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  • Top 7 de escritores que debes leer

    Top 7 de escritores que debes leer. Históricamente, las editoriales han publicado más libros de hombres que de mujeres. En 2018, en el país ibérico, la desigualdad se manifestó con publicaciones de escritores que duplicaron a las de las escritoras. Se calcula que la diferencia total fue de casi 20.000 obras. Curiosamente, en papel se observó más diferencia que en libros digitales.

    Sin embargo, las estadísticas han ido cambiando, y en 2021, entre los 50 libros más vendidos en España, un 42% fue escrito por mujeres, según la consultora independiente GFK.

    Noviembre es un mes masculino

    En el penúltimo mes del año hay dos celebraciones, por destacar, el 11, es el Día del Soltero, una fecha que surgió en China pero que ya se ha extendido por todo el mundo. El orgullo de ser soltero es una efeméride muy comercial. Apropiada para leer libros de escritores.

    También se festeja, el Día Internacional del Hombre, el 19 de noviembre de cada año. Fue Thomas Oaster, profesor de la Universidad de Missouri-Kansas el que estableció esta fecha en 1992. Desde 1999, se celebra a nivel mundial.

    Top 7 de escritores que debes leer

    Si estás buscando buenos libros, destacan estos escritores hispanoamericanos en el panorama literario actual. Sus propuestas son muy interesantes para leer este mes de noviembre. 7 de escritores que debes leer:

    Manel Loureiro (Pontevedra, 1975)

    Escritor, abogado y presentador de televisión, que además ha trabajado como guionista en numerosos proyectos. Su primera novela, Apocalipsis Z. El principio del fin, comenzó como un blog en Internet que escribía en sus ratos libres. El blog se transformó en un fenómeno viral y la novela fue publicada en 2007, convirtiéndose en un best seller.

    Sus siguientes obras, Los días oscuros, La ira de los justos, El último pasajero, Fulgor y Veinte, han sido un éxito de ventas tanto en España como en otros países del mundo. Su última novela, La ladrona de huesos, es un apasionante thriller de robos imposibles, reliquias y misterios en el Camino de Santiago.

    Santiago Gamboa (Bogotá, 1965)

    Autor y periodista colombiano, estudió Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá, completando más tarde su formación en la Universidad Complutense de Madrid, donde estudió Filología Hispánica, y en La Sorbona de París, donde se especializó en Literatura Cubana.

    En lo literario, Gamboa ha destacado por sus novelas. Publicó la primera, Páginas de vuelta, en 1995 y desde entonces se ha labrado una destacada carrera, siendo ganador de premios como el Rómulo Gallegos, el Medicis o La otra orilla. De entre su obra destacan títulos como El síndrome de Ulises, Necrópolis o Perder es cuestión de método, que fue llevado al cine en 2005. Su más reciente novela, Colombian Psycho, es un thriller trepidante que retrata las diversas caras de la maldad en una perturbadora radiografía de la situación nacional colombiana.

    Ángel Martín (Barcelona,1977)

    Es presentador, monologuista, guionista, actor, músico, streamer y está considerado uno de los humoristas más prestigiosos de España. Empezó su carrera en Paramount Comedy como cómico de stand-up, faceta que sigue manteniendo en activo. Su salto a la fama se produjo, en gran parte, gracias al éxito arrollador del programa Sé lo que hicisteis (La Sexta), que presentaba junto con Patricia Conde.

    Por si las voces vuelven, su primer libro, se ha convertido en todo un fenómeno editorial y le ha llevado a crear el podcast del mismo nombre. Se basa en el brote psicótico que sufrió en 2017, por el que estuvo ingresado en un manicomio, y el que hizo que se le quebrara la vida que vivía. Lleva 13 ediciones y más de 300.000 lectores.

    Mauro Libertella (Ciudad de México, 1983)

    Creció y vive en Buenos Aires. Es autor de los libros de narrativa Mi libro enterrado, El invierno con mi generación y Un reino demasiado breve, y de los títulos de no ficción El estilo de los otros y Un hombre entre paréntesis. Retrato de Mario Levrero. Su obra ha sido publicada en Argentina, España, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Holanda e Italia.

    En 2017 fue seleccionado por el Hay Festival como uno de los 39 mejores escritores de ficción latinoamericanos menores de 40 años. Su más reciente libro, Un futuro anterior, es una novela que abre la caja negra de una pareja para tratar de entender cómo llegaron a ser lo que son, con todos los errores que cometieron y también con todos sus aciertos.

    Narrada a lo largo de una década, al filo del fin de la juventud, la obra camina por el precipicio que separa la literatura de la vida, dando voz a una masculinidad que se deja atravesar por las emociones.

    Nacho López Murria (Valencia, 1987)

    López Murria combina los oficios de actor y director teatral con la escritura de guiones. A los 18 años fundó CanallaCo Teatre, con la que durante una década llevó a cabo gran parte de su trabajo, Desorden. Es guionista de ficción en La Caña Brothers, donde surgió Circular, la miniserie de terror juvenil para RTVE emitida en Instagram Stories.

     París era una rave, empieza como una bonita historia de amor, sí, hermosa, pero nada edulcorada, divertida, tierna, capaz de atrapar al lector más rancio. Y cuando ya estás ahí, el autor te lleva por una ruta demencial, a través de rincones insólitos y personajes desconcertantes y geniales, celebridades y monstruos del siglo XXI. Hay sexo, drogas y alcohol, hay situaciones límite, y hay mucho humor.

    Fernando Navarro (Granada, 1980)

    Escritor y guionista español. A lo largo de su vida ha escrito críticas de manera regular tanto para prensa como para radio y televisión sobre música. Para el cine ha escrito entre otras, Anacleto: Agente Secreto (Javier Ruiz Caldera, 2015), Toro (Kike Maíllo, 2016), Verónica (Paco Plaza, 2017). Bajocero ha sido su último guion, thriller que batió récords para una película extranjera en Netflix, y que llegó a posicionarse número uno en más de 55 países.

    Su primera novela, Malaventura, es una suerte de neorromancero ambientado en una Andalucía desesperada y remota, a la vez que irreal y auténtica, mítica y salvaje, llena de personajes extremos: quinquis, hechiceras, cazadores, demonios que se desplazan por las ondas de la radio. Un acid western formado por un conjunto de relatos que bebe de autores como Lorca, Stephen King o Sergio Leone.

    Daniel Jiménez (Madrid, 1981)

    Es Licenciado en Historia y ha tenido diversos trabajos como camarero, dependiente o repartidor. En lo literario, debutó con Cocaína, un diario personal donde opina sobre todo lo que le rodea. Con él ganó la segunda edición del Premio Dos Passos a la primera novela. Además de esta novela ha participado en varios libros de relatos como Doce cuentos del sur de Asia y Los escritores plagiaristas.

    Su libro más reciente, El Plagio, narra una injusticia cometida contra su padre, Juan Jiménez quien fue objeto de un robo y de una traición. Grabó un piloto para televisión, en el que invirtió todos sus ahorros, hizo trato con tres directivos quienes luego, se marcharon a una cadena privada. El 2 de octubre de 1993, se estrenó en esa cadena un programa con las mismas características del que había ideado su padre.

    Con información de QuéLeer


    Lea también: Luz Gabás ganadora del Premio Planeta 2022

  • Luz Gabás ganadora del Premio Planeta 2022

    Luz Gabás (Monzón, 1968) ganadora del Premio Planeta 2022 ha triunfado con una novela histórica y de amor ambientada en el sureste de Estados Unidos, cuando Misisipi era español a finales del siglo XVIII.

    Bajo el pseudónimo Hoja de fresno, Gabás es la ganadora del Premio Planeta 2022, que se entregó el sábado 15 de octubre, en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) de Barcelona.

    La finalista fue la catalana Cristina Campos (Barcelona, 1975), con la contemporánea Historias de mujeres casadas.

    El jurado, integrado por José Manuel Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Belén López, por tanto, ha elegido 9 novelas finalistas de entre las 846 novelas presentadas al galardón.

    Una décima finalista fue retirada por haber sido publicada en un portal digital. Se trata de La niña del castillo de los almendros en flor, de Fernando Preto Rodríguez.

    Luz Gabás ganadora del Premio Planeta 2022 con la novela Lejos de Luisiana

    Lejos de Luisiana, una novela histórica que transcurre en el “enorme territorio que España tenía en el corazón de Norteamérica en el siglo XVIII” y una historia de “amor, amistad, relaciones familiares y tensión entre la pasión y la razón en un momento muy convulso de la historia del pasado de España y de la historia de Estados Unidos”.

    Abigarrada mezcla de razas, lenguas y culturas, con tres ejércitos disputándosela, la convivencia allí era difícil, a pesar de lo cual florece una historia de amor entre un indio, hijo de un jefe tribal y una súbdita francesa.

    La acción transita entre la Ilustración y el romanticismo -detalló Gabás-, tiene la parte de la lógica, pero también anticipa el siglo que viene, el XIX.

    Gabás es una autora de éxito comercial

    Licenciada en Filología Inglesa, fue alcaldesa de Benasque entre los años 2011 y 2015, cuando renunció a su acta de concejal tras perder las elecciones.

    Pero es conocida como novelista, a partir del éxito de su primera obra, Palmeras en la nieve (2012), también una historia ambientada en una exótica colonia española, en este caso la isla de Fernando Poo (actual Bioko), en Guinea Ecuatorial, a mediados del siglo XX, y que se inspira en la experiencia que tuvo el padre de Gabás trabajando en la finca de cacao Sampaka.

    De hecho, la autora la escribió para transmitir a sus hijos la memoria familiar y se convirtió en un superventas inesperado. De la novela se realizó una película en el 2015 protagonizada por Mario Casas y Adriana Ugarte.

    Gabás reside en un pueblo del Pirineo oscense, ella ambientó en esa zona su segunda obra, Regreso a tu piel (2014), que se centra en la represión contra las brujas en el siglo XVI, con brutales ejecuciones cometidas en este caso por los pobladores de la zona, no por la Inquisición.

    Luego, en Como fuego en el hielo (2017), creó un relato pirenaico y de amor situado a ambos lados de los Pirineos, con la descripción del ‘turismo termal’ que la aristocracia europea realizaba en algunas de esas poblaciones. Con esta obra, protagonizada por el joven Attua, finalizaba lo que ella denominó “una trilogía emocional” que incluía “la exploración de mis orígenes”.

    Para Gabás, “el mundo rural genera inseguridad, angustia y miedo, como sucede en las ciudades, y la vida puede ser igual de atractiva en un lugar como en el otro”.

    El latido de la tierra (2019) tiene un registro de novela negra, con crímenes que resolver, y está ambientada en la España rural de los años 60, 70 y 80, cuando amplias zonas de Aragón y Castilla sufrieron severas expropiaciones. “Un pueblo vacío es una historia truncada”, escribe la autora, cuya protagonista, Alira, se debate entre la fidelidad a la tradición o las nuevas costumbres.

    Esta es una obra con banda sonora generacional, pues cada capítulo se acompaña de una propuesta musical, con especial atención al heavy metal, al que la propia Gabás es aficionada y temas de los Rolling Stones, Bob Dylan, Bruce Spingsteen, Los Suaves, Janis Joplin, David Bowie, Guns’n’Roses, Tears for Fears o hasta Lady Gaga.

    Cristina Campos “la sutilidad de la infidelidad femenina”

    La obra finalista de Cristina Campos, Historias de mujeres casadas, ha sido premiada con 200 mil euros y cuenta las cuitas de amor y desamor de tres compañeras de trabajo en la época actual, en especial la de la protagonista, Gabriela, una periodista quien tras veinte años de matrimonio se encuentra en la inesperada situación de que tiene un amante, lo que pone su vida del revés.

    «Habla del sutil mundo de la infidelidad femenina”, dice la ganadora. La acción transcurre entre Barcelona, Boston y Formentera.

    En palabras del jurado, se trata de “un tratado sociológico de las relaciones sentimentales en esta sociedad cambiante”. Campos, licenciada en Humanidades, trabaja como directora de casting y está casada con el director de cine Jaume Balagueró.

    Debutó en la literatura hace siete años, con Pan de limón con semillas de amapola, obra sobre dos hermanas separadas en su juventud que se reencuentran en un pueblo de Mallorca tras haber heredado un molino y una panadería de una mujer a la que no creen conocer.

