Categoría: Susana Reina

  • Los problemas de las mujeres en el trabajo

    En una conversación con nuestra amiga, Yenni Peña, de Proyecto InfoGénero (@Info_genero), a la salida de un programa de radio, compartimos la percepción de que el tema de la violencia contra la mujer, copa muchos de los espacios de organismos y personas que trabajan por los Derechos feministas, dejando por fuera otros que se dan por “resueltos” o “menos graves”, como por ejemplo, el caso de las mujeres en las empresas, públicas o privadas.

    Sin ánimo de intentar establecer prioridades o descalificar el trabajo que se hace con mujeres en situación de alto riesgo, pensamos que el tema de la inserción y vida laboral de una mujer merece también ser estudiado, discutido, protegido y defendido.

    Existen estadísticas internacionales que reportan la cantidad cada vez más creciente de mujeres incorporadas al mundo laboral, los tipos de oficio a los que se dedican, la cantidad de tiempo que permanecen activas económicamente, cuánto contribuyen al PIB de sus países, etc. Pero lo que nos ocupa en este artículo y que fundamenta en gran medida el trabajo de FeminismoINC, son los datos intangibles, las dificultades y vivencias que muchas mujeres sufren para poder mantenerse y triunfar en el medio laboral.

    De acuerdo a nuestra experiencia, estos son algunos:

    • Acoso laboral/sexual por parte de jefes
    • Descrédito a sus aportes o juicios de descalificación por ser mujer (“mujer tenía que ser…”)
    • Robo de ideas por parte de un jefe que no le da crédito público
    • Asignación de roles de apoyo, bajo perfil o segundo plano
    • Asignarle automáticamente labores de secretaría, arreglos logísticos u orden y minuteo de reuniones porque “las mujeres son más organizadas que nosotros”, o sea, que lleven ellas esa carga.
    • Escasa promoción a puestos de dirección
    • Crítica a las emociones y forma de expresarlas. Achacar al período menstrual cualquier indicio de mal humor
    • Ser blanco de chistes misóginos y tener que reírlos y celebrarlos
    • Reacción negativa ante la noticia de un embarazo
    • Preferencia de contratación o promoción y ascenso de un hombre por temor a la maternidad. Dar por sentado que la responsabilidad de hijos y hogar es de la mujer trabajadora y no de los hombres cuando van a ser contratados.
    • Exigencias de dominio y experticia en una materia con mayor énfasis que lo que se le exige a un hombre (a los hombres se les contrata por potencial, a las mujeres por la experiencia).
    • No ser incorporadas en los paneles de expertos en las reuniones internas o en representación de la empresa en eventos externos. Confiar siempre más en un hombre para estas actividades.
    • Irrespeto al horario de trabajo, exigiendo asistir a reuniones después de las horas laborales, sin tomar en cuenta que esa mujer sale a su segundo trabajo en el hogar
    • Prohibición de tomar horario flexible
    • Exigencias para lucir un cuerpo y apariencia estéticamente aprobado por  los hombres, sopena de ser blanco de burlas y críticas vejatorias (gorda, fea, vieja…)
    • Menor remuneración por el mismo trabajo que los hombres
    • Falta de sensibilidad a sus problemas y presiones familiares, siendo que la mujer es la cuidadora oficial de la familia, bien sea de los hijos, padres, hermanos, enfermos, etc.
    • Poner como condición que la mujer beba alcohol o asista a fiestas o viaje fuera de la ciudad como parte del trabajo, y dejarla por fuera si se niega o demuestra que no le es posible.
    • Amenazas veladas para que haga cosas con las que no está de acuerdo

    Reglas de competencia interna por el poder que se adaptan más al estilo de los hombres. Las empresas están hechas por hombres, con reglas masculinas, al punto de que muchas mujeres que actualmente ocupan posiciones de alta gerencia, incurren en estas mismas prácticas con sus pares femeninos de menor nivel. Se masculinizan en el ejercicio del poder como una forma de garantizarse un puesto que de otra forma no hubiesen conseguido.

    Por ello creemos que las empresas deben incorporar perspectiva de género en sus políticas, normas y prácticas de trabajo, buscando tener un equipo gerencial y una población laboral diversa, donde se respete la opinión de todos y se logre generar un clima de equidad tanto para mujeres como para hombres.

    Las empresas deben procurar la defensa de los derechos de sus mujeres vía formación, sensibilización y evaluación de desempeño, para que esas mujeres tengan un espacio donde puedan poner todos sus talentos a funcionar con libertad.  Y al mismo tiempo, a quienes trabajan por el feminismo, entender que la mujer trabajadora también necesita ser atendida, poniendo sobre la mesa la discusión sobre su situación, porque al igual que muchas, vive una situación de violencia organizacional y un machismo empresarial que la debilita y maltrata.

     

  • Declaración de la Alianza venezolana empresarial por el liderazgo de las mujeres (AVEM) en el día internacional de la mujer trabajadora

    El 8 de marzo es el día formalizado desde 1975 por la Organización de las Naciones Unidas para promover en todos los habitantes de este planeta conciencia sobre la desigualdad de género. Este día es un llamado histórico a reconocer y conmemorar los esfuerzos y los logros de muchas mujeres que, en condiciones más difíciles que las de hoy, se arriesgaron y lucharon para superar muchas injusticias por el simple hecho de ser mujeres, accediendo con dificultad al mercado laboral, con salarios más bajos y trabajos más precarios que sus similares masculinos y, además, con oportunidades muy limitadas de participación política.

    También es un día para invitar a la reflexión y la actitud proactiva de todos para avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS No. 5, que tiene como uno de sus ejes fundamentales la promoción de la igualdad entre hombres y mujeres, siendo que la mitad de la humanidad está formada por mujeres y niñas.

    Las sociedades más prósperas y con mejor calidad de vida, son aquellas que normalizan el acceso de las mujeres a todos los espacios y niveles de gestión pública y privada, favorecen la justa distribución por género de las tareas dentro y fuera del hogar, promueven la participación equitativa del liderazgo femenino en los espacios de máxima dirección, y estimulan todas las prácticas y disciplinas deportivas, científicas, tecnológicas y académicas para niños y niñas de manera equitativa. Son sociedades que cuestionan los roles tradicionalmente asignados a las mujeres, que las circunscriben al hogar, con escasa incidencia en lo público, a labores de baja productividad y las mantienen ajenas al desenvolvimiento político y técnico científico.

    Estadísticas internacionales demuestran que compañías con un mayor equilibrio entre mujeres y hombres, tienen mayores beneficios económicos. Sin embargo, la equidad de género, hoy por hoy, sigue siendo un reto pendiente en el ámbito empresarial venezolano, donde la presencia de mujeres en las máximas posiciones de decisión se mantiene en un porcentaje que no pasa de un dígito.

    Es por ello que en AVEM queremos reforzar nuestro compromiso permanente con un desenvolvimiento empresarial privado más consciente de las oportunidades vinculadas al enfoque de género en nuestras decisiones, de modo que hoy, en el Día Internacional de la Mujer, exhortamos a las Empresas en nuestro país a:

    • Facilitar opciones de accesibilidad y oportunidades laborales a más mujeres en nuestras corporaciones.
    • Considerar sistemáticamente más y mejores oportunidades de gerencia y alta dirección a las profesionales en el entorno de nuestras corporaciones.
    • Revisar constantemente los protocolos de relación horizontal y vertical con nuestros colaboradores, aliados comerciales, proveedores, clientes y otros actores de las cadenas de valor en las que nos involucramos, con miras a mejorar la participación de las mujeres y así promover interacciones más fluidas, transparentes y equitativas.
    • Brindar infraestructura de apoyo a las madres trabajadoras para reducir la posibilidad de abandono del trabajo a causa de la maternidad
    • Identificar y cerrar las brechas salariales por género que segregan y discriminan el esfuerzo que hacen las mujeres con su trabajo
    • Evaluar políticas de conciliación laboral y familiar para instar a que la distribución de la carga doméstica sea distribuida en igualdad entre mujeres y hombres.
    • Crear políticas de responsabilidad social corporativa para abrir espacios a propuestas que consideren transversalmente la promoción de la igualdad de género.
    • Compartir, con creatividad e innovación, experiencias y lecciones aprendidas con otras empresas y actores que se suman al llamado a la acción por la equidad de género en el ambiente laboral, como motor crucial para que los países alcancen los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030.

    Todos podemos hacer algo por mejorar el desempeño productivo de Venezuela gracias a la participación más efectiva, enfocada y sistemática de mujeres y hombres en igualdad de condiciones. Ello abrirá múltiples oportunidades de mercado en nuestro país y en el exterior. Pero no es solo un asunto de productividad y nuevos negocios. También creemos que este esfuerzo mejorará la calidad de vida de nuestras familias, promoverá un reparto más equitativo de las responsabilidades en el hogar generando una transformación educativa en niños y niñas gracias a nuestro ejemplo, mejorarán las oportunidades de interacción y cooperación en nuestras comunidades, y se reducirán sensiblemente los hechos de violencia de género, abriéndose así espacios de adaptación cultural a nuevos modelos de relación ciudadana en un clima más saludable.

    Asimismo, exhortamos a las instancias de Gobierno Nacional, para que destinen recursos importantes para diseñar y ejecutar proyectos y programas en los ámbitos educativo, sanitario, económico, político y social, conducentes a fortalecer el rol de las mujeres en el trabajo en el sector formal, para revertir con más contundencia, los negativos indicadores de desempleo y precariedad laboral que hoy tenemos en el sector femenino venezolano.

    Desde AVEM animamos a todas las personas y organizaciones a aliarnos para asumir este compromiso, y construir un país y un planeta mejores, sobre la base de más y mejores oportunidades para nuestras mujeres venezolanas.

  • Por un liderazgo más inclusivo rompamos estereotipos de género

    Usualmente en mis talleres de liderazgo planteo una dinámica que consiste en invitar a los participantes a pensar en un líder hombre y en una líder mujer. De cualquier ámbito, vivo o muerto, privado o público, de cualquier edad, religión o raza. Acto seguido les pido que enumeren las razones por las cuales esa persona seleccionada es para ellos un líder, sus cualidades y atributos más resaltantes.

    No exagero si les cuento que he hecho esta actividad unas 30 veces con distintos grupos, en por lo menos cuatro países en el Caribe. Y siempre se repite el mismo patrón: los rasgos asociados al liderazgo masculino difieren sistemáticamente de los rasgos asociados al liderazgo femenino.

    Al hombre se le atribuyen adjetivos tales como: fuerte, autoritario, inteligente, orientado a resultados, competitivo, negociador, dominante, racional, ambicioso. A la mujer se le ve: emocional, apoyadora, esforzada, tenaz, constante, buena escucha, sentimental, afectuosa…

    Otros estudios con otras culturas anglosajonas parecen confirmar lo mismo: “women “take care”, while men “take charge”. (Las mujeres cuidan a otros, mientras que los hombres se hacen cargo de la situación).

    Estos estereotipos, como toda simplificación perceptual, provienen de patrones culturales y educativos que nos hacen encasillar el rol de hombres y mujeres en conductas esperadas socialmente. Y al mismo tiempo impiden que cruzar la línea ea aprobado o alentado, antes bien, son penalizados. Así, una mujer racional, dura, ambiciosa, puede ser juzgada como masculina y un hombre dedicado a cultivar relaciones con otros con orientación emocional, puede ser percibido como femenino, con el consecuente aislamiento social.

    Un dato interesante, es que las mismas mujeres, participantes de estos talleres de empoderamiento femenino, son las que sostienen este modelo mental de ver a los hombres como mucho más inteligentes, capaces y potentes que ellas, que ya están sensibilizadas por el tema. Cuando ven los resultados de la dinámica son las primeras en sorprenderse. Y es que así operan los paradigmas, inconscientemente. El problema es que desde allí actuamos.

    Así ha sido por muchos años, pero me atrevo a decir que esto está cambiando. Paulatinamente, pero va cambiando. Gracias al desarrollo de novedosas

    tendencias en el abordaje del ser humano como el Coaching o la Psicología Positiva, las nuevas generaciones están aprendiendo a “enjuiciar sus propios

    juicios” acerca de las personas, a romper moldes de lo que está bien o no hacer de acuerdo al género, y a ver a nuestros líderes con otros ojos, entendiendo que las conductas involucradas en alcanzar objetivos y ser competitivos pueden lograrse de mejor manera si integramos distintos puntos de vista.

    Un hombre puede aprender a desarrollar inteligencia emocional y expresar sus emociones, al mismo tiempo que una mujer puede aprender a manejar cifras y datos duros de los negocios. Un hombre puede dar rienda suelta a su capacidad para proteger y alentar a los miembros de su equipo, y las mujeres a cerrar negocios demostrando firmeza y autoridad. Todo se puede aprender.

    Mujeres y Hombres nos necesitamos, cada uno con nuestros estilos de liderazgo particulares, pero integrando ambas visiones, de forma que nos permitan lograr el desarrollo de las organizaciones donde nos desempeñamos.

     

  • Mujeres y liderazgo empresarial

    Tuvimos la oportunidad de conversar sobre el rol de la mujer en la economía, con unas 20 mujeres de empresas de Maracaibo, gracias a la apertura de la Cámara de Comercio de Maracaibo, en la persona de quien fuera su presidenta, Amaya Briner.

    ¿Por qué es importante que cada vez más mujeres se involucren en las posiciones de poder de las empresas? Estas son algunas de las razones que compartimos:

    • Compañías con presencia de mujeres en las Juntas obtienen un 36% de ROI, según MSCI World Index (1650 compañías)
    • Fuerte Liderazgo femenino trae beneficios monetarios. Por lo menos 3 mujeres en la Junta o una Mujer CEO y otra en la Junta directiva
    • Investigaciones de la Psicología Social muestra que equipos con mayor diversidad de género toman mejores decisiones y son más innovadores
    • Compañías con más mujeres directoras están menos expuestas a escándalos de corrupción.
    • Sólo 2% de las empresas tienen estrategias para capacitar a mujeres y que éstas alcancen puestos de mayor liderazgo
    • De entre las mujeres millennials, 30% afirma que nadie se hace responsable de apoyarlas en su trayectoria hacia puestos de mayor autoridad. Los hombres de su generación entrevistados no opinaron al respecto, pero expresaron que esa tarea le toca “a todos”, especialmente a Recursos Humanos.
    • Tal visión demuestra una cultura masculina arraigada sin importar la edad; romper con ese sesgo inconsciente y con los estereotipos “no es fácil”, pero ellas necesitan hacerlo sin desertar en el camino.

    Ya en consejos otro post dábamos consejos a los empleadores y responsables de los departamentos de RRHH para que aseguraran mayor equidad e igualdad en los espacios de trabajo. Aquí hay algunos adicionales:

    • Contrata empleados que valoren a las personas (sin hacer distinción de género).
    • Promueve la cultura de cambio e inclusión. Los programas por sí solos no funcionan.
    • Directores (as), ¡sean explícitos! Si dicen que sí a más talento femenino digan ¿cuándo y dónde?
    • Inclusión responsable: hay que establecer objetivos medibles y alcanzables respecto a atraer y capacitar más mujeres. Donde no hay métrica no se avanza.

    Las participantes del taller identificaron, asimismo, los problemas que ellas como mujeres confrontan en sus lugares de trabajo:

    • Uso del tiempo: ¡no alcanza!
    • Manejo de las emociones: nos critican por ser muy “emocionales”
    • Conciliación familia y trabajo
    • Sesgos y estereotipos acerca de la superioridad del liderazgo masculino
    • Falta de modelos líderes femeninas
    • Discriminación para la contratación de mujeres por aplicarles filtros que no le aplican a los hombres
    • Hombres que se roban el crédito por tu trabajo
    • Cánones de belleza o apariencia que generan presión y estrés.
    • Ley Orgánica del Trabajo de Venezuela que no ayuda a seleccionar mujeres por lo extenso de la licencia pre y postnatal

    Todos estos obstáculos conforman mecanismos institucionalizados de exclusión, conocidos como el Techo de Cristal, el Suelo Pegajoso, o la Escalera Resbaladiza. Están allí como parte de la cultura que nadie cuestiona y que explica por qué tan pocas mujeres llegan a posiciones de dirección, como se observa en este gráfico de Onu Mujeres:

    En Venezuela, los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señalan una dramática disminución en la cantidad de mujeres trabajadoras que disfrutan de la seguridad social, que desde 1995 perdió 20 puntos de cobertura hasta 2010.  Las mediciones sobre la informalidad (Isabel Pereira, CEDICE) revelan la primacía de las mujeres y su incremento en los últimos años. La tasa de desempleo de las mujeres es de un 9,2 %, mayor que la de los hombres.  Hay una significativa brecha salarial, que llega a oscilar entre el 14.2 y el cerca de 40%, en diversas actividades y regiones. Más de la mitad de las empresas venezolanas nunca han tenido una mujer en su Directiva. Se registra caída de la tasa de empleo de las mujeres con hijos pequeños a cargo.

    Pero este panorama, lejos de desestimularnos, nos lleva a la determinación de Empoderarnos para lograr cambiar las cifras. Empoderamiento que se basa en tres pilares: el trabajo como fuente de aprendizaje, los estudios como base para el conocimiento y el ejercicio del liderazgo en todos los espacios donde podamos participar.

    Con estas compañeras marabinas el compromiso es real. Ya comenzamos a quitar vendas, a generar conciencia, a difundir el mensaje feminista que busca igualdad de oportunidades y generación de espacios laborales más equitativos y justos para todos, hombres y mujeres.

    ¡Gracias chicas maravillosas por su tiempo y determinación empoderadora!

  • Maternidad y desarrollo

    Esta semana hablé un buen rato con decenas de chicas que actúan como supervisoras en la empresa para la cual trabajamos. Forman parte de un programa de formación gerencial orientado a mujeres que he diseñado e impulsado desde hace algún tiempo, para potenciar su impacto en el desempeño de la organización y, en la medida de lo posible, también para facilitar su desarrollo profesional con oportunidades similares a las de sus pares varones.

    Uno de los temas que conversé con ellas fue el de la maternidad. Quizá para algunas fui un poco dura con las cosas que dije, pero tengo como expectativa que ese mensaje contribuya, al menos en algunas, a reenfocar el asunto de la maternidad en sus vidas y a facilitar las interacciones de comunicación y planificación con su grupo familiar — con su pareja y también con padres, hermanos y relacionados para anticipar los apoyos que le permitan sostener su proyección de carrera.

    Muy poco tiempo luego de graduarme de psicóloga, se me presentó la oportunidad de involucrarme en un proyecto fuera de la ciudad en la que nací y en la que aún vivía con mis padres y hermanos. Asumí el reto de llegar a una ciudad que no conocía, a 700 km de mi casa y, casi sin darme cuenta, inicié allí una nueva vida. Tuve mucho apoyo de mi madre y mi padre desde la distancia, pero sin ese soporte directo que hace de las familias en Venezuela una suerte de “sistema matriarcal de crianza en tres generaciones”. También sin los sitios que me servían de referencia y sin mis principales relacionados.

    Poco tiempo después me casé y tuve mi primera hija. Tenía 26 años y, para ese entonces, trabajaba en la misma comunidad terapéutica que provocó este viaje, en la que atendíamos adultos con graves problemas de consumo de drogas. El trabajo era muy interesante y motivador para mí, pero también muy exigente en dedicación y responsabilidades.

    Mi jefe, uno de los profesionales que más he admirado y aún admiro, no recibió con beneplácito la noticia de mi embarazo y cuestionó que yo hubiese tomado esa decisión en medio de todos los retos de gestión que enfrentábamos en aquel momento. Yo misma viví una gran variedad de sensaciones, más allá del vaivén hormonal de los embarazos y sufrí confusiones y dudas con respecto a mi futuro profesional.

    Nunca me planteé como objetivo de vida ser madre. No me molestaba la idea y, tanto en aquel entonces como ahora, pienso que tener a mis dos hijos fue y es, probablemente, una de las fuentes de satisfacción y realización más importantes en mi vida. Pero nunca creí que ser madre tenía que suponer una renuncia a mis intereses y proyectos. Lo veía más bien como un proceso fluido, en el que las necesidades de esas personas que crecían en torno a mí, debían encontrarme siempre presta y solidaria para darles soporte, para ofrecerles cuidado y amor. Pero también un proceso en el que los límites entre ellos y yo, como seres autónomos y destinados a ser independientes, debían ser establecidos también con naturalidad.

    Mi matrimonio naufragó poco tiempo después de nacer mi segundo hijo y eso complicó aún más todo en cuanto a responsabilidades y tiempo, pero jamás dudé que mi espacio y mi agenda debían priorizar adecuadamente las cosas para ofrecerle a mis hijos tiempo de calidad y no ceder ante los estereotipos de madre permanentemente presente en las cotidianidades de sus crías.

    Hoy observo los rostros de las chicas que trabajan en mi organización y veo los temores y dudas típicos de su edad y los retos personales, familiares y comunitarios que enfrentan, pero también observo, al menos en muchas de ellas, la naturalidad con la que asumen que la maternidad tan deseada, es al mismo tiempo una forma de “renuncia” más o menos obvia, más o menos voluntaria, a los retos de su carrera profesional.

    Esto lo observo en dos o tres situaciones que distorsionan, desde mi punto de vista, el hecho social de la maternidad en el ámbito corporativo, más allá de la carga de discriminación que ya puede estar presente en las prácticas sociales de la dirección y gerencia en las organizaciones. Me refiero a distorsiones derivadas de la misma mujer en su desarrollo de carrera, especialmente las jóvenes en proceso de profesionalización que, en el caso de supervisores y gerentes, suelen ser todas:

     –

    Salir embarazada tiene pocas diferencias con respecto a planificar el embarazo en términos de carrera. Impondrá inevitablemente límites a mi crecimiento competitivo –por ejemplo con respecto a compañeros varones- porque al salir embarazada NO puedo hacer las mismas cosas, NI TAMPOCO cuando tenga a mis bebés muy pequeños. Es inevitable. No voy a poder competir con las facilidades y libertades de las que dispone un hombre.

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    Salir embarazada es bueno, no solo por razones naturales y familiares obvias. Es bueno también porque te permite estar en tu casa, sin tener que trabajar, dedicada a lo mejor que puede hacer una mujer, criar una familia.

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    Salir embarazada te separa de tu trabajo y luego volverás y seguirás trabajando y sufriendo,  intentando abrir espacios para poder estar con tus hijos.

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    Puede haber otras, pero estas tres distorsiones las observo como parte de la normalidad en el planteamiento de carrera de chicas bien formadas en términos académicos, con capacidades y destrezas similares o mejores a las de sus pares varones que, por otro lado, parecieran máquinas bien aceitadas para abordar cualquier reto sin grandes limitaciones derivadas de la paternidad.

    Concebir un embarazo como parte de un proceso que acompaña nuestro crecimiento personal y profesional y no como una condena para unas y ajeno para otros, es parte de las cosas que debemos contribuir a cambiar entre todos, desde el espacio de pareja, el familiar, el comunitario, el laboral, el empresarial, el de país. Es parte de lo que nos motiva a ayudar desde FEMINISMO INC.

  • Hay que mirar siempre a la economía para ver qué está pasando con las mujeres

    «Las feministas no le decimos a la gente como tiene que vivir su vida».

    Juliet Mitchell

    Contrario a lo que muchos piensan, no estamos en contra de las amas de casa ni de quienes se dedican a los quehaceres domésticos, pero sí lo estamos en contra de la desigual distribución de esa carga sobre nosotras las mujeres, con la única sustentación de que somos eso, mujeres. Y como que nos toca pues. Es un trabajo ingrato, duro, no reconocido ni remunerado, que nos roba uno de los recursos más importantes de la vida: tiempo.

    Cuando yo no puedo decidir qué hacer con mi tiempo, no tengo control sobre mi vida. Cada minuto que se va en fregar pisos o cambiar pañales o pasear a la abuelita porque no hay más nadie que lo haga, es un minuto de vida que pude haber invertido en cualquier otra cosa que me acercara más a mi meta propia, mi sueño mío o mi ideal de vida para mí, cualquiera que este sea. Si hay una palabra clave en el feminismo esa es Elección. Libertad para elegir.

    Siempre habrá una mujer que diga: “pero es que mi sueño es ese, cuidar de mis hijos y mi marido, yo elegí ese camino y soy feliz”. Para mí esa ilusión de elección es un producto de la crianza de la que somos objeto. El patriarcado, tan poderoso y habilidoso, nos vende de mil maneras la idea de que hay algo místico, romántico y grandioso en eso de dedicarse a la tarea del hogar y los cuidados. Y que pensar en la posibilidad de tener una vida propia es egoísmo. Eso solo lo hacen las malas de las telenovelas que justamente por eso, terminan locas, solas o en la cárcel.

    Cuando escucho a una mujer decir que esta dedicación tiene “otras recompensas”, pienso en lo lejos que estamos de la verdadera igualdad.

    Es una creencia machacada hasta el cansancio por la publicidad, la religión, la educación sexista y un modelo económico patriarcal que distribuye el trabajo a partes desiguales, reservando para ellos los que son bien remunerados, retantes, poderosos. Y para ellas, los peor o simplemente no remunerados, los que involucran cuidar a otros y estar en segundo plano, basados en lo que se supone debe hacer un hombre como sexo fuerte y lo que debe hacer una mujer como sexo débil (sí, aun sale así en el Diccionario de la Real Academia). Pero todo esto disfrazado y vendido bajo el manto sagrado de la “natural” devoción que una mujer/madre “debería” sentir por los otros. La que se rebela contra esto o no siente una epifanía mientras baja fiebres o cocina una sopa es una bicha. La que no se apunta a la lactancia exclusiva o está 24-7 cuidando con devoción a sus hijos es una abandonadora y la persiguen grandes cargos de conciencia. La penalización es doble, tanto si te quedas como si te sales.

    Producto de la culpa que esto genera, las más pudientes contratan los servicios de otras mujeres (mal pagadas, sin seguridad social) para poder mantenerse en la carrera gerencial, surfeando el mar de miradas desaprobatorias de muchos hombres y de otras mujeres cercanas. Pero las que no pueden sostener esta infraestructura de apoyo les toca doble y triple jornada, aunque sus parejas las “ayuden”.

    Todas las encuestas recientes que miden el uso del tiempo, en todos los países, arrojan diferencias significativas de empleo de horas para trabajos domésticos por parte de las mujeres por encima del tiempo que le dedican los hombres. Lo peor es que la realidad aquí revelada no parece ser diferente en las nuevas generaciones. Y además no parece producto de una elección consciente distribuida al azar entre dos porciones idénticas en número de la población; no veo a hombres teniendo que decidir entre ambas opciones: ¿casa o trabajo? Es un cuestionamiento reservado para las mujeres.  Yo pregunto, ¿si es tan maravilloso limpiar y cuidar por qué no se dedican ellos en igual proporción de tiempo que las mujeres? ¿por qué a un hombre no le está permitido ser amo de casa o dedicarse a los “quehaceres” del hogar exclusivamente mientras su pareja trabaja sin ser blanco de críticas?

    Este no es un tema menor. Las economías dependen de los cuidados de niños, ancianos, y trabajadores para que pueda haber productividad, salud y felicidad. Pero ya basta de que esa vital responsabilidad recaiga solo en las mujeres y que además las tareas domésticas no se consideren trabajo, sin que sean recompensadas de ninguna forma. Los Gobiernos tienen que tomar cartas en el asunto creando mecanismos para remunerar estas labores, y nosotros los ciudadanos exigir la creación de guarderías y geriátricos subsidiados por el Estado, pero también la promoción de una curricula escolar no sexista, así como escuelas para padres y madres que enseñen desde la más tierna infancia que la labor doméstica nos toca a todos. Y que cada mujer decida cómo quiere vivir su vida y emplear su tiempo, pero eso sí, conscientes y alertas a las manipulaciones de género.

  • El precipicio de cristal

    La metáfora, ese recurso lingüístico que consiste en hablar de una cosa y compararla con otra, es útil porque nos ayuda a explicar, entender y hacer evidentes fenómenos sociales complejos, al proporcionarnos una imagen o representación lo bastante gráfica como para tomar acción en torno a ellos.

    En la lucha por la igualdad y la defensa de los derechos de las mujeres se han empleado diversas metáforas para señalar inequidades, muy especialmente en el ámbito laboral: techo o laberinto de cristal, anillo o zapatillas de diamante, fuga de tuberías, suelo pegajoso, ghetto de terciopelo, muro maternal, muro de palabras, y una muy particular, la más engañosa de todas, el precipicio de cristal.

    Esta metáfora se refiere a la preferencia por mujeres para ejercer el liderazgo en situaciones de crisis. Se ha evidenciado en no pocos estudios, que cuando las circunstancias económicas aprietan, las mujeres salen a la calle incrementándose su participación laboral. En cuanto se alcanza crecimiento o estabilidad y se comienzan a vivir circunstancias más holgadas, esta participación disminuye. Lo mostró en un reciente evento la feminista venezolana Esther Pineda a través de un estudio sobre desigualdad tributaria de género, bajo los auspicios de la Fundación Friedrich Ebert, con data del Instituto Nacional de Estadística.

    En un análisis sobre los nombramientos de miembros de los consejos directivos de cien empresas de la Financial Times Stock Exchange (FTSE) se demostró que, en un periodo de recesión económica, las empresas que ascendieron a una mujer para formar parte de su consejo directivo habían experimentado en los meses precedentes al nombramiento un patrón de rendimiento en bolsa considerablemente más pobre que aquellas empresas que habían designado a un hombre. Esto les llevó a acuñar la consigna: “piensa en liderazgo, piensa en masculino; piensa en crisis, piensa en femenino”.

    Bajo el estereotipo sexista de que las mujeres en las organizaciones son proclives a ganarse a la gente, más colaboradoras, organizadas, esforzadas, responsables, comprometidas, empáticas y abnegadas, se piensa que ellas son mejores que los hombres en momentos de extrema urgencia. Una head hunter nos decía que en estos últimos meses estaba recibiendo muchas solicitudes para cargos gerenciales en empresas venezolanas, especificando que fuese una mujer, justamente por esas razones: “ellas son mejores en las crisis”.

    El engaño está en que tal designación u oportunidad para ejercer el poder pareciera ser el reconocimiento genuino a las capacidades de las mujeres para vencer toda suerte de obstáculos, así como la reivindicación de su justo derecho a ser tomadas en cuenta para ejercer posiciones de liderazgo. Pero esto no es más que la perpetuación del esquema del relegamiento de las mujeres a puestos precarios. En este caso es un puesto de liderazgo, sí. Pero un puesto que conlleva un riesgo enorme de fracaso por la emergencia de una crisis sin precedentes. Es casi como que “si ya no hay nada que perder, pongan a una mujer al frente”.

    Un muy probable fracaso corroboraría la convicción de muchos de que las mujeres no están hechas para dirigir. De allí la metáfora “precipicio de cristal”: no se ve el peligro porque ya se ha llegado a la cima.

    Los hombres, más orientados al éxito, educados para triunfar y ser poderosos, se autoexcluyen de posiciones en situaciones como esas.

    Huelen el peligro y dan puerta abierta para que otro, aunque sea una mujer, se encargue. Repentinamente pierden el interés. Se entiende, porque son posiciones donde se puede recibir mucha presión, descalificación y juicios severos por parte de un colectivo ya sensible.

    La solución a esta trampa no es fácil, porque estando nosotras tan ávidas de cualquier espacio para dirigir, aun cuando fuese en las circunstancias más penosas, sería una pena no tomarlo. Si la divina providencia nos pone en ese camino, mi consejo es, vamos por él.

    Inclusive si con esto damos pie para confirmar una visión sexista del liderazgo femenino, y asumiendo el riesgo de que todo salga mal, bien vale la pena aprovechar y copar todos los espacios. Confiemos en nuestras capacidades para salir airosas de la prueba y luchemos también por los puestos que les gustan a ellos, los más prometedores; pero más importante aún, pidamos a nuestros pares masculinos que nos acompañemos juntos en la tarea del liderazgo, tanto en las buenas como en las malas.

  • Liderazgo femenino para sostener y mejorar nuestras organizaciones en tiempos turbulentos

    La situación en las empresas venezolanas es bastante difícil. La inflación, la escasez y la dinámica de controles discrecionales y punitivos desde más de un centenar de organizaciones del Estado han venido poniendo en jaque los procesos productivos, comprometiendo cada vez más la industria y también afectando gravemente la capacidad de sostener la oferta y la calidad en las empresas de servicios.

    Además las empresas deben lidiar con una situación cada vez más complicada entre sus trabajadores. No todas las empresas reaccionan del mismo modo a los problemas de su gente. Algunas, las más avanzadas, competitivas y modernas, hace años que consideran dedicar importantes esfuerzos y recursos a las condiciones de vida de sus trabajadores más allá del espacio laboral. En ocasiones, planteándose políticas internas que compensen déficits evidentes de funciones del Estado, como servicios educativos, servicios médicos, transporte público, mejoras a vivienda, fondos de ahorro y de jubilación, crédito comercial, entre otras áreas ajenas a la típica compensación al trabajo efectivamente realizado.

    Otras empresas no alcanzan este nivel, por diversas razones, sus propias limitaciones para sobrevivir y prosperar en las actuales condiciones, visiones cortoplacistas en el empresariado o simplemente porque consideran difícil activar estas respuestas dado el tamaño del negocio, piensan que es poco lo que pueden hacer para mejorar la situación de sus trabajadores más allá del salario.

    ¿Qué tiene esto que ver con feminismo INC? Mucho. Ciertamente, este círculo vicioso puede generarse por razones y explicaciones ajenas a los roles específicos de mujeres y hombres en el trabajo. Pero, en cualquier caso, la situación pareciera proclive a rescatar algunas consideraciones en las que el enfoque de género puede contribuir a mejorar el clima organizacional y, con éste, el desempeño productivo.

    Las mujeres están más involucradas con los problemas típicos del hogar y, por ello, pueden involucrarse más fácilmente con las alternativas de cooperación que, desde la empresa, puedan suponer alguna forma de paliativo o, incluso, de solución innovadora a los problemas de la gente.

    Las mujeres, no solo las de las unidades de capital humano, especialmente las mujeres que cumplen roles de supervisores y gerentes, suelen tener mayor capacidad para escuchar, conversar e interactuar con la gente, aportándole a la empresa uno de los elementos fundamentales de procesamiento para facilitar a las personas o familias salir de una crisis: ser escuchado.

    Las mujeres están más habituadas y mejor entrenadas para cumplir simultáneamente varias tareas, por lo que resultan más hábiles a la hora de complementar los roles que están fallando en una dinámica organizacional en la que se incrementa el ausentismo.

    Las mujeres, más acostumbradas al rol activo de jefes de hogar, tienen mejor disposición a tratar los problemas familiares para darles su justo lugar, es decir, que no dejen de ser abordados como algo importante, pero que tampoco sustituyan la dinámica y responsabilidades involucradas con las tareas asumidas en la empresa.

    Este rol de jefes de hogar también suele propiciar un análisis más propicio para la economía doméstica, en la que las prioridades han sido varias veces contrastadas y responden mucho más a las necesidades del grupo. Aunque la mujer también puede “evadir” las necesidades del hogar a través de gastos superfluos, incluso abiertamente nocivos para la calidad de vida en el hogar –por ejemplo consumo regular de alcohol o juegos de azar – lo cierto es que, en promedio, la mujer suele ser mejor administradora de los recursos en el hogar y ello puede ser aprovechado en el ámbito organizacional también.

    Las mujeres, aun pudiendo ser igual o más competitivas con sus pares que los hombres, lo cierto es que también tienen mayor capacidad para la cooperación, para crear y desarrollar conversaciones que identifiquen fuentes de interacción para abordar un problema en términos de conjunto, como equipo. Los hombres suelen estar más pendientes de su propio rendimiento en el marco de los problemas que abordan y, en ocasiones, esto les limita, aunque sea temporalmente, para encontrar soluciones que involucren a más gente, incluso más allá de su propio equipo.

    Las mujeres suelen tolerar más hábilmente el estrés (no es que no lo sufran, lo manejan mejor, entre otras cosas, porque están mejor dispuestas a conversar) y ello genera, automáticamente, un clima laboral menos cargado de ansiedad o depresión y, por ende, menos propenso a la somatización de las situaciones personales y su traslación al plano laboral, con el incremento inherente de violencia, pasividad, falta de enfoque, entre otros males organizacionales derivados directamente del desempeño emocional individual.

    Por lo tanto, amigo/a empresario/a, amigo líder y gerente, si quieres mejorar tu desempeño productivo y facilitar dinámicas organizacionales que hagan sentir a la gente de tu empresa mejor integrada con los retos de gestión, que hagan incluso sentir que el espacio laboral es una vía de escape a otros problemas más graves para el trabajador y su familia, considera involucrar cada vez más a las mujeres en las dinámicas que conduzcan a las decisiones clave en todas las áreas de la empresa y, sin dudarlo, plantéate mejorar la composición de género en favor de la mujer para los espacios de supervisión, gerencia y dirección.

     

  • Nace AVEM: alianza de empresas venezolanas por el liderazgo de las mujeres

    Numerosas investigaciones han encontrado que empresas con mujeres en sus juntas directivas incrementan su capacidad de innovación en un 83%, su rentabilidad en un 15% y el retorno sobre inversión en un 5%. La diversidad y la inclusión son un buen negocio. (Catalyst.org 2016). La representación de mujeres CEOs en Venezuela es menor al 1%. A pesar de que la mayoría de los graduados universitarios son mujeres (Data INE). En Venezuela, la tasa de desempleo es más alta en mujeres con un 8,4% en abril 2016 (Data INE). En Venezuela, 3 de cada 10 mujeres en edad productiva se dedica a quehaceres del hogar (Data INE). La incorporación masiva de mujeres al sector productivo, pudiera aumentar el crecimiento en la región en un 34% (estudio CAF). La mayor proporción de empleadores de este país son hombres y las mujeres son las “dueñas del hogar”, como lo demuestra un estudio con data INE desde 1989 al 2015.

    Estos y muchos otros motivos llevaron a un grupo de empresas a unir fuerzas para impulsar la inclusión y el empoderamiento femenino por medio de la difusión de información y buenas prácticas que contribuyan a construir culturas organizacionales inclusivas a través de la Alianza Venezolana de Empresas por el Liderazgo de las Mujeres (AVEM).

    Desde que nací estoy oyendo que vivimos en un país en crisis y el tema de las mujeres queda siempre relegado. Nosotras estamos aquí para decir que sí es importante y necesario que nos avoquemos a esto porque la democracia se sustenta en la participación plena de todos la que la integran y, siendo nosotras un 50% de la población, no tiene ningún tipo de justificación que en las altas esferas de los poderes políticos y económicos estemos un poco desdibujadas, por no decir invisibles.

    Data arrojada recientemente por la auditora internacional Grant Thornton indica que, a nivel global, las mujeres ocupamos el 25% de los puestos ejecutivos, mostrando un progreso de apenas un 1% en los últimos 5 años. A este ritmo, la auditora estima que faltarían como 35 años para alcanzar una participación femenina plena en las organizaciones privadas.

    “Hay una serie de elementos organizacionales de empresas hechas a lo masculino que impiden que las mujeres, además de tener una carga laboral dura, no remunerada y real, no tengan espacio en estas organizaciones para poder ascender. A lo interno de las empresas hay que hacer mucho trabajo para propiciar espacios donde las oportunidades estén repartidas en partes iguales y no haya discriminación por sexo”, aseguró Reina.

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