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  • OPINIÓN| Aumento de Unidad Tributaria afecta a contribuyentes naturales y jurídicos

    Econ Dilio Hernandez, director del CIAP y Asesor de Fedecámaras Táchira.

    La Unidad Tributaria (UT) es un instrumento para actualizar los montos tributarios establecidos por la ley frente a las variaciones de los procesos inflacionarios de la economía, evitando modificaciones permanentes de los tributos (Impuestos, Tasas, Contribuciones especiales, etc) para ajustarlos a estos cambios.

    No hacerlo oportunamente se traduce en un retardo en el uso adecuado del instrumento conduciendo a prácticas de subvaloración o sobrevaloración de la UT que distorsiona el sistema tributario y termina afectando a los contribuyentes naturales o jurídicos.

    En el caso venezolano, el rezago en la actualización de la UT, subvaloración, se ha convertido en un fenómeno repetitivo intencionado de los últimos 15 años, matizada con los procesos de reconversión monetaria. Esta subvaloración de la UT ha permitido al Ejecutivo extender el número de contribuyentes a casi toda la población, especialmente en la declaración del ISLR.

    Todo aumento nominal de las bases imponibles superiores al valor nominal del aumento del valor nominal de la UT se traduce en que se graban rentas que crecieron nominalmente (ejemplo las personas que ganan salario mínimo) pero que disminuyeron en términos reales frente al poder adquisitivo de esas rentas.

    Es decir, se cobran más impuestos a las personas naturales o jurídicas que ganan “más” en términos nominales, pero menos en términos reales.

    El nuevo monto de la UT significó un incremento de la misma en aproximadamente unos 1900 % en relación al valor del 2021 (0,02 bs a 0,40 bs o 0,08 dólares aproximadamente) que implica que todas las tasas impositivas deben ajustarse con este incremento, en el caso del ISLR, aunque su efecto es para el año 2023 se traducirá que las personas naturales o jurídicas que hayan obtenido rentas superiores a las 1000 UT netas o 1500 UT brutas deberán pagar este impuesto.

    Una persona natural que gana salario mínimo mensual de (30 $ USA) es decir unos 360 $ anuales u obtiene rentas netas superiores a 120 $ anuales, deberá declarar el ISLR, si no está sujeta a exención.

    Esto implica que el pago de este impuesto abarcará casi toda la población, en una economía donde la canasta básica de alimentos mensual de una familia supera los 400 $ USA , es decir no tiene para comer pero debe pagar el ISLR.

    En el caso del sector privado, el aumento de la UT, siempre es cargado a la estructura de costos de los bienes y servicios finales, lo cual se traduce en un impacto directo en los precios que afecta al consumidor final.

    Finalmente es importante señalar, que si bien el ajuste de la UT frente al proceso inflacionario luce coherente con la lógica tributaria, que en el caso, 1900 %, es superior a la inflación acumulada proyectada para el año 2022 ( 300 a 500 %) esta variable está condicionada al mantenimiento de la política monetaria de contención del valor del tipo de cambio con intervenciones periódicas del BCV que ascienden en el primer trimestre del 2022 a más de 860 millones de dólares (produciendo una sobrevaluación entre 4 y 5 % del bolívar frente al dólar), sumada a una política restrictiva del crédito bancario y una disminución del gasto público que obstaculiza la reactivación económica del país, distorsionando los indicadores de inflación que finalmente pueden superar el ajuste de la UT.

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  • Opinión| ¿Cuál es el límite de un país? ¿Dónde inicia la patria y termina la nación?

    Escrito por: Víctor Roa

    Una trocha es un camino irregular, un atajo, una solución para reducir el tiempo para llegar a algún lugar. En nuestro caso los caminos para salir del país, y también para entrar, se han construido sobre la idea de lo irregular.

    La frontera entre Venezuela y Colombia es extensa, 2219 kilómetros que ocupan a los estados Zulia, Táchira, Barinas, Apure y Amazonas. Ninguno de los dos países cuenta con una frontera con sus vecinos de igual extensión.

    Nuestra historia común como países, desde la llegada de España, fue y sigue siendo intensa. Constituimos de manos del libertador una nueva nación que honraba al descubridor de américa, Colón, y de allí nació la Gran Colombia, desaparecida luego y también con ella la Nueva Granada.

    De lado de Venezuela fuimos, gracias a la explotación del petróleo, la nación de mayor crecimiento y evolución social en Latinoamérica. Un crecimiento que no se pudo sostener más allá de los años ochenta del siglo XX. De ese crecimiento, y gracias a él, fuimos receptores de una migración gigantesca que incluyó ciudadanos de todas partes del mundo. Europa y luego América del Sur y el Caribe encontraron cobijo en Venezuela.

    La historia cambió, hoy el país es una tierra de olvido, una nación seriamente comprometida para garantizar la subsistencia de sus ciudadanos. Es un daño extenso, una explicación simple para esto: La incapacidad manifiesta para afrontar una tarea muy compleja. Más de 5 millones de nuestros ciudadanos la han abandonado rumbo a cualquier destino que prometa algo de bienestar.

    La trocha es en apariencia la salida para quienes viven en la pobreza, pero no es tan simple como eso. El gobierno de Venezuela cerró, hace ya algún tiempo, la frontera entre Venezuela y sus vecinos, apenas permite unos vuelos a algunos destinos internacionales. Entonces las trochas son los caminos de salida y entrada de gente, de productos, de materiales, de ideas y de todo aquello que se necesita para que los ciudadanos sobrevivan.

    La experiencia de pasar por una trocha equivale a la de ser un refugiado en una guerra. Del lado venezolano, en la ciudad de San Antonio se camina como en una procesión. Hay muchas, no son caminos libres. Hay vigilantes y una especie de porteros que cobran a cada cierto tramo dinero, en pesos, para poder seguir. Hay advertencia para no grabar, fotografiar o usar el teléfono, bajo pena de decomiso.

    Por esas trochas pasa cualquier cosa. Chatarra de todo tipo, incluidas las antenas de la tv satelital, sale de Venezuela. Desde Colombia entran refrescos, galletas y víveres en general, las mudanzas transitan esos caminos. También hay trochas VIP, por apenas 50.000 pesos va usted sentado hasta la parada de los taxis en Cúcuta.

    ¿Y quiénes son las autoridades? Del lado de Venezuela el ELN, del lado colombiano el tren de Aragua. La función del estado está claramente desaparecida en esas trochas, que son al final del día una solución dinámica para una frontera viva. Especialmente dramática esa condición, pues ese espacio es la esperanza para cientos de caminantes que van y vienen con sus sueños de una mejor vida o de un retorno a la que abandonaron.

    Del lado de Colombia un cierto aspecto de formalidad permite sellar el pasaporte, tomar un taxi e ir al aeropuerto o aun centro comercial. Por el lado de Venezuela no hay gasolina y al circular la única opción es un viaje por tierra, más de 850 kilómetros hasta Caracas, de carretera, llena de peligros y misterios para llegar a un aeropuerto internacional.

    La trocha es una excelente metáfora de la Venezuela que somos hoy, un camino improvisado para acortar la ruta.

    Víctor Roa es conductor del programa Gerencia a Dos tonos en Fedecámaras Radio. Doctor en Gerencia, profesor universitario y ejecutivo de negocios.

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