    Cada capítulo de la novela –que fue adaptada al cine el año pasado por Benito Zambrano– comienza con una receta de repostería.

    Con información de QuéLeer.


    Lea también: Diez preguntas para María Elena Morán, Premio Café Gijón de Novela 2022

  • Diez preguntas para María Elena Morán, Premio Café Gijón de Novela 2022

    La escritora María Elena Morán (Maracaibo, Zulia, 1985) ha puesto el nombre de Venezuela en un importante lugar con la obtención del Premio Café Gijón de Novela 2022, al que se postuló “sin muchas expectativas” con su libro Volver a cuándo.

    María Elena Morán logró conquistar al jurado con una historia que conjuga muchas realidades sobre migración venezolana a Brasil. Historias que conoció y que también vivió de primera mano.
    Actualmente reside en la ciudad brasileña de Porto Alegre.

    En entrevista a QuéLeer, afirma que quienes emigran viven en un “limbo identitario”. Calificó la literatura de la diáspora venezolana como muy rica por lo diferente y divergente.

    Es la primera vez que el premio Café Gijón de Novela 2022 cae en manos de un venezolano y una de las pocas que lo gana un latino. ¿Qué opinión te merece esta distinción?

    Me siento muy orgullosa de haber conquistado el premio y de estar poniendo a Venezuela en esa lista tan prestigiosa de ganadores. La repercusión que ha tenido en los medios, la cantidad de gente que me ha escrito y ha compartido mi alegría me han hecho entender la real dimensión de este logro, que comenzó pareciendo algo muy personal y se ha revelado toda una alegría colectiva para mi país. Me postulé al premio sin muchas expectativas, creyendo que mi libro era “latino de más, venezolano de más”, no viendo eso como un problema, sino como algo que tal vez no cabía en el perfil. Por eso, no deja de sorprenderme que varios de los motivos que el jurado mencionó se refieran justamente a las libertades que me di para contar la historia de la forma que mejor sentí que funcionaba: diversos pontos de vista, todos en trayectorias urgentes y hasta frenéticas, y un lenguaje coloquial, con la musicalidad y la seducción que nos son propias.

    ¿Cómo fue el proceso para gestar Volver a cuándo? ¿Te inspiraste en una historia real?

    Volver a cuándo fue mi proyecto de tesis en el doctorado de Escritura Creativa que cursé en la PUCRS. Fueron cuatro años investigando, recolectando historias reales, reflexionando sobre la mejor forma para contar lo que yo quería contar. La escritura en sí, gracias a toda esa preparación y por el tema ser, al mismo tiempo, tan colectivo y tan íntimo, fluyó con mucha rapidez, fueron básicamente dos períodos de inmersión total en que ella vino casi como un exorcismo. Fue algo que durante mucho tiempo estuvo gestándose en mi cabeza, en mi pecho, en mis vísceras. Tenía que salir y salió hecho literatura. La historia en sí no partió de una historia real, sino de muchas; cada personaje es una mezcla de gente que conozco y cada situación es una amalgama de situaciones sobre las que leí, escuché, viví.

    María Elena Morán, en tu narrativa reflejas la crisis política y migratoria venezolana. ¿Cuál es tu opinión sobre este drama social?

    Dentro y fuera del libro, hablo desde una izquierda desencantada, pero aún izquierda. Hago un mea culpa por la fe ciega que puse en la Revolución o en lo que insistíamos en llamar Revolución Bolivariana, por haber cedido a la unanimidad que se nos exigía a cada segundo, por haber caído en la trampa de dejar la autocrítica para otro momento, sin que ese momento llegara nunca. Vicios todos que, entre otras causas, la llevaron al fracaso. Mi país perdió más del 20% de su población: más de 6 millones salieron y esa cifra no paró ni siquiera durante la pandemia. El hecho de que no se asuma la responsabilidad por ese fracaso y, peor aún, se niegue el mismo, me parece una falta de respeto inmensa con nuestro pueblo y con los pueblos que están recibiendo, de mejores o peores formas, este flujo de gente.

    ¿Qué tienes en común con Nina, la protagonista de tu novela?

    Más allá de las cuestiones externas, como el hecho de que ambas vinimos a Brasil (ella en plena crisis, yo un buen tiempo antes, porque así lo quise), compartimos ese mea culpa que mencioné en la respuesta anterior y que es uno de los principales ejes de la novela. También compartimos la dificultad para pedir ayuda, una cierta sensación de que es necesario resolver todo solas, sin necesitar a nadie más, sin molestar a nadie más. Esa dificultad nos lleva a ambas a sorprendernos y a conmovernos poderosamente cuando las ayudas llegan, providenciales; cuando, en medio de la tragedia, surgen seres humanos que nos demuestran que aún es posible creer en la solidaridad.

    ¿Cómo decidiste participar en este premio de novela?

    Los premios dan una visibilidad y una legitimación importantísima para quienes, como yo, son autores prácticamente desconocidos, publicados hasta ahora por editoriales pequeñas e independientes. Son una forma de hacer llegar la historia a lectores que, de otra forma, podrían ni siquiera saber de su existencia. Yo tengo el agravante de estar viviendo en Brasil, un país continental que por diversos motivos está aislado del resto de Latinoamérica y España, entonces, queriendo romper ese aislamiento, opté por hacer esa gran apuesta.

    ¿Cómo ves la literatura de la diáspora venezolana, de la que tú formas parte?

    Como a todos los desenraizados, me ha tocado buscar nueva tierra fértil y ese es un movimiento que marca todo lo que escribo. Creo que todas las literaturas desarrolladas en el marco de alguna diáspora comparten una investigación íntima sobre la identidad y las negociaciones que ese “estar en tránsito” exigen. La diáspora venezolana incluye, también, por lo menos en mi caso y en el de otras autoras, como Karina Sainz Borgo o Rodrigo Blanco Calderón, una mirada sobre la identidad política. Sin embargo, en medio de tanto terreno compartido, las miradas son profundamente diferentes e, inclusive, divergentes, lo cual es riquísimo y se refleja en el lenguaje, en el tipo de personajes, en las formas de narrar que cada uno escoge.

    Has podido atravesar fronteras con tu novela ¿Quieres dejar algún mensaje en particular?

    Me parece que, más allá de las especificidades de los conflictos que viven mis personajes, hay algo que une a todos aquellos que emigran y es esa sensación, que dura un buen tiempo, de estar en una especie de limbo identitario: no nos reconocemos en el paisaje nuevo pero tampoco tenemos cerca el paisaje propio — y al mismo tiempo comenzamos a cuestionarnos sobre qué significa que algo sea “propio”. Al que recién llega, le diría que bajar la guardia y dejarse seducir un poco por ese paisaje nuevo es un primer paso para reaprender la alegría y ver que no somos tan diferentes así. Y al que tiene el privilegio de estar en casa y ver llegar a otros, le pediría compasión. Le aseguraría que, junto con todas sus complejidades, esos otros traen también nuevas formas de ver la vida y solo los mezquinos son capaces de negarse a ampliar la mirada.

    ¿Tienes alguna frase favorita de Volver a cuándo para nuestros lectores de QuéLeer?

    No sé si esta es mi favorita absoluta, pero es una frase que me parece que condensa muy bien el tema de la novela:
    “cómo dolía y cómo explotaba en los pies esa bomba que era haber gastado aliento para inflar tantos muñecos dentro y fuera de casa, y haber guardado tantos silencios en nombre de un entender el momento histórico atrás de otro entender el momento histórico, sin preguntarse qué era exactamente un puto momento histórico y quién decidía qué era histórico y qué no, quién decidía dónde terminaba la historia de un país y empezaba la de una familia”

    ¿Cuándo se publicará tu novela? ¿Cómo podrá ser adquirida?

    La publicará Ediciones Siruela a finales de enero o principios de febrero de 2023. Podrá ser adquirida en la web de Siruela, así como en todas las librerías dentro y fuera de España a las que la editora distribuye y en otras plataformas de comercialización, como Amazon.

    María Elena Morán, ¿Cuáles son tus próximos proyectos literarios?

    Acabo de terminar una primera versión de otra novela, la primera escrita en portugués, que aborda el tema de la inmigración venezolana en Brasil, esta vez priorizando el punto de vista de los que la reciben. Quise explorar la complejidad del concepto de ayuda y cómo muchas veces, sabiéndolo o no, queremos salvar al otro para salvarnos a nosotros mismos.


    María Elena MoránMaría Elena Morán

    Nací en Maracaibo, Venezuela, en 1985. Soy hija de Rodolfo y Marisela, hermana de Oriana y compañera de Rafa. Intenté el periodismo y la antropología en Venezuela, pero terminé huyendo para Cuba, donde estudié guion, en la EICTV.

    En 2012 vine a parar en Brasil por una historia de amor y solo aquí tuve la valentía de escribir literatura, aunque fuera un hambre antigua. Magister y Doctora en Escritura Creativa en la PUCRS, hoy vivo en São Paulo y hago acrobacias entre el cine y las letras.

    Con información de Qué Leer.


    Lea también: Reseña de “Memorias de Cenicienta”, de Carmen Ferrer

  • Reseña de “Memorias de Cenicienta”, de Carmen Ferrer

    Memorias de Cenicienta es la ópera prima de la española Carmen Ferrer (Zaragoza, 1947) es una forma de exorcizar sus recuerdos. Con detalle y minuciosidad aborda cada episodio de su vida desde lo más cotidiano hasta lo más extraordinario.

    Memorias de Cenicienta (2022) es un libro directo, realista, tremendamente emocional. Una biografía de un alma que grita, que pide atención, que necesita amor y que desea vencer la soledad.

    Por definición la cenicienta es una “persona o cosa injustamente postergada, desconsiderada o despreciada”. En este libro, su autora refleja las vicisitudes que vivió desde muy niña cuando sufrió un accidente que cambió su destino. Postrada en la cama y luego sobreprotegida por sus padres, tuvo un trato muy diferente al de sus hermanas, hermano y primos.

    «Vivíamos en un cuarto piso sin ascensor y no se me ocurrió nada mejor que asomarme a la baranda y llamarla a gritos, con tan mala suerte que perdí el equilibrio y caí hasta el fondo estrellándome contra el suelo, no sin antes ir rebotando en cada uno de los pisos como si fuera una muñeca de trapo.” (pág.12)

    Sin embargo, a pesar de que las circunstancias no la acompañaron, enfrentó con persistencia, optimismo y esperanza el destino que la vida le deparó.

    El relato cronológico y profundo se manifiesta en todo momento. La autora dividió Memorias de Cenicienta en tres partes. La primera abarca los años 1947-1965, la segunda es entre 1965-1975 y la tercera parte, la titula 1975.

    Los hechos comienzan con las circunstancias de su nacimiento y finalizan en el presente, específicamente en la fecha 6 de julio de 2022, el final del diario.

    Carmen Ferrer admite haberse inspirado en la escritora Isabel Allende `para tener el valor de sentarse a estructurar su relato. En su pasión por la lectura, también nombra a Arturo Pérez- Reverte con La Reina del Sur y a Viktor Frankl con su libro El hombre en busca de sentido. Además, se identifica con la trama de Amor en los tiempos de cólera, de Gabriel García Márquez.

    «Bueno, como dice Isabel Allende, «yo vivo eternamente enamorada de alguien». ¡O alguien de mí!” (pág.9)

    La escritora va sorteando su niñez y adolescencia sometida por unos padres que le impedían estudiar justificándose en una errónea sobreprotección.

    «No podía entender como después de diez años de la caída y llevando una vida normal, seguían con el temor de que me pudiera pasar algo horrible! ¡Y así fue como con el tiempo eso se convirtió en una profecía autocumplida! ¡Pero no adelantemos acontecimientos!” (pág.43)

    Se convirtió en autodidacta. El cuidado de sus hermanos se transformó en su forma de vida por muchos años.

    Mucho tiempo más tarde mi padre me diría: «Naciste superdotada pero caíste en malas manos». (pág.7)

    A los 15 años era una joven frustrada por la falta de estudios que se sentía presa en el hogar.

    Pese a que tenía carencias en su educación, su agraciado físico la hizo ser objeto de atención por parte del sexo opuesto.

    «…yo era una chica sin preparación, medio analfabeta y casi no sabía escribir. Lo único que tenía a mi favor: era muy inteligente y muy guapa. Pero no me parecía suficiente para lograr un matrimonio feliz.” (pág.44)

    Carmen Ferrer vivió desde los cuatro años con sus padres en Galicia, hasta los veintiuno, cuando se casó con el estudiante de Medicina, William, él la lleva a vivir a Panamá en pleno golpe militar dado por el general Omar Torrijos Herrera el 11 de octubre de 1968.

    El temple de Carmen se manifiesta en esta etapa de su vida donde sufre el desprecio y la indiferencia de sus suegros, en un país cuyas costumbres le eran totalmente desconocidas.

    Durante la novela, su protagonista viajará innumerables veces, la mayoría de ellas entre Panamá y España, buscando estar bien, deseando la estabilidad y la tranquilidad, ¿huyendo? Tal vez.

    Ella vivió en Panamá, Costa Rica, Medellín, Cartagena de Indias, Cuba, Francia e Inglaterra.

    Su historia, a modo de bitácora, describe ciudades, paseos, percepciones sobre sitios turísticos que activarán la imaginación del lector.

    En su historia personalísima, Carmen cuenta que fue víctima de maltrato físico y emocional. A pesar de ello, aguantó estoica golpes y celos enfermizos de parte de William, bajo la creencia limitante de vida en la que ella no era una mujer que se divorciaría nunca. De hecho, solo estuvo casada una vez y la relación logra evolucionar de la violencia a la serenidad y dependencia. Ella tuvo que cuidar de su esposo aquejado de diabetes y acompañarlo hasta sus últimos momentos.

    William se celaba por cualquier cosa y discutíamos por la menor, y él siempre me amenazaba levantando la mano y dejándola caer en cualquier lado. Yo vivía atemorizada y me daba vergüenza decir nada a mis amigas y contarle mis problemas, pues sabía lo que me iban a decir: «No se lo permitas, denúncialo o divórciate».” (pág.115)

    De esa unión nacieron sus dos hijos James y Roberta.

    Memorias de Cenicienta no tiene un objetivo orientador, en ningún momento pretende aleccionar a las mujeres sobre ningún tema. Pero, es posible, sacar conclusiones y moralejas después de su lectura.

    «Yo no tenía nada, era algo exógeno que estaba fuera de mí, pero que no podía controlar, pues lo habían implantado en mi mente con tanto decir «a la niña no se la puede dejar sola pues le puede pasar algo». ¡Con eso me arruinaron la vida! Ya que implantaron en mi mente una terrible creencia limitante.” (pág.62)

    Las mujeres pueden cambiar su destino siempre y cuando se propongan metas particulares, una por una para vencer los miedos.

    Carmen, quien toda su vida consultó psicólogos y terapistas, trató de buscar una salida a su crisis personal. ¿lo logró o no? El lector debe sacar sus propias conclusiones.

    El encanto de Memorias de Cenicienta radica en esas emblemáticas reuniones familiares de una parentela numerosa. Esos paseos, tradiciones y momentos vividos son invaluables en el relato de la autora. Sus descripciones son sencillas, amenas.

    El contraste entre la vida de la ciudad y la del campo. Carmen creció en medio de tradiciones católicas muy arraigadas donde los padres les ponían nombres bíblicos a los hijos.

    «De esa relación nacieron dieciséis hijos, de los que sobrevivieron diez y supongo que su paso por el seminario fue el motivo por el cual les puso nombres bíblicos a casi todos: María, Raquel, Ofelia, Aida, Abigail, Perfecta, Fanny, Francisco, Eliseo y Florián (mi padre).” (págs.5-6)

    El relato está contado en primera persona, lo que le permitió a la autora, plasmar constantemente sus emociones, frustraciones, tristezas y alegrías.

    «¡Por qué mis hermanas nunca se cuidaron y llevaron una vida disoluta, de drogas, alcohol y desorden! ¡De qué les ha servido vivir a lo loco! ¡Ahora los que nos hemos cuidado tenemos que sufrir los disgustos de sus irresponsabilidades!” (pág.725)

    Una trama sobre sensaciones y sentimientos.

    Memorias de Cenicienta llega hasta la actualidad. De hecho, Carmen comienza a escribirlo durante la pandemia en España. Ella narrará con detalle, el proceso que vivió durante el confinamiento, los temores sobre sus seres queridos, y los estragos que el virus causó en familiares y amigos.

    La incertidumbre y el miedo.

    Escribió sobre cómo comenzó su proceso de escritura del libro.

    En el aspecto sentimental, cada nueva relación representó para Carmen, una luz en el horizonte. Con algunos hombres mantuvo relaciones amorosas, con otros, simplemente prevaleció  la amistad. Si algo se le puede reconocer a esta historia es que ella tuvo el valor de ser infiel a su marido, sin sentir ningún tipo de remordimiento ya que no era feliz porque la relación con el marchaba muy mal.

    «Yo seguía mi relación con Carlos y no se me ocurría pensar que pudiera estar haciendo algo inapropiado. Si ya estaba engañando a mi marido, ¿qué más daba que lo hiciera con uno que con dos? Además, después de treinta y cuatro años de mojigatería sentía que tenía que recuperar el tiempo perdido.” (págs.208-209)

    Es una mujer que, a sus 73 años, nunca ha renunciado a la posibilidad de enamorarse, a empezar de nuevo.

    «¿Para qué se enamoran de mí si luego no pueden o no saben cumplir? A veces pienso que me iría mejor siendo de la otra acera, pero a pesar de los cambios que está habiendo en esta generación yo sigo siendo heterosexual y muy femenina, pero también tengo un carácter muy fuerte y tal vez eso los asusta.” (págs.537 -538)

    La madurez de Carmen se va reflejando en el desarrollo del libro. Sus constantes viajes, su querer estar presente en la vida de sus hijos. Complicadas relaciones, discusiones. Quiere contarnos sus problemas, que seamos testigos. El lector será partícipe de las alegrías y tristezas que enfrentará la protagonista.

    «Tengo que aceptar que ya no formo parte de su vida y no cuento para nada con ella. No es ella, soy yo que no puedo aceptar su comportamiento despegado conmigo.” (pág.719)

    La conflictividad generacional va paralela a su afán de superación y sus reflexiones sosegadas sobre el futuro.

    «Mis hijos tienen sus vidas y no tienen tiempo para mí, y las cosas más pequeñas me afectan emocionalmente, y no importarle a nadie se me hace muy duro. ¡En fin, estoy teniendo un comienzo de año de auténtica mierda!” (pág.505)

    Carmen no perdió el tiempo. Sus logros se miden en sus nuevos intereses: yoga, Interiorismo, ópera, tango, pintura, clases universitarias, fue modelo para la firma Christian Dior y hasta participó en la película de 007 que se rodó en Panamá en 2008.

    …la historia de mi vida, que ha sido tumultuosa, trágica, violenta, pero también llena de fuerza, tenacidad, decisión y, aunque hay cosas que hice y no son políticamente correctas, puedo decir que no me arrepiento de nada; solo me arrepiento de las que no llegué a hacer y que siempre fueron por causas (y personas) ajenas a mi voluntad.” (pág.755)

    Está claro que cuando decidimos ir a por nuestros objetivos y creemos en nuestras posibilidades, podemos superar nuestros miedos.” (pág.390)

    La historia continuará…


    Memorias de cenicienta“Memorias de Cenicienta”

    Editorial: Círculo Rojo

    Colección: novela

    Páginas: 494


    Carmen FerrerCarmen Ferrer nació en Zaragoza en 1947, y a los cuatro años se trasladó con sus padres a Galicia (el Finisterre que le llamarían los romanos), donde vivió hasta los veintiuno, cuando se casó y se mudó a vivir a Panamá en pleno golpe militar dado por el general Omar Torrijos Herrera el 11 de octubre de 1968.

    Se licenció en Interiorismo y tiene un diplomado psico-físico de Hata Yoga, donde dio clases de dicha disciplina en la Universidad Nacional de Panamá. Trabajó como modelo para la casa Christian Dior y participó en la película de 007 que se rodó en Panamá en 2008.

    Vivió en Panamá, Costa Rica, Medellín, Cartagena de Indias, Cuba, Francia e Inglaterra. Y cuando le preguntan de dónde es, suele contestar con unos versos de Facundo Cabral: «No soy de aquí, ni soy de allá, no tengo edad ni porvenir, y ser feliz es mi color de identidad».

    Hizo el Camino de Santiago dos veces, una andando y otra a caballo. Le gusta pintar, cantar ópera y bailar tango.

    Memorias de Cenicienta es su ópera prima.

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  • Cuento “La caída del padre Daniello”, de Jaime Huertas Fernández

    La mano del joven cura se detuvo apenas oyó el ruido en la puerta de su despacho. Levantó la cabeza y vio a la muchacha entrar de puntillas, tratando de no hacer ruido. La escena le recordó las películas policiacas que solía ver los sábados en la noche.

    —¡Mi niña! ¿Qué haces aquí, a esta hora, con este clima tan despiadado? —El cura dejó de escribir―. Y así. ¿Dónde está tu abrigo?

    ―Padre, deseo hablar con usted ―dijo, con una vocecita infantil, mientras se acercaba al escritorio. Iba descalza y llevaba unas zapatillas en la mano izquierda.

    ―Pero qué es eso tan importante que debes decirme, para haber salido de tu casa a esta hora. ―El cura se puso de pie.

    ―No hable tan alto, por favor. Sabe a qué he venido. ―dijo, convencida de que en cualquier momento dejaría de disimular y la abrazaría con fuerza.

    ―Estefanía, ¿qué estás haciendo? ―Puso su largo índice debajo de la barbilla de la muchacha para levantarle la cabeza.

    ―Lo sabes. ―Dejó caer las zapatillas y apoyó las manos sobre los hombros del cura.

    ―No, no lo sé.

    ―Padre. Daniello. Sabemos que nos amamos. Tú me amas y yo a ti. ¿Cuántas veces hemos hablado de esto?

    ―El amor, del cual hemos hablado todos estos años, ha sido el de hermanos, el de un padre hacia una hija, el de dos personas que se unen para amar a Dios.

    ―Padre Daniello, estamos solos, no hay nadie en los pasillos. No estamos obligados a fingir más. No se avergüence. Haga como yo, que por fin logré vencer el miedo. Yo he visto cómo usted me observa cuando trabajamos juntos, sé que siente por mí algo más de lo que está diciendo. Lo sé. Si quiere no me lo diga nunca. Demuéstremelo. Yo le juro que no diré nada a nadie. Esto quedará entre nosotros dos. No es la primera vez que sucede, ni será la última. Sabe muy bien lo del padre Claudio con…

    ―Ya, ya, no sigas —dijo en voz baja.

    ―Ellos ahora viven felices. No le estoy pidiendo que deje los votos, sino que nos amemos, como usted sabe bien que hacen…

    ―¡Ya, no sigas! ―El joven cura aspiró sonoramente―. Aquí hay un malentendido.

    ―Daniello, ¿no me ves hermosa?

    ―Sí, pero…

    ―¿No me ves bella, encantadora, inteligente?, como tantas veces me has dicho. Recuerdas cuando tomaste mis manos, cuando me corté en el jardín y me curaste. Dijiste: «Qué manos tan bellas y suaves». Luego las besaste.

    ―¡Qué error he cometido! ―dijo en voz baja.

    ―No digas eso.

    ―No me has entendido, aquí ha habido un error. Y yo soy el culpable.

    ―¡No, Daniello! ―susurró antes de abrazarlo.

    El cura también la abrazó y pudo sentir el cuerpo trémulo de la joven.

    ―¿Quieres un abrigo?

    ―No, tú me das calor ―dijo despacio, sin soltarlo.

    ―Bien. Vamos a conversar. Vamos a poner todo en orden. Déjame…

    ―No. ―Lo apretó con más fuerza.

    Sintió que las manos del cura le sujetaban los brazos y la alejaban de él. Tuvo miedo de sufrir un vergonzoso fracaso. Necesitaba ayudarlo. Lo había tomado por sorpresa, fue muy brusca al exponer sus sentimientos; debió esperar a que él tomara la iniciativa. «Pero ¡qué iniciativa!, si llevaban años trabajando juntos y él pocas cosas había hecho», pensó. Él era joven e inexperto; ella era menor que él y tampoco tenía experiencia, aunque sí la determinación de llevar a cabo el deseo reprimido que tenía desde hacía meses.

    ―No digas nada. ―Levantó los talones y le susurró al oído―. Por favor, déjame ayudarte. No te muevas, sé cómo hacerlo. No digas nada, así tendrás tu conciencia tranquila. Siempre sabrás que cumpliste con tu compromiso, no fue tu culpa. Eres un santo. Ven, hagamos como si estuviéramos bailando.

    Ella bajó hábilmente el cierre de su vestido largo, florido, ligero. El cura vio la caída de la prenda de vestir como si fuera un acontecimiento del cual dependiera su vida. La joven lo volvió a abrazar, su cuello fue doblándose hacia atrás hasta que su cara quedó casi paralela al techo para poder mirarlo a los ojos. Él puso las manos sobre los hombros menudos, estiró los brazos para apartarla. Ella, avergonzada por su atrevimiento, creyó que lo hacía para deleitarse y, aunque llegó por un momento a sentirse incómoda, se mantuvo quieta para dejarlo hacer a placer; no obstante, debió bajar la cabeza. Hubiera preferido que apagara la luz, que estuvieran ocultos bajo una sábana.

    Él bajó lentamente la mirada, vio las piernas delgadas, muy blancas y la mancha hirsuta que parecía una felpa, para cubrir su vergüenza. Ella vio los labios carnosos un poco abiertos y supo que no se había equivocado. El cura, antes de tomar el vestido e intentar ponérselo, pidió a Dios su ayuda. Ella se lo arrebató y lo arrojó al suelo; seguidamente, con la agilidad de un simio, lo lanzó con el pie hacia la pared.

    ―No debes temer. Te juro por mi vida que nadie sabrá esto. —Comenzaba a notarse un desespero en su voz filiforme.

    La miró con ternura: era una joven hermosa que él alguna vez soñó vestida de monja, mostrando su rostro inmaculado a Dios, rezando junto a ellos en la iglesia, ayudando con su sonrisa a los pobres.

    ―Vístete, bella niña.

    ―Padre Daniello, ¿por qué no amarnos? —le habló como si fuera una niña de seis años, quien, en una estación de autobuses, le pregunta a la madre por qué la abandona.

    ―Mi niña hermosa. Nos amamos, nos amamos a través de Dios y de la palabra…

    ―¡Padre, no siga evadiéndome! ―lo interrumpió―. Usted sabe qué quiero decir. —Estaba ceñosa—. Tenemos años conociéndonos, hablando, compartiendo, ¡hasta hemos bailado juntos! ¿Se acuerda? Yo le enseñé esos pasos en la fiesta donde recaudamos dinero para las hermanas de la Montaña de Dios. Soy su compañera de baile en las fiestas que hacen nuestros vecinos y —nuevamente volvió la razón y la hizo bajar la cabeza— desde entonces he sentido que sus manos me toman con deseo, que me sujetan con fuerza y me unen a usted. Hemos sido muy buenos amigos. Me he confesado semanalmente con usted desde que llegó aquí. Sé que usted está tan enamorado de mí como yo de usted. Si en verdad no me quiere, ¿por qué caminamos por los campos, cuando nadie nos ve, tomados de la mano? ―le dijo.

    El cura sonrió mientras negaba con la cabeza. La tomó de la mano y la llevó al sofá que estaba al lado de la puerta. Ella lo volvió a abrazar y permanecieron de pie.

    ―Veo en sus ojos el deseo ―dijo ella, casi suplicando.

    ―Tienes razón.

    ―¡Entonces! ―Sintió un rocío.

    ―Mi hermosa niña, mi deseo no tiene nada que ver con lo que tú piensas. ―Nunca imaginó que una situación semejante llegaría a suceder; era una catástrofe.

    ―Usted no sabe lo mal que me siento al estar así. Sé que en este momento debo parecerle un ser muy bajo; pero todo esto lo hago por amor a usted. No deberíamos perder el tiempo.

    ―Eso es lo que nos sobra ―dijo sonriendo―. Vístete y conversamos. Ven, siéntate en el sofá.

    ―Padre, si quiere conversar conmigo, tome esa silla y siéntese frente a mí —dijo y en seguida se dejó caer sobre el sofá. A veces quería ser atrevida, pero pasados unos segundos deseaba no haber creído que tenía el mejor plan para que el joven cura, finalmente, se decidiera a revelarle la verdad: «que la deseaba tanto como ella a él».

    Él hizo lo que la muchacha le pidió. Al levantar la cabeza, la vio recostada del respaldar, había extendido una pierna hacia uno de los brazos del sofá y encogió la otra, llevando la rodilla al pecho para tapar uno de los senos largos y flexos; el pie pequeño cubría su sexo. Él chasqueó, estaba dolido porque veía el instinto salvaje que sólo el demonio puede poner en una persona, para transformarla en un animal. El demonio le quitó la conciencia, la incapacitó para que no viera lo grotesca de la situación, y la llevó a pensar que él iba a romper un compromiso moral, religioso y de por vida, porque ella era irresistiblemente hermosa. Recordó algunas historias de la Edad Media, en las que el diablo se transformaba en una bella mujer para someter a los monjes, para hacerlos perder la razón, y así cayeran en tentación. Entonces, logrado su propósito, llamaba a Dios y le decía con sorna: «Ahí está tu siervo».

    ―Súcubo ―murmuró, estremecido.

    ―¿Qué dijo, padre?

    ―Nada. ―Bajó la cabeza.

    Agradeció a Dios por la prueba que le estaba enviando, y se sintió muy feliz. No había una hermosa mujer desnuda frente a él, sino una joven que necesitaba ayuda. La primera prueba la había superado con éxito, pero, cuidado, no debía vanagloriarse; aunque no era improcedente reconocerlo. «¡Gracias, Dios mío!», pensó. Miró con detenimiento el pezón rosado, parecido a un florón, donde imaginó una hermosa criatura bebiendo la leche divina; el vientre hospitalario que Dios creó para que sus hijos se formaran, y el pie pequeño ―que envalentonado se había convertido en un extraño cerbero de cinco cabezas―.  «Qué extraordinario ser ha creado Dios.

    ―Qué maravillosa es la mujer, qué extraordinaria. ¡Qué grande es Dios! ―dijo el cura en voz baja.

    Ella estaba convencida de que él la tomaría luego de tanto mirarla. No tenía duda de que su inexperiencia lo detenía. Lo vio arrugar la frente como señal del último esfuerzo para no entregarse. Ella se levantó lentamente y apoyó una mano en el hombro del cura.

    ―No, Estefanía, no sigas. ―Retiró despacio la mano, sin hacer fuerza, sin hacerle daño―. Podemos amarnos de muchas maneras, pero no de esta. Tengo un compromiso. Hice un juramento y te habrás dado cuenta de que lo cumplo. Si entiendes lo que te acabo de decir, entiende entonces que te amo como un padre ama a una hija, igual que amo a todas las mujeres. ¡No me llaman por eso padre! ―Le mostró una sonrisa.

    Ella sintió un sofoco momentáneo ―signo de su error y definitivo fracaso―. Abrazó con fuerza al cura, como si estuvieran al borde de un precipicio y sus pies ya no tocaran tierra.

    ―Padre, estoy avergonzada, pero no arrepentida.

    ―Y yo, agradecido. No sabes cuánto ―apenas terminó de hablar, tuvo el primer indicio de que algo muy grave estaba por ocurrir.

    El cura recogió el vestido para entregárselo. Ella se vistió rápidamente. Antes de que se subiera el cierre, él la detuvo.

    ―Vamos, déjame ayudarte, por favor. ―Le subió lentamente el cierre, el cual lanzó un chirrido bajo, y abrochó el único botón. El joven cura la abrazó por detrás—. ¡Estás helada! ―dijo cerca del pequeño oído de la joven y con la angustia de que en minutos sería derrotado.

    ―Padre, me quiero morir. ―La muchacha comenzó a llorar―. No hice esto como si fuera una golfa, sino para…

    ―No sigas. Aquí lo único que ha habido es una confesión ―el cura pensó un poco―, que, en vez de hacerse con palabras, se hizo con un acto, digamos, muy hermoso. —Caminó hacia el escritorio, cogió las zapatillas y regresó para ponérselas.

    ―Lo dice para tranquilizarme, para que no me sienta mal, para que no me vuelva loca…

    ―Lo digo porque es una confesión que me has hecho, y ahora tu penitencia es irte a tu casa y descansar. No tienes que pedirme perdón, ha sido un acto sincero, de verdadero amor ―dijo sonriendo, mostrando una paz que no sentía, porque era inevitable la desgracia que estaba por ocurrir.

    Terminó de calzarle las zapatillas, acarició los tobillos de mármol y se irguió. La tomó por los hombros para mirarla a los ojos. Esperó a que ella levantara la vista para mostrarle una sonrisa.

    —Vete a tu casa. Dios te acompaña. —Le dio un ósculo en la frente.

    La muchacha salió en silencio. Pensaba que no había estado con un hombre. «¿Y si el padre Daniello es realmente un santo?, como dicen las mujeres que van a su misa». Salió del convento sin que nadie se diera cuenta. Corrió a su casa, el bochorno la protegía del punzante frío de la montaña y mil voces la seguían en la oscuridad.

    El joven cura intentó terminar de escribir la misiva, pero no pudo. El temor por lo que seguía pensando desde que la muchacha salió de su oficina, la contrición que no siguió inmediatamente, y la falta de control sobre sus sentimientos, se lo impedían. Decidió irse sin demora al altar. Caminó rápidamente por los pasillos estrechos y desnudos mientras pronunciaba a media voz oraciones jaculatorias. Necesitaba arrodillarse ante todas las imágenes afligidas que cubrían las paredes, las escondidas en las hornacinas, la gigantesca crucifixión colgada detrás del altar y las talladas en el púlpito para rezar con pasión. Su conciencia le exigía que pidiera, que suplicara mil veces, el perdón de Dios. Decidió prosternarse en medio del lóbrego pasillo y confesar en silencio. Levantó la cabeza y miró atormentado las paredes: la Virgen cargaba al niño, una gruesa lágrima no terminaba de caer de su mejilla ruborizada; San Judas, con la cabeza ladeada, la boca un poco abierta, le advertía algo; le pareció que todos los santos tonsurados tenían las cejas levantadas y permanecían a la expectativa; Jesús posaba su vista en el suelo, no quería ver lo que se avecinaba. El cura dobló la cerviz y continuó rezando para pedir perdón, porque no lograba quitarse de la cabeza la vanagloria, no podía ocultar lo ahogadamente feliz que estaba por no haber sentido absolutamente nada de ese mal que somete a los hombres débiles, por los cuales sentía ahora, en vez de compasión, menosprecio. No dejaba de pensar en lo cercano que estaba de Cristo. Era igual a él. «¡Soy él! ¿Soy él? Soy igual a Cristo. Soy Cristo», pensó. Se sentía elevado, veía como seres inferiores al vicario, al cardenal que ayer estuvo de visita, a los obispos que por allí habían pasado, a sus profesores, a los dos sacerdotes que vivían con él, e incluso a los hombres del Vaticano. «¡Yo debería estar allá!», pensó varias veces, sin reprimirse. No hallaba la humildad que todo hombre seguidor de Jesús debe tener, que todo sacerdote necesita para servir a Dios, para ser digno de entrar en su Reino.

    ―¡Humildad, humildad, humildad! ―la llamaba inútilmente mientras lloraba, consciente de su fracaso.

    Ahí, en esos pensamientos que lo atormentaban, en esa idea que cada vez se hacía más robusta, estaba el triunfo del demonio. No mandó a la chica para que se perdiera entre sus brazos, sino para que naciera en él esa idea imposible de superar. Una trampa perfecta. Sí, ahí estaba su caída.

    La caída del padre Daniello ® Jaime Huertas Fernández

    Con información de Qué Leer


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  • Reseña “La historia de Gabriel. Un niño disléxico” de Jorge Rivero

    Leer La historia de Gabriel. Un niño disléxico (2019) es sentirse conmovido por un relato que más allá de lo útil y pedagógico que pueda resultar para quienes viven con dislexia o tengan hijos o familiares con esa condición.

    El autor ha querido relatarnos su historia en el personaje de Gabriel, él nos cuenta en primera persona todo lo que aconteció desde que nació, su niñez y adolescencia. Un muchacho que crecía ignorante de lo que padecía.

    Su madre fue una persona muy especial desde el momento del embarazo.

    Ella buscaba un lugar cómodo y acogedor de nuestro humilde hogar, tomaba el libro de Gabriel José de la Concordia García Márquez y me relataba el realismo mágico de sus palabras. Pocos días antes de nacerme dijo: «Yo quiero que seas escritor y te llamaré Gabriel» (pág.13)

    El autor, Jorge Rivero, ha querido contextualizar las etapas de la vida de Gabriel contando los acontecimientos en Venezuela que más captaron su atención: políticos, sociales, económicos, ocurridos en las décadas de los 70, 80 y 90.

    Rivero comienza escribiendo desde la añoranza. En su Venezuela natal de 1973, transcurrirá el relato por la Caracas apacible de su niñez, aquella en la que todo era más sano e inocente. Los niños y jóvenes tenían mejor calidad de vida.

    La historia de Gabriel. Un niño disléxico está dividido en 6 partes más un prólogo escrito por el juguetero Mario Calderón, su amigo, quien invita al lector a abordar la lectura sin prejuicios, desde la emoción “como lo hace un buen juguete con un niño o un adulto bien dispuesto a la ternura.”

    El niño Gabriel José es honesto, sincero en sus emociones, aun a pesar de que sentía que algo no iba bien en él.

    Después de un tiempo, llamaron a mi abuela, comentándole que yo no prestaba atención, que no estaba preparado para ir a primer grado. Yo pensé que no tendría mi franela blanca, que era lo que realmente me importaba. Vi cómo mi abuela peleó y discutió con la maestra. (pág.31)

    Mientras iba creciendo, lo que en un comienzo fue catalogado de distracción, se transformó en un problema para su rendimiento en la escuela primaria.

    Mis amigos se rieron y yo me sentí apenado. Sentía que no pertenecía a ese salón y que no era mi mundo, que tenía que afrontar cosas que no me gustaban y que si no las afrontaba estaría mal con las responsabilidades que asignaban en mi casa, ya que ese era el acuerdo con mis padres. Me esforzaba en entender, pero mi imaginación me vencía y me distraía. (pág.37)

    Gabriel no era igual a los demás niños por más que se esforzara.

    Yo solo veía que las letras de mis libros bailaban, se pegaban, se montaban unas encima de otras. Era imposible sacar una palabra de aquellos símbolos. Mi única aliada era la ventana, la cual observaba todos los días pidiendo a Dios que corriera el tiempo para ir a mi casa. (pág.39)

    Personajes y hechos iban marcando sus años, maestras que lo maltrataron psicológicamente, compañeros de clase que lo despreciaron. Gabriel era un incomprendido, el fenómeno de la clase por no saber leer bien. Eso le acarreó burlas e insultos de los demás durante años.

    Cada día yo sentía que no podía volver allí, que era una carga muy fuerte para mí. Explicaban algo y yo no podía entender y tampoco sabía cómo pedir ayuda ante esta terrible realidad. En algún momento, no solo no entendía, sino que muchos de mis amigos se alejaron. (pág.38)

    Afortunadamente, el protagonista de la ordenada bitácora de su vida, encontraría un ángel, que lo haría entender su condición, la maestra Brenda.

    —¿Cómo ver la vida desde otro punto de vista? No es nada grave. Yo te ayudaré a ver la vida. Esto puede ser difícil si uno no lo sabe manejar, pero una vez que lo entiendas todo lo manejarás a tu antojo. Dios te dio la dislexia para que veas otras formas de crecer. También te dio la inteligencia para poder superar esa dificultad. (pág.48)

    El escritor da un importante aporte para quienes padecen de dislexia. Consejos que recibió y que lo ayudaron a asumir de la mejor manera posible su escolaridad y las riendas de su vida.

    La idea es ayudar a los lectores de una forma generosa y desinteresada para que no pasen por lo que él pasó. Inclusive hay invaluables consejos sobre cómo escoger las lecturas para un niño disléxico.

    Lo más interesante es que el niño tenga curiosidad y motivación por el mundo de las letras, por temas que le gusten, o dar una introducción al tema a tratar antes de leerlo, comentar la importancia que puede tener conocer el tema sobre el que va a leer, para tratar de crear un enganche de interés entre el libro a leer y el lector.” (pág.89)

    El escritor Jorge Rivero en La historia de Gabriel. Un niño disléxico da útiles recomendaciones al personal docente. Con estas herramientas pudo salir airoso en su etapa de estudiante de secundaria. De primera mano enumera consejos necesarios para no sentirse fracasado.

    Gabriel demostró ser un joven tenaz, comprometido con sus sueños, constante en la vida. Lo demostró en su deseo de estudiar Dibujo Técnico a pesar de las voces que le decían que desistiera. Con mucho esfuerzo y el apoyo de un diputado logró graduarse en el Liceo Fermín Toro.

    —Campeón, es tu proyecto. Tú decides. Solo tú sabes, pero te repito que eso no es compatible con tu problema, con lo que hasta ahora has peleado y superado. Mi posición es que busques otra carrera más acorde a tus fortalezas y no más acorde a lo que se puede ver como tus debilidades. (pág.77)

    Uno de los logros del protagonista fue cantar como solista en la coral de su institución, algo que le demandaría mucha preparación y el vencer los miedos y las inseguridades.

    En su vida contó con el apoyo desinteresado y amoroso de su familia. Su padre “su superhéroe” y su madre, a pesar de sus escasos recursos económicos, fueron un pilar emocional para su crecimiento, desarrollo como adolescente y en la aceptación de su condición de disléxico.

    —Gabriel, mi amor, tú dejaste ese niño atrás. Gabriel, el niño disléxico, está escondido en un nuevo Gabriel, un joven luchador, un joven que ve el futuro y ve las oportunidades en medio de las debilidades. No sé tu papá, pero yo estoy muy contenta. (pág.78-79)

    La principal lección que nos deja la historia de Gabriel es que no hay impedimento, ni montaña, que te impida lograr tus metas. Con organización, dedicación y apoyo familiar y de profesionales y de las instituciones, ninguna meta es imposible.

    El disléxico es una persona a la cual se le debe entender su diferente forma de ver la vida. Una vez que el disléxico entiende que necesita algunas herramientas, la vida comienza a tener un sentido más claro para él. (pág.62)

    Creo que todos los jóvenes y adultos debemos dar una protección a las personas que puedan presentar este tipo de dificultad, ya que, de lo contrario, el resto de los alumnos pueden burlarse o crear bullying sobre él. De esta manera el estudiante disléxico vivirá un gran conflicto interno que bajará su autoestima, lo convertirá en una persona torpe y temerosa. (pág.86)


    La historia de Gabriel. Un niño disléxico

    La historia de Gabriel. Un niño disléxico.

    Género: Paternidad para niños con necesidades especiales

    Editorial ‏: ‎ Morlis Books

    Número de páginas ‏: ‎ 154


    Jorge Luis Rivero ContrerasJorge Luis Rivero Contreras

    Se graduó como bachiller en Dibujo Técnico en el liceo Fermín Toro, ingreso después en la Quinta Promoción de Policía Municipal de Chacao, donde trabajó durante nueve años, saliendo con la jerarquía de subinspector. Estando en la Policía, terminó la carrera de abogado en la Universidad Santa María y en esa misma universidad finalizó la especialización en Derecho Peral. Renunció a la Policía para trabajar en Amnistía Internacional Sección Venezuela, donde coordina a programa de Buenas Prácticas Policiales.

    Aunque dejó este trabajo, continúa trabajando como colaborador permanente y asesor temas de seguridad. Ha seguido especializándose, en diferentes universidades alrededor del mundo. En la actualidad vive en Estados Unidos de Norteamérica.

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  • Cuento “La rica del pueblo”, de Jaime Huertas Fernández

    Al día siguiente comenzarían las festividades. Cada año escogían a un vecino para que las organizara y en esa ocasión decidieron que Vinicio Palma dirigiera la compleja labor. Él alegó reiteradas veces que se encontraba atareado, sin embargo, nadie aceptó su excusa. Desde que supo que no lograría evadir ese compromiso, hacía tres semanas, empleó su tiempo en buscar un argumento irrefutable con el cual pretendía convencer a la indeseada de que no acudiera.

    Esa mañana había recibido, en la puerta de su casa, la desagradable visita de doña Benilda y otras bisabuelas, quienes reiteraron que no aceptarían la presencia de esa mujer. Amenazaron con tomarla por el moño y sacarla a patadas del pueblo si se atrevía a acercarse. Vinicio Palma miró los bastones de las siete ancianas y las imaginó propinándole bastonazos a la indeseada, como si fuera una piñata; seguramente las alentarían los vecinos, lo cual acabaría con la celebración. «¿Y no sería mejor así? ¿Es que realmente hay algo que celebrar?», pensó mientras tomaba café en la sala de su casa. Entonces recordó con remordimiento que él fue uno de los más entusiastas, el que convenció a los pocos que se negaron y el único que se mantuvo durante varios días visitando las casas, como un evangelizador, predicando la buena nueva.

    Mañana celebrarían un aniversario más de «El gran viraje», como lo llamaron los dirigentes políticos que visitaron el pueblo, hacía cuatro años, con el propósito de invitarlos a participar en el nuevo sistema de producción. La mayoría aceptó inmediatamente, convencidos de que sus vidas se transformarían en lo que siempre habían soñado.

    Oyó el saludo en la puerta ⸺que durante el día permanecía abierta, como en la mayoría de las casas del pueblo⸺. Había mandado llamar a Aquilino Calvo, quien organizó la fiesta del año pasado.

             —Saludos, paisano —le respondió Vinicio Palma antes de llegar a la puerta.

             —¿Apesadumbrado?

    Vinicio Palma percibió un dejo de burla.

    —Usted sabe más de esos asuntos que yo.

             —¡Ja! Creo saber para qué me mandó a llamar. Esta mañana vi a las abuelas salir de aquí. Cuando pasaron frente a mi casa corrí la cortina, ¡no fuera a ser que quisieran continuar el reclamo conmigo! Bastante tuve con aguantarlas el año pasado. Disculpe que no haya venido antes, pero ya comenzamos la recolección, y los muchachos y yo hemos estado todos los días en ese asunto. Menos mal que mañana hay fiesta… ¿Para qué soy bueno?

    Caminaron hacia la parte de atrás de la casa; Vinicio Palma no quería interrupciones. Cogieron unos taburetes y se sentaron bajo la sombra de un árbol de mamón.

    —Paisano, ¿qué puedo hacer? Ella es la rica del pueblo y quien pagó la fiesta —expuso con desazón Vinicio Palma.

     —¡Y la del año anterior también! ¡Y creo que la del próximo!

             —¿Usted cree que habrá fiesta el año que viene? Lo dudo. Todos estamos empobrecidos y para colmo le debemos dinero a la indeseada. Creo que, si volvemos a lo de antes, segurito inaugura un banco en las afueras del pueblo con todos los reales de nosotros.

             —¡Um! También lo creo. Estoy esperando que llamen a cabildo, ya no aguanto más. —Se acercó un poco y bajó la voz—. Esto no sirve.

             —Quería platicar con usted y que me dijera qué le dijo a esa mujer para que no asistiera.

             —Le dije que esa sería la última vez que le prohibirían venir, que el próximo año y, por supuesto, todos los demás sería bienvenida.

    Vinicio Palma oyó unos gritos: ¡Apunte!… ¡Fuego!

             —No sé qué decirle, paisano. —Aquilino Calvo se alegró de no estar en los zapatos del amigo.

    Los dos hombres permanecieron sentados uno frente al otro sin hablarse. Buscaban una solución.

    II

    La indeseada llegó al pueblo de la mano de Jacinta la Beoda, la mujer sin apellido, la limosnera que vivía en las afueras del pueblo, a unos trescientos metros de la última casa, un poco más allá del recodo. Nadie sabía con certeza si a la Rita, como la llamaban desde niña, la consiguió Jacinta en un bar de los pueblos cercanos o en alguno de los caminos que recorría semanalmente. Tampoco conocían los motivos que la llevaron a adoptarla. Pero sí sabían que las prematuras téticas de la Rita cambiaron la vida de la limosnera. Comenzó con uno de los hombres del pueblo, a la semana siguiente acudieron dos, y así fue aumentando la clientela. Todos los días, antes de llegar a sus casas desde los campos de siembra, algunos vecinos se detenían en la chabola de Jacinta.

    La limosnera apenas disfrutó unos meses de los beneficios. Murió en la silla que situaba en la entrada de la chabola, con la palma de la mano derecha hacia arriba, esperando las ganancias del día, que la niña colocó con miramiento cuando comenzaba a anochecer. Al día siguiente, don Manrique Encarnación, quien gustaba visitarla temprano para evitar ponerse en fila en la parte de atrás de la chabola, encontró a la muchachita llorando a los pies de la anciana. Se acercó descubriéndose la cabeza y le expuso: «Si me das el dinero que tiene tu mamaíta en la mano, la entierro».

    La niña, analfabeta y pobre, quedó sola en la ruinosa vivienda y continuó ejerciendo el oficio que le habían enseñado.

    —Qué opina usted, paisano, si vamos los dos y le pedimos que aguante un año más —preguntó Vinicio Palma.

             —Paisano, ¿usted en verdad cree que la Rita es la misma niña tonta de hace trece años? No sabe usted que ella misma, apenitas se acababa de morir la vieja Jacinta, le pagó al maestro Benavides, con usted sabe que, para que le enseñara a leer, escribir, sumar y restar.

             —¡Y vaya que sabe sumar bien! ¡Ah!, ¡qué daño nos hizo esa gente!

             —¿De quién habla?

             —¡De los que inventaron esta zoquetada! —gritó Vinicio Palma, quien parecía regañarse a sí mismo.

    Volvieron a quedarse callados. Vinicio Palma recordó el recibimiento alegre y bullicioso que les dieron a quienes por fin llegaban para ocuparse de los habitantes del pueblo. Durante dos días permanecieron escuchando la novedosa propuesta y la manera de ponerla en práctica. Al mes, tal cual se los habían prometido, dejaron en medio del pueblo unos toneles de pesticida, varios sacos de semillas, una cosechadora nueva y suficientes aperos para todos. El primer año la producción fue buena, nadie obtuvo beneficios; pero habían acordado que las ganancias no era lo importante, sino el nuevo sistema de producción: “El gran viraje”.

    A partir del primer año, algunas mujeres del pueblo comenzaron a situar un mesón frente a la puerta de sus casas, en los que presentaban mercancía diversa, la cual intercambiaban con los vecinos; así lo habían recomendado quienes los visitaron.

    Esa mañana, mientras Vinicio Palma intentaba conseguir una solución al problema que lo aquejaba, su mujer salió con un pequeño saco de café. Se dirigió despacio a la calle principal del pueblo, donde miró con interés los productos que había en los mesones, al tiempo que conversaba con sus vecinos. Cambió un poco de café por tomates, en otra casa escogió mangos, más adelante, pan. Continuó caminando hasta que llegó a la última casa, donde Luisa María confeccionaba unos manteles muy bonitos, que ya eran famosos en los pueblos vecinos. Las negociaciones comenzaban con la pregunta que les aconsejaron: «¿Trocamos, vecina?». Nadie aceptaba los billetes ni las monedas que emitía el Estado. Habían creado sus propios billetes, con los cuales compensaban cualquier diferencia en los valores de los productos. Así les habían explicado los expertos en economía que los visitaron. La Rita era la única que los aceptaba. Ella no asistió a las reuniones de los expertos, por consiguiente, no aprendió que los antiguos billetes representaban el pasado, y la idea innovadora consistía en crear todo nuevo, desechar lo viejo, sin importar que en el resto del país continuara circulando la moneda que ellos aprendieron a desdeñar. Al quedarse con todo el dinero en efectivo de los habitantes del pueblo, la Rita se vio en la necesidad de abrir su primera cuenta bancaria. Viajó al pueblo más desarrollado de la montañosa región, el único que disponía de un banco. No pensaba quedarse más de un día, pero debió permanecer por dos semanas, pues hubo de esperar a que el jefe civil le expidiera el documento de identidad ―en el que inventaron todos los datos, desde el apellido hasta la profesión: comerciante―. La Rita regresó con un niño, de unos seis años, a quien consiguió en la calle. Lo llamó Jacinto en honor a su madre; era quien le hacía los mandados al pueblo.

    Una vez que la moneda de curso legal desapareció, la Rita comenzó a aceptar el pago en especie. Recibía tantos productos que a los dos meses la vivienda le quedó pequeña, el único espacio libre era el cuartito en el que recibía a sus clientes. Así que un día, temprano en la mañana, se dirigió a los pueblos vecinos a vender la mercancía sobrante. Los buenos resultados que obtuvo la indujeron a repetir la operación comercial dos veces a la semana. En un primer momento alquiló un burro, que cargaba con una montaña de costales; al poco tiempo dejó la tracción a sangre y arrendó una vieja camioneta. Con las ganancias construyó un pequeño almacén y reformó la casa. Los habitantes de los pueblos cercanos, los cuales no habían aceptado participar en el nuevo sistema de producción, comenzaron a acudir al nuevo negocio de la Rita, atraídos por los buenos precios.

    Luego del quinto viaje en la destartalada camioneta, la Rita decidió retirarse del oficio que ejerció desde niña. No lo necesitaba. Su almacén gozaba de tal fama que todas las semanas recibía proveedores de pueblos lejanos. Mientras tanto, las malas cosechas, el desgano y la falta de repuestos para la cosechadora (que dejó de funcionar al poco tiempo de ponerla en marcha), llevaron a los vecinos del pueblo a conocer la verdadera cara de la miseria.

    Un día, la Rita se despertó con la pujante idea de que el dinero la ayudaría a ser aceptada en la comunidad. Lo primero que hizo para ganarse el favor de los habitantes del pueblo fue visitar un domingo la capilla, antes de que el joven cura oficiara la misa, para preguntarle si le permitía asistir. El cura vio la oportunidad de agregar un feligrés más y muy contento le dijo que sí; pero, para evitar molestias, le pidió que asistiera bien cubierta, con la mejor ropa, y se quedara parada en la puerta. Así lo hizo durante un año; para el segundo, la Rita se fue acercando poco a poco al pequeño altar. Cada mes daba un paso imperceptible para que las mujeres no se quejaran. Por esos días se sentaba en la segunda fila, en el extremo del banco, con el niño Jacinto a su lado. Las mujeres la soportaban en silencio, principalmente porque el cura, cada vez que lo consideraba oportuno, predicaba sobre la tolerancia. Aun así, de vez en cuando se oía a media voz una queja, un susurro entre amigas.

             —¡Ahí está la Rita esa! —dijo una mañana la abuela Benilda.

             —¡La Rita, será la rica! —le contestó la vecina, interrumpiendo el rezo del rosario y sin levantar la cabeza.

    III

    Un día, el cura decidió que había llegado el momento de transformar la capilla en una iglesia modesta, así que convocó a los vecinos para saber cuánto podían aportar cada uno. Nadie tenía dinero para los materiales, y en los otros pueblos no aceptaban ni trueques ni los papelitos que Asunción Espina había mandado a hacer para sustituir los pesos. La Rita dio el dinero necesario y le dijo al joven cura que se olvidara de la palabra “modesta” e hicieran una iglesia respetable.

    IV

    La Rita estaba en la parte de atrás de la casa (donde había construido un galpón de doscientos metros), haciendo el inventario de todos los lunes, cuando el niño Jacinto se acercó a decirle que don Vinicio la requería.

             —Ya nadie me requiere, angelito, ahora me buscan.

             —La busca don Vinicio, mamaíta —rectificó el niño, quien no había crecido mucho para la edad que tenía.

     En la puerta de la casa vio a Vinicio Palma. El hombre llevaba puesto el sombrero ancho que lo caracterizaba. Se veía enfadado. Nunca había puesto un pie en esa casa. Vinicio Palma fue durante muchos años el cliente asiduo de una hermosa jovencita que trabajaba en una casa de tolerancia en un pueblo lejano. En esos tiempos se dedicaba a la artesanía, ganaba bastante dinero y lo derrochaba en juergas. Cuando se hallaba en los brazos de la muchacha se quedaba hasta tres días sin salir del cuarto. Siempre le llevaba obsequios. En varias ocasiones le ofreció sacarla de ese mundo clandestino, llevársela con él; pero esos sentimientos desaparecían cuando tomaba el camino de regreso, tenía una joven esposa que lo esperaba con dos criaturas, que todavía no cumplían la edad para ir a la escuela, y otro que llevaba en el vientre.

    La Rita le sonrió amablemente, con un dejo de igualdad que él no hubiera permitido si no se encontrara en esa situación tan penosa.

     —Doña Rita —dijo, inclinando levemente la cabeza. Enseguida se descubrió.

             —Don Vinicio, ¿cómo está? Pase, por favor.

    La mujer quedó impresionada por el tamaño del visitante, a quien siempre había visto a la distancia. Conservaba la espalda ancha, sus brazos eran vellosos y muy blancos; usaba un bigote pequeño, bien rasurado y tan canoso que casi no se le veía.

    Pensó rechazar la amable invitación, pero la apariencia serena de la mujer, la casa grande y lujosa, y la niña que se acercaba con una bandeja de madera en la que había dos pequeñas tazas, lo hicieron cambiar de opinión. Apenas Vinicio Palma tomó asiento, la niña le ofreció una de las tazas de café. Estaba asombrado y perplejo, pues parecía que lo estuvieran esperando. Bebió un poco, miró hacia su derecha y creyó ver un espejismo: otra niña, igual a la que estaba frente a ellos, les preguntó desde la puerta de la sala si deseaban algo más.

             —¿Son sus hijas? —no pudo evitar la pregunta.

             —¡No, don Vinicio! A estas niñas las traje igual que a Jacinto, en una de mis idas al pueblo de Concepción, el mismo donde me consiguió a mí mamaíta Jacinta. Las conseguí pidiendo en la calle y, como no tenían familia, me las traje. Son gemelas.

             —Es usted muy caritativa —dijo distraído. El pueblo de Concepción, al cual no visitaba hacía muchos años, le traía buenos recuerdos.

     —No puedo hacer menos. La vida ha sido muy mala conmigo y muy buena a la vez, así que no quiero la parte mala para estos niños. Ya para eso sufrí yo; y como no podré tener hijos.

             No se atrevió a preguntar el porqué, aunque sintió un deseo irresistible de hacerlo. Siempre era conveniente conocer alguna noticia novedosa para comentarla con los vecinos en las tardes, cuando se reunían en la plaza.

             —Yo sé a qué vino, don Vinicio —aseveró lentamente, sin manifestar enfado—. El año pasado le tocó el difícil trabajo a don Aquilino. La diferencia fue que él no quiso entrar, quizá le traía buenos recuerdos… o remordimientos.

             Vinicio Palma sintió que el café le bajó por la garganta como una piedra volcánica.

             —Pues me evita con ese conocimiento suyo la bochornosa explicación. —Creyó que eso era todo, que nada más debían decirse.

             —Eso es cierto, pero tengo que decirle, aunque estoy segura que don Aquilino ya lo hizo, que el año pasado se me prometió que podía asistir como una vecina más, como una invitada a la celebración y, más aún todavía —hizo silencio antes de continuar—, como la anfitriona para la del próximo año. He contribuido mucho con este pueblo que no me quiere, he pagado casi toda la iglesia, arreglé la escuela, y aun así llegaron a prohibir que Jacintico asistiera; si no hubiera sido por la intermediación del padrecito, el niño estaría recibiendo clases aquí como lo tuve que hacer yo. Les he prestado dinero a muchas personas, he fiado en el almacén a casi todo el pueblo, y estoy en condiciones de seguir ayudando. Me atrevo a decir que la prosperidad del pueblo empieza aquí y seguirá hacia la calle por donde usted vino.

    Vinicio Palma recordó el día en que Benilda y las otras bisabuelas se marcharon iracundas de su casa. Nuevamente se recriminó por no haber tenido el coraje para oponerse a organizar el evento. Prefirió ser intransigente con la Rita a sufrir nuevamente las quejas de las bisabuelas, las abuelas, las hijas, las nietas y de todos los hombres que habían pasado por la choza que ahí hubo, a la que despreciaban como si fuera la letrina del pueblo. Se armó de valor para no fallar en su propósito, para decirle con su moralidad intachable las razones definitivas e indiscutibles por las cuales era mejor que no asistiera a la fiesta, y para que jamás llegara a insinuar la impensable propuesta de ser designada la anfitriona del próximo año; esta última idea era más fácil de llevar a cabo, ya que pensaba proponer que regresaran al sistema de producción con el que habían nacido, el cual podía ser imperfecto y todo lo que quisieran argumentar, pero mejor a éste, que lo obligaba a negociar con una prostituta retirada.

    Antes de continuar con sus argumentos, la Rita se inclinó para tomar la taza vacía que Vinicio Palma sostenía en la mano desde hacía rato, y la puso en la mesita que estaba al lado de ella. El movimiento hizo que de su escote saliera un camafeo, el cual quedó a la vista del visitante, y permaneció sobre la blusa turquesa de la dueña de la casa.

    Vinicio Palma tuvo un sobresalto.

    —¿¡De dónde sacó usted eso!? —dijo, señalando con el dedo índice al camafeo.

             —¡Ah!, esto era de mi madre, de mi verdadera mamá. De ella no recuerdo casi nada… Mamaíta Jacinta me dijo que con esto y un vestidito sucio fue con lo único que me consiguió.

    La mujer se acercó sin levantarse de la silla, cogió delicadamente el camafeo y lo abrió despacio, como si fuera un acto protocolar. Vinicio Palma vio los dedos delgados y las uñas largas y esmeradamente pintadas. La cadena quedó suspendida como un puente de lianas y en uno de sus extremos se insinuaban unos senos voluminosos que ponían a prueba los botones de la blusa. Un perfume denso le impregnó los bigotes.

             —Aquí están la virgen de la Concepción y San José. ¡Aunque es un San José raro: nunca he visto a otro San José sin barba!

    Vinicio Palma, luego de ver las fotografías pequeñas y borrosas, sintió que le venía un síncope. Respiró profundo, llenó de aire los viejos pulmones hasta sentir que le iban a estallar. Salió del aprieto que hubiera sido caer muerto en esa casa, pues todos dirían que nada decoroso lo llevó allá. Trató de levantarse, pero las piernas enervadas lo amarraron a la silla.

             —¿Se siente bien, don Vinicio? —La Rita se preocupó; el hombre había palidecido.

             —Sí, sí. No es nada. Cosas de la edad. Ya se me pasó.

             —Le voy a traer agua.

    La Rita se levantó para ir a la cocina; él la tomó con fuerza por la muñeca. La mujer lo miró asustada. Vinicio Palma consiguió ponerse de pie, como un búfalo de río que logra salir airoso de una trampa de lodo.

             —No se preocupe. —La miró directo a los ojos. No hubo dudas—. Me marcho.

             —¡Pero no hemos terminado de hablar! ¡Quiero saber…!

             —La conversación terminó —dijo con sequedad mientras caminaba hacia la puerta—. Si el próximo año llegamos a celebrar algo, será el haber terminado con este maldito experimento. —Se caló el sombrero y se detuvo en el umbral—. Usted será siempre bienvenida a esta y a todas las fiestas que se hagan en el pueblo de ahora en adelante.

             —Pero ¡las demás mujeres del pueblo, los hombres…!

             —¿No me acaba de decir que la mayoría tiene deudas con usted? —le habló en voz alta, de espaldas: se negaba a verla.

             —Sí. Tengo un libro lleno con sus firmas en cada pedido.

             —Entonces, no se inquiete. Yo me encargo. Hasta mañana.

     La Rita quedó desconcertada. Desde la puerta lo vio alejarse despacio y lo siguió con la mirada hasta que cruzó el recodo.

    Las niñas llegaron a la puerta y se recostaron de sus caderas; ella las abrazó. El niño Jacinto se paró delante de ellas mirando a su madre.

           —¿Qué pasó, mamaíta? ¿Quién era ese señor? —preguntó la niña que había llevado el café.

             —Un buen hombre —dijo pensativa—. Todavía hay gente buena en ese pueblo.

             —¿Y a qué vino? —preguntó el niño.

             —Vino a invitarnos a una fiesta —dijo satisfecha—. Mañana vamos los cuatro a celebrar.

             —¿Y qué celebramos, mamaíta? —preguntó una de las niñas.

             —Que la paz ha llegado al pueblo. Que ahora todos somos iguales.

    La rica del pueblo® Jaime Huertas Fernández

    Con información de QuéLeer


  • Reseña de “Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos”, de Patricia Visaggio

    De la escritora argentina Patricia Visaggio (Buenos Aires, 1976), Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos (Caligrama, 2022) es una historia de ciencia ficción futurista que atrapa al lector desde su comienzo.

    Z es la joven protagonista del libro, quien ha vivido su infancia y juventud en confinamiento está a punto de ser ejecutada, acusada de una muerte en circunstancias poco claras.

    En una sección especial del ala norte del hábitat subterráneo llamado Terra, núcleo urbano perteneciente al Territorio de los Desiertos, residía Z, y era cierto que jamás había salido de allí. De hecho, ni siquiera conocía otro nivel más allá del único al cual tenía acceso” (pág.43)

    La superficie del planeta no es segura. Los seres humanos habitan cuatro hábitats subterráneos que abriga a las especies en el nuevo mundo: Terra, Ignis, Aqua y Ventus, bajo una única ley y un único dominio.

    La vida y la muerte son cara y cruz de una misma moneda para los habitantes de los territorios habitados. Su propia vida no les pertenece. Son parte de un sistema de producción que pretende mantener el equilibrio.

    Z es capaz de adaptarse muy bien a las extremas condiciones de su entorno porque ha sido sometida a modificaciones genéticas que le permiten ver en la oscuridad y soportar el frío de diez humanos.

    Sin embargo, ella ha debido enfrentar duras pruebas físicas que la han dejado al borde de la muerte en más de una ocasión.

    Existían dos rutinas clave en la vida de Z. La primera consistía en pasar las pruebas físicas establecidas por el primer regente Rosson sin morir. La segunda residía en el proceso de curación de las heridas causadas en la primera. Cuanto más tiempo tomaba la segunda, más se alejaba de volver a enfrentarse a la primera. (pág.51)

    Tras haber estado muerta durante 2 minutos, ella se enfrentará a un nuevo destino, sin identidad. Pero tiene una nueva oportunidad. Z se embarca en una travesía hacia lugares que no conoce, llega a Aerus y tras salvarle la vida a Iwan Dewar, este ofrece llevarla al Territorio de los Aires, sede del Hábitat Ventus.

    Z muere. Nace Sia Dewar. Es un libro sobre segundas oportunidades, esperanza e inconformismo.

    Z se resiste, duda. Su motivación es ser libre. ¿Existiría la tierra de libertad que le fue prometida? ¿O simplemente debía acostumbrarse al nuevo hogar que le ofrecían en Ventus porque no había nada más allá, sino la muerte segura?

    Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos está estructurado en seis partes en las que se desarrolla una historia de libertad, de evolución, de injusticias en la que el valor de la vida de una persona va a depender del recuento de sus créditos.

    A cada habitante le era otorgado un recuento al llegar a su decimoquinto aniversario con el fin de sostener el equilibrio entre la población, la producción y el consumo de alimentos, bienes y energía…La improductividad reducía el recuento de créditos y al llegar a cero cesaba la relación del habitante con el hábitat para convertirse en una baja. La muerte asistida era limpia. Simplemente, se procedía a detener la actividad cerebral. (pág.48)

    En la línea espacio tiempo, la trama va del presente hacia el pasado para poder entender mejor los hechos. Otro aspecto a destacar es el uso de las descripciones que Patricia Visaggio emplea con mucha destreza para contarnos sobre los hábitats, modos de vida y personajes.

    Z destaca por la narración en primera persona, ella tiene una constante comunicación consigo misma y con DOM, la inteligencia sintética que ha sido su única aliada en su vida anterior y en la que emprenderá en Ventus.

    No tan sola. Z contaba con la compañía de una entidad invisible…Él gozaba de amplia autonomía; sin embargo, al igual que Z, se encontraba atrapado. Ella en Hábitat Terra y él en el éter. (pág.44-45)

    Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos es un libro de aventuras y desafíos. Es muy emocionante con acciones y personajes que cautivarán al lector de principio a fin.

    Iwan presiente que Z tiene que ver con una premonición realizada por Moana, la clarividente de los cuatro territorios, sobre el fin de la opresión.

    —La mujer de fuego abrirá los cielos sobre nuestro hábitat y nos elevará desde las profundidades de la tierra hasta el cielo abierto —dijo Marion (pág.190)

    Tan fuerte como su cuerpo, es su obstinación por la libertad. Z o Sia irá descubriendo que existe una posibilidad de conexión entre Ventus y la superficie.

    Si ya tenía la fortaleza para dejarse morir, ¿por qué volvía a esa idea absurda? ¿Ser libre? Y soñar con la libertad no se daba únicamente mientras dormía, sino despierta. Podía verse y sentirse libre y aquel sueño se daba en la superficie. ¿Cómo había llegado esa imagen a su cabeza? ¿Cuántas veces le había preguntado a Argus Ferri si algún día podría ser cierto? Y siempre la respuesta era el silencio. (pág.71)

    Z dejará esa coraza de sufrimiento para abrir sus sentimientos a Iwan, su benefactor y la fuerza transformadora del amor obrará cambios en sus sueños personales.

    Ambos recorrerán la superficie y se enfrentarán a los riesgos del clima y las condiciones extremas con miras a darle un mejor futuro a los habitantes de Ventus.

    ¿Qué tal si este es el principio de una vida en la superficie?, repetía una y otra vez, y no era descabellado, allí estábamos, respirando el aire que creíamos tóxico. ¿Por qué no seguir? (pág.407)

    Z lucha contra la injusticia, se opone a las muertes por desconexión por su recuento de créditos limitado que afectan a Ventus y la cantidad creciente de huérfanos.

    Los habitantes pueden participar en la peligrosa competencia anual de los Diez Desafíos, donde muchos mueren ante las difíciles pruebas. Z decide participar para salvar a Enara, la abuela de Iwan quien necesita un corazón nuevo que representa un alto costo. Abuela y nieto han salvado a muchos compartiendo sus créditos.

    Este libro tiene personajes inolvidables como la doctora Baris Strof, el Primer regente Sivan Rosson y otros a quien Z les ha marcado la vida, como es el caso deKian Hinds, quien tuvo una segunda oportunidad para demostrar que podía ser útil y darle a su vida un nuevo sentido:

    —¿Estás ahí? —dijo asustado.

    —A sus órdenes —respondió la inteligencia sintética.

    —¿Por qué aún no he muerto?

    —No lo harás, tu recuento de créditos ha sido restaurado. Tu vida comienza otra vez. (pág.98)

    Patricia Visaggio ha creado una historia fantástica que, si fuera llevada al cine, podría extenderse como mínimo en dos largometrajes. Terra, tiene en Z a una heroína de lujo, una historia que deja mucho a la imaginación, y que será muy interesante para los amantes del género de ciencia ficción.

    El primero de una saga futurista, como ella misma lo ha escrito: “I write for you to see what I can see” (escribo para que veas lo que puedo ver).

    No soy Sia Samaras y no provengo de Hábitat Aqua. Mi nombre es Z, nací y morí en Terra. Estoy muerta porque fui ejecutada.” (pág.461)

    ¿Qué tan malo podía ser si quien moría era la que jamás había tenido una vida? ¿Y qué había de su deseo insatisfecho de ser parte de un hábitat, de una familia, de no volver a sentir que la única presencia a su alrededor era la voz de la inteligencia sintética?” (pág.113)

    El silencio era mi escudo y mi voz es libertad. Por eso, no temeré.” (pág.221)


    “Terra El exilio del Territorio de los Desiertos”, de Patricia Visaggio
    Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos

    Género: Ciencia ficción y fantasía

    Editorial ‏: ‎ Caligrama

    Número de páginas ‏: ‎ 568


    Patricia Visaggio

    Patricia Visaggio(Buenos Aires, 1976) Al concluir sus estudios universitarios comienza su carrera en marketing, su trabajo de día el cual sigue ejerciendo. Recientemente publica Terra: El exilio del Territorio de los Desiertos, su primera obra del género ficción científica realista, una dimensión del futuro a una distancia simbólica del presente.

    La afinidad por este género es parte de su objetivo personal: hacer crecer aquello que la autora considera una virtud y una facultad sin límites: la imaginación, y que se ve plasmado en la dedicatoria a sus lectores del primer libro de la saga Terra: “I write for you to see what I can see” (escribo para que veas lo que puedo ver), y así compartir y alentar esa virtud en otros.

    También autora de otras novelas publicadas bajo el seudónimo Pat Visage: Periferia, una novela del género realismo psicológico, El Umbral, novela de ficción científica y fantasía, y La Insignia, novela de suspenso.

    Si fuera posible volver a habitar la superficie del planeta,
    ¿Qué sacrificarías por hacerlo realidad?

    Con información de QuéLeer


    Lea también: Reseña de “Autrefois”, de Adalberto Llinas

  • Reseña de “Autrefois”, de Adalberto Llinas

    Autrefois (2022) es un libro mágico porque parte de la búsqueda y de la remembranza, leerlo genera inquietud en el lector sobre el origen de la vida.

    Quien se adentre en sus páginas podrá compartir las vicisitudes, los pensamientos e investigaciones del profesor universitario y librero Gonrad Zabine quien no cesará en su empeño por darle sustento a una “teoría” que parte de su inconformidad con lo que hasta ahora se conoce y se da por verdadero.

    Autrefois es un libro para inconformes, para quienes no dan todo por sentado. Una verdad tiene muchas caras. Y el lector quedará tan impactado como los alumnos de Zabine. El personaje despierta el deseo por indagar, por dudar de las creencias establecidas.

    El escritor Adalberto Llinas nos presenta su tercera novela que tiene elementos de El Código Da Vinci por ese afán de descubrir la verdad de una forma metódica a costa de cualquier riesgo, así como también tiene un aire al mágico ambiente de una buena librería que es un excelente punto de partida como en La sombra del viento. Una librería con tesoros invaluables, siempre nos deparará una aventura extraordinaria. En esta historia, es la Librería Argel.

    Autrefois es una novela compuesta de 46 capítulos. Emocionante de principio a fin. Con enseñanzas basadas en teorías de personajes históricos y épocas significativas. El lector se paseará entre mitos y personajes como Charles Darwin, Platón, Aristóteles, Dante Alighieri, y hasta el propio Jesucristo.

    Zabine se convertirá en todo un detective que pretende encontrar las claves que le den sentido a la teoría de la evolución, el origen del planeta y de las especies.

    Llinas ha construido un personaje memorable por su capacidad de análisis y síntesis, una mente brillante, con una personalidad un poco despistada, nerviosa y distraída, a quien el sexo opuesto le causa algo de perturbación. Duerme muy poco. Piensa mucho.

    Gonrad Zabine es una persona muy centrada, cuya tranquila y rutinaria vida transcurre entre libros y estudiantes. De la Librería Argel a la Universidad Estatal y de allí a la vieja casa de la Avenida de los Próceres, esa es su rutina diaria.

    ¿En qué momento la sosegada vida del profesor se trastoca? Él conocerá a Francesca, una enigmática y atractiva mujer con un encargo misterioso que cambiará su vida. ¿Qué ocultan esos manuscritos? Pero el tiempo transcurre y a Francesca, la escritora, se la ha tragado la tierra. ¿Dónde estará la misteriosa mujer que le ha robado la tranquilidad?

    «Confundido sale del apartamento 305, no toma el ascensor, baja las escaleras observando el entorno. No hay opción de error ese es el lugar donde dijo Francesca que residía. ¿Qué hay detrás de esta absurda cadena de hechos?” (pág.44)

    Los personajes femeninos como Francesca, Renata, Fiorella, Nwabosi Makanga, Hellen Kanuk y Anastasia de Merth, son trascendentales en el desarrollo de la trama. Cada una tendrá un peso específico como si de un rompecabezas se tratara.

    Zabine deberá enfrentar el dolor. La injustificada muerte de su padre Gustav, bajo un manto de impunidad.

    «La muerte que entre más inesperada y violenta, genera una herida más intensa y profunda”. (pág.60)

    Zabine está a punto de descubrir algo que puede ser la respuesta a sus preguntas. Se encuentra entre fuerzas antagónicas que están a punto de estallar. Él está en el medio, cree tener la razón, aunque revelar la verdad podría impactar a toda la humanidad. No todos están preparados para conocerla. Las señales a su alrededor le indican el camino. Uno lleno de peligros.

    «

    Sintió un pródromo, de repentina manera el oscuro presagio recorrió su rostro, como cuando se acerca una noticia catastrófica, siguió caminando con ciertas dudas”. (pág.18)

    Sale y toma un taxi. Es claro que mi Teoría del origen del mundo es un cambio de paradigmas y lograr probarlo, transformará la sociedad. Debe haber muchos interesados en que la verdad no se sepa, incluso piensa en este hecho como el motivo de la muerte de su padre o la desaparición de Francesca”. (pág.68)

    En cada capítulo que transcurre, el lector se hará adicto a una trama que se pone mucho más interesante. Gonrad Zabine sentirá que, por fin, podrá darles sustento a sus investigaciones.

    «El profesor Gonrad ya contaba con los recursos aprobados para su investigación sobre una visión integradora del origen de nuestra raza. Hoy junto al profesor Tolomeo Kabal han sido llamados por nuestro rector a confrontar dos visiones académicas, bajo el rigor de la investigación científica, sobre los orígenes de nuestra humanidad”. (pág.82)

    Un viaje a la Universidad de Ciudad del Cabo es el primer paso para conseguir su objetivo. Pero, nada estará fácil, habrá obstáculos inesperados.

    «Es claro que vamos por el camino correcto: la ciencia y la religión Dicotomía antagónica, hasta nuestros tiempos, Se unen en una quimérica teoría para encontrar la verdad bajo la muy posible real concepción polisémica”. (pág.108)

    Gonrad y Tolomeo viajarán juntos a pesar de sus diferencias de aproximación que se harán más evidentes e inclusive insalvables, aunque inicien el camino juntos, ya nada será igual. Gonrad tiene la esperanza de investigar para unir la dicotomía de la teoría de la evolución y la doctrina de la creación.

    Muertes inexplicables, encuentros furtivos, verdades ocultas, que a muchos no les interesa que se sepan. Gonrad se ha transformado en un inconveniente, alguien que obstaculiza y eso será grave para él y el destino de la humanidad.

    «Nosotros, los homos Sapiens, somos los únicos seres del planeta que indagan por su origen, por su evolución y por su futuro” (pág.126)

    Sabemos que investigando y conociendo el pasado podemos prepararnos para el presente y predecir el futuro. (pág.81)

    El final de Autrefois deja muchas interrogantes. La revelación de Gonrad Sabine apenas ha comenzado. Le espera un camino difícil. La verdad ya no puede seguir ocultándose.

    ¿Cuál es el origen de nuestra humanidad? ¿Somos solo un mono con suerte? ¿o somos realmente, hijos de Dios? (pág.83)


    Autrefois

    Colección: ficción / ficción-metafísica

    Páginas: 224


    Adalberto Llinás

    Médico, Magíster en salud pública. Apasionado por las artes, su voraz apetito por la investigación lo ha llevado a una constate búsqueda que se bifurca en el tiempo a través de dos continentes.

    Ha publicado numerosos libros: Máscaras, arte símbolo y cultura; Bioneurotransformacion, una aventura personal; El algoritmo para reinventarno;, Monolito #2050.

    Autrefois es su tercera novela, en ella explora bajo el simbolismo de una prosa con temas de ciencia ficción, un llamado del pasado en busca del futuro.


    Lea también: Reseña “Viaje imaginario a Asia Central” de Manuel Noya García

  • Reseña “Viaje imaginario a Asia Central” de Manuel Noya García

    Asia Central es un territorio que, a los ojos de occidente, sigue siendo un desafío, recorrerla y experimentarla con los ojos de un abuelo que quiere dejar a su nieto un relato entre lo imaginario y lo real, con olor y sabor a aventura es lo que ha logrado el escritor Manuel Noya García (Santiago de Compostela, 1942) creando una historia especial, exótica y muy divertida.

    Las ciudades y pueblos que se reflejan en este libro, son nombres mágicos que invitan a forjar sueños y deseos, además de evocar y construir viajes y experiencias. Noya García ideó su propio Oriente, tan real y vivo como su fértil imaginación.

    Viaje imaginario a Asia Central es un libro genial, que puede ser leído por niños y adultos. La frescura de su prosa y la claridad de su lenguaje, hacen que la imaginación se active y el lector viaje junto a estos entrañables personajes.

    El autor español nos traslada a un mundo lejano pero que se siente cercano, gracias a la calidez de sus palabras y la especial energía que aporta al relato con el que todos podrán identificarse; después de todo, a quién no le agrada una buena aventura.

    Todo comienza en el puerto de Shali a cien millas de Karachi en Pakistán con la llegada del aventurero Sahib, el personaje principal, allí conocerá Regenbogen, su joven compañero huérfano con quien hará una fabulosa dupla. Ambos emprenderán un viaje por paisajes reales y de gran exotismo.

    La imaginación sin límite de Noya nos pasea por palabras, costumbres y ciudades que nacen de su ilimitada creación. Exalta las descripciones con el entusiasmo del viajero, del explorador, del aventurero.

    «Los pakashanis conocen varios instrumentos musicales con los que interpretan música de cuatro notas; son los “unicordios”, parecidos a nuestros violines pero con una sola cuerda fabricada con una crin de caballo; las “kostilletas”, una especie de xilofón que construyen hábilmente con la parte del esqueleto correspondiente al tórax de una cabra y que percuten con dos húmeros del mismo animal; la “binchabincha”, hecha de vejigas insufladas de dromedario, que resuena al ser frotada con el pulgar…”  (pág.22-23)

    Esta  pareja aventurera comenzó el recorrido como en antaño, con mulas y camellos, sin embargo, la mirada curiosa de los demás los hace cambiar de idea.

    «Me sentí anacrónico y decidí cambiar de transporte” (pág.32)

    De allí en adelante se trasladarán en trenes y autobuses.

    Sahib es un hombre extremadamente culto. Dominaba el persiano clásico, árabe coloquial, pakistaní, latín, chino mandarín y cantonés. Nunca tuvo problemas para comunicarse y siempre, su ágil mente, lo sacó de más de un problema.

    Llegaron al paso de Khyber de 53 km de largo, en la frontera entre Afganistán y Pakistán. Siguieron el recorrido, al igual que los persas, los griegos, los mogoles y los afganos desde el norte, y los británicos desde el sur.

    Viaje Imaginario a Asia Central (2022) está dividido en dos partes.  La segunda mitad comienza con la visita a la Gran Muralla China.

    Durante el camino van conociendo personajes e historias interesantes. Porque eso sí tenía, Sahib, era un excelente conversador y observador.

    «Tuve que centrar mi atención, para pasar los dos días programados, en el mejor conocimiento de las costumbres de sus moradores, ya que, al modo de aquellos ilustrados que hacían el “Grand Tour” por diversos países, pienso que los viajes sirven a fines culturales de aprendizaje” (pág.45-46)

    La cultura china le llama poderosamente la atención y tiene una particular teoría sobre el origen de los ojos asiáticos.

    «Nos sentimos observados por ojos ocultos tras estrechas aberturas verticales practicadas en las paredes de casas, como troneras que hacían las veces de ventana. Una súbita inspiración me reveló así el origen de la oblicuidad de los ojos orientales: se trataba de una adaptación darwiniana al medio, tras generaciones y generaciones de antepasados que necesitaban inclinar ligeramente la cabeza para ser capaces de mirar a través de tales hendiduras. ¡Cuántos descubrimientos científicos tienen su origen en estas felices casualidades!” (pág.54)

    Recorre poblaciones autóctonas que se guían por prácticas ancestrales y en donde el progreso no tiene cabida. La Skola Suprema de Derviches Sabios eran quienes poseían el saber que no había sido transmitido a comunidades internacionales. Vivían aislados.

    «Siguiendo las estrictas normativas del gobierno provincial, los niños aprendían el idioma propio de la provincia, la geografía de la provincia, la historia de la provincia, la música de la provincia y las matemáticas de la provincia. “No nos interesa lo que no es nuestro” –declaró con orgullo-. “Somos muy independientes”. (pág.48-49)

    Su periplo lo lleva a Samarcanda, una ciudad de Uzbekistán conocida por sus mezquitas y mausoleos. Forma parte de la Ruta de la Seda, la antigua ruta comercial que enlazaba China con el Mediterráneo.

    «¡Samarcanda! ¡Has cautivado a los persas, los griegos, los indios, los mongoles, los chinos, los afganistanianos, los kafkanistