los años iniciales fue prolífera, pero no ocurrió lo mismo en los 50 años subsiguientes, debido a la situación política existente en Venezuela. El caudillismo impuesto por Juan Vicente Gómez entre 1908 y 1935 (27 años), la inestabilidad de los gobiernos de turno durante 1941 y 1948, más los 10 años de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, le restaron impulso a la proliferación vista en los años  iniciales, no obstante el comienzo y auge registrado en la economía nacional por efectos de la explotación petrolera. Fue en la época de las cuatro décadas comprendidas entre 1960 y 2000 cuando la creación de cámaras tuvo su mayor expansión. Después de todo, los gremios empresariales son incompatibles con gobiernos autoritarios y de poca democracia.

    El ejemplo que Caracas dio con la creación de la primera cámara en 1893 fue asimilado en casi la totalidad de los estados del país y las que han sido creadas se mantienen enfrentando las dificultades que surgen tanto en el interior como en el exterior de su seno. En Bolívar, por ejemplo, hay no menos de ocho cámaras de comercio, una de ellas (con sede en Ciudad Bolívar) tiene 115 años de haber sido creada. Esa onda expansiva que ha creado y sigue creando la organización básica de los empresarios se explica en virtud de que cada cámara de comercio tiene en su vientre el embrión de nuevos gremios que al tener vida propia van formando un tejido gremial cada vez más intrincado. Las CC actúan como célula matriz; son progenitoras. Además, los gremios que se derivan de su seno repiten el ciclo de procreación, en correspondencia con la diversificación y especialización de las actividades económicas, a tal punto que actualmente hay 13 sectores de la economía afiliados a Fedecámaras y uno de ellos es precisamente Consecomercio con casi 100 cámaras afiliadas a nivel nacional. Debe agregarse también, como producto de esa expansión, tanto en Venezuela como en otros países, la creación y funcionamiento de organizaciones internacionales representativas y defensoras de los intereses de los empresarios. La Cámara de Comercio Internacional (CCI) con sede en París y la Organización Internacional de Empleadores (OIE) de la OIT con asiento en Ginebra son las más representativas.

    La afiliación de empresas a las cámaras de comercio en Venezuela ha sido compartida tanto por empresas de capital criollo como foráneo; no ha habido ni hay discriminación, y el requisito principal consiste en el registro mercantil de la empresa que desea afiliarse. Lo mismo puede decirse con relación al tamaño de las empresas, pero debe destacarse que si bien la creación de las primeras cámaras fue impulsada por las empresas y los empresarios más reconocidos de aquella época, ahora es cada vez más notorio que la promoción de los nuevos gremios la asuma la mayoría de los empresarios y empresas de mediana y pequeña escala. Sin duda, el tejido gremial está ampliamente expandido y fuertemente consolidado, tanto a nivel nacional como internacional. Hoy en día hay en Sudamérica no menos de 8 instituciones que actúan como federaciones nacionales con sede en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Pero quizás el hecho de singular significación lo evidencia la creación de las cámaras binacionales y muy particularmente las que agrupan solo a empresas transnacionales de origen estadounidense, conocidas gremialmente como las AMCHAMS. La de Sao Paulo en Brasil fue fundada en 1919, agrupa a más de 5.000 empresas y está considerada como la más grande de las 104 existentes en el mundo. La de Venezuela –VENAMCHAM- fue fundada en 1975 y actualmente tiene más 1.100 empresas afiliadas.

    Algunos analistas consideran que el funcionamiento de los gremios empresariales se asemeja a la configuración de un poder simbólico o iconográfico, y por añadidura silencioso, tanto a nivel nacional como internacional, en virtud de la capacidad que tienen para ejercer presión social a favor de sus aportes y reclamos. Otros son más contundentes en sus análisis y consideran que se trata pura y simplemente de un verdadero poder. Más allá de la consideración acerca de cuál de las dos afirmaciones sea la realmente verdadera, lo cierto es que solo basta imaginarse un conjunto de empresas multinacionales agrupadas en un gremio para darnos una idea de su capacidad de influencia. Si la Exxon Mobil es poderosa por sí sola, imaginémonos lo que será la unión de otras tantas similares a ella.

  • Las Cámaras de Comercio (1ª PARTE)

    Entre Estado y Mercado hay de manera constante relaciones de antagonismo y armonía. El antagonismo se manifiesta con las medidas coercitivas y de controles que impone el Estado para restringir el desarrollo del Mercado, cuyo funcionamiento está fundamentado en el principio de libertad para el ejercicio de las actividades económicas. La armonía, en cambio, se manifiesta en la aceptación mutua y la coexistencia de ambos en el ámbito social, además de la protección que debe dispensar el Estado para que las personas puedan emprender las actividades de su preferencia y desarrollarlas en ambiente de libertad, auspiciando así el beneficio de todo el colectivo. Se trata de relaciones que tienden a ser infinitas, de nunca acabar, salvo en las sociedades con régimen comunista. En ese contexto funcional de Estado y Mercado está el origen de la Cámara de Comercio como la primera institución gremial creada por empresarios privados con los propósitos manifiestos de favorecer el desarrollo social y defender los intereses de las empresas privadas, sean éstas agremiadas o no. Por definición, las cámaras de comercio son organizaciones gremiales, cuya misión consiste en promover la libre empresa, proteger y defender los legítimos intereses de sus agremiados, ofrecer servicios y asistencia técnica e impulsar la competitividad en línea con el proceso de globalización mundial. Son organizaciones de carácter eminentemente privado, sin fines de lucro, con registro público legal y personería jurídica propia. La afiliación de las empresas es libre y voluntaria, no coercitiva.

    La creación de las cámaras de comercio -y por derivación de todos los gremios empresariales- se inicia en el territorio de la antigua Mesopotamia, hoy ocupado por Siria, Irak e Irán, aunque algunos analistas aseguran que la primera agrupación de comerciantes surgió en Marsella (Francia) en 1599, mientras que la primera en América Latina se ubica en la península de Yucatán (Mérida, México) a finales del siglo XVI. En Venezuela, la primera en crearse fue la Cámara de Comercio de Caracas en 1893. Después se crearon las de Maracaibo, La Guaira, Valencia, Puerto Cabello en 1894, la del estado Bolívar en 1900 y la del estado Lara en 1901. Es de observar que estas primeras asociaciones fueron creadas en ciudades portuarias o muy cercanas a ellas, lo cual pone en evidencia la inserción de la economía del país en el comercio internacional. Es de observación, además, el hecho de que el transcurso del 1894 fue de un avance significativo no tan solo por haberse creado las cuatro cámaras antes indicadas, sino porque ese mismo año se logró la incorporación de la actividad gremial en el Código de Comercio de Venezuela. En la creación de estas cámaras destaca la activa participación de los más reconocidos empresarios de esos tiempos. Vollmer, Zuloaga, Branger, Rivas, Phelps, Velutini, Tamayo, Boulton, Brandt, Gurucega, Blohm, Römer, Dao, Taurel, D´Empare, Belloso, Aular, Auvert, Pérez Dupuy, entre otros, son apellidos de familias de abolengo. El mérito de los promotores de esas primeras cámaras y de los líderes de los años siguientes no se reduce al solo hecho de su creación y encaminamiento, sino, y más que todo, al legado que dejaron como fortaleza para las generaciones de dirigentes sucesoras. La formación de una doctrina gremial y la construcción de sedes propias le dieron y le siguen dando mucha autosostenibilidad al gremio en general.

    En aquellos tiempos la explotación petrolera aún no se había iniciado, pero Venezuela participaba en el comercio internacional con la exportación de productos agrícolas; café y cacao principalmente, y había, en complemento, una marcada vocación y práctica por la importación de productos y servicios. Representar una marca o empresa extranjera en Venezuela fue un reto para muchos de los empresarios fundadores de las primeras cámaras de comercio. El negocio naviero fue entonces un dinamizador y el poder de las transnacionales tomó su impulso inicial en el país.

    La próxima semana continuaremos con el tema.

  • ¿Es sostenible el desarrollo?   

    Desarrollo Sostenible es un concepto de uso muy en boga y cuyo significado aún no está suficientemente asimilado. El uso común asocia al concepto solo con la prevención del medio ambiente; son pocos los que profundizan acerca de la trascendencia y complejidad de su significado y no faltan quienes utilizan el concepto simplemente por su vigencia de modernidad. Por Desarrollo Sostenible puede entenderse que una determinada actividad es capaz de ser mantenida indefinidamente en el tiempo y con un cierto nivel de avance. La definición más aceptada plantea el Desarrollo Sostenible en términos de “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las capacidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”

    Como bien puede observarse el concepto es altamente ambicioso y por demás complejo porque se trata nada menos que asegurar el bienestar colectivo del presente y su proyección hacia el futuro, es decir, preservar las condiciones básicas para el buen vivir sin limitaciones en tiempo y espacio de muchas generaciones. Lo ambicioso y complejo toma mayor notoriedad al observar que cualquier desarrollo requiere atención concentrada y persistente en tres áreas complementarias: la económica, la social y la ecológica. En ese orden, algunos expertos sostienen que lo económico tiene más importancia que lo ambiental, mientras que otros creen lo contrario y hay también la tesis extremista que plantea la restricción del crecimiento económico y particularmente la reducción del consumo en procura de equilibrio entre la evolución de la economía y la conservación del ambiente. Además, en cada una de las tres áreas pueden surgir factores vulnerables que generan desequilibrios y afecten negativamente al desarrollo; de modo que la vulnerabilidad es otro factor que atenta contra la sostenibilidad.

    Lo cierto es que el Desarrollo Sostenible implica asumir un compromiso, indistintamente de la concepción que se tenga respecto al mismo; compromiso que se traduce en actitudes individuales y colectivas de tres niveles ascendentes: 1) la actitud que se asume como deseo, 2) la que corresponde a un propósito y 3) la pertinente a una meta por lograr. Adicionalmente debe agregarse que la sostenibilidad del desarrollo es un concepto altamente relativo porque su efectividad depende sine qua non de la interdependencia de las tres áreas antes indicadas. Hay desarrollo cuando se satisfacen suficientemente las necesidades de la población actual, pero no siempre el desarrollo es creciente porque muchas veces el crecimiento es ascendente hasta un determinado nivel y deviene entonces el quiebre o declive, que en algunos casos se convierten en crisis o caos, en cuyas situaciones no puede garantizarse suficientemente la satisfacción de las necesidades actuales y mucho menos las necesidades de las generaciones futuras, por lo que la sostenibilidad queda, en consecuencia, en entredicho.

    Las consideraciones que anteceden corresponden al plano teórico, faltando entonces las evidencias empíricas para darle sentido realista al planteamiento sobre la complejidad, trascendencia, vulnerabilidad y relatividad del concepto de Desarrollo Sostenible, para lo cual nada más conocido y concreto, lamentablemente, que la situación socioeconómica de Venezuela en las tres últimas décadas. La praxis es aún más contundente cuando dos ejemplos específicos ilustran categóricamente la situación: uno es el caso de Puerto Ordaz, cuyo desarrollo fue concebido como ciudad modelo (la segunda en América Latina) y adelantado en sus inicios durante algunos años y que ahora muestra que no se pudo sostener. Un segundo caso, de mayor impacto y de más reciente data, es el relacionado con el Arco Minero del Orinoco, en cuyo desarrollo se evidencia ostensiblemente la deforestación progresiva, la contaminación de las aguas y la degradación de la biodiversidad, sin que haya una normativa definida para la recuperación de los recursos afectados. ¿Están compensados en este caso los daños ecológicos con los beneficios económicos?

    Lo peor es que en Venezuela lo insostenible no es solo el desarrollo; lo peor es que la vida en si es cada vez menos sostenible.

  • Los méritos de ser empresario

    Ser empresario es tener la capacidad para detectar las oportunidades de negocio que están en el entorno, crear y desarrollar las iniciativas empresariales, generar empleo y producir bienes y servicios que benefician a la comunidad, creando al mismo tiempo riqueza social. Esa capacidad necesaria traduce con toda claridad que el empresario es también un ser creativo. La creatividad entonces es un rasgo esencial del empresario y es también una limitante, puesto que no toda persona tiene la capacidad creativa para emprender actividades económicas. La creatividad en este caso se apoya más en la intuición personal que en la formación académica de la persona, lo cual queda completamente demostrado al observar la cantidad de empresarios exitosos que tienen apenas unos pocos años de escolaridad. Pero la formación académica si bien no es requisito para ser empresario, es muy necesaria para facilitar aún más el margen de éxito, sobre todo en los tiempos actuales en los cuales imperan la sociedad del conocimiento y la competitividad productiva, convertida esta última en condición indispensable para seguir adelante. En todo caso, la función empresarial es siempre competitiva por propia naturaleza.

    Las posibilidades de crear y desarrollar iniciativas empresariales, por lo general, son   inagotables, puesto que el producto o servicio único no existe. Además, el descubrimiento de una oportunidad de negocio difícilmente es aprovechada en su totalidad por una sola o grupo de personas; ese aprovechamiento es casi siempre parcial, por lo que la parte no aprovechada por los emprendedores iniciales es aprovechada por otros emprendedores, propiciando así la producción y consumo de productos y servicios de mucha variedad y con notables diferencias, aunque muchas de estas diferencias son casi sutiles. En ese contexto, hacerse empresario no es fácil. La Real Academia Española lo dice claramente cuando define el concepto como una “acción ardua y dificultosa que valerosamente se comienza”. Por su parte, Ludwig Von Mises, uno de los economistas mejor reconocido en el mundo, ratifica el concepto cuando dijo: “El hombre se hace empresario sabiendo aprovechar oportunidades y llenando vacíos”. Israel Kirzner, distinguido discípulo de Mises y profesor de la Universidad de Nueva York refuerza el concepto afirmando: “El ejercicio empresarial implica una especial perspicacia, es decir, un continuo estar alerta que hace posible al ser humano descubrir y darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor”.

    Pero la creatividad no lo es todo. En la economía capitalista tiene tanto o más valor satisfacer las necesidades de consumidores y usuarios que la creatividad por sí sola. Lo que el empresario produzca tiene que satisfacer las necesidades de los clientes, porque de lo contrario no tendrá éxito y mucho menos ganancia en el negocio. Después de todo, el empresario no trabaja solo para obtener su propio beneficio; el empresario trabaja para beneficio de mucha gente.

    Ponderar los méritos del empresario para darles un orden jerárquico según su importancia, no es nada fácil; lo indiscutible es que la generación de empleo por parte de los empresarios privados tiene un valor extraordinario como contribución para un mejor bienestar social. Allí radica el mayor reconocimiento, más aún cuando el 70 por ciento del empleo en Venezuela lo genera la empresa privada.

    Además, indicar los méritos del empresario luce siempre como tarea incompleta, aun indicando aquellos méritos que son más comunes dentro de un sector o país en particular. En el caso venezolano, ser empresario tiene connotación especial, porque crear y desarrollar iniciativas empresariales en ambiente de controles gubernamentales excesivos, trabas, descalificaciones, amenazas, persecuciones, prisiones, confiscaciones, expropiaciones e inseguridad jurídica es algo más de lo que es una meritocracia normal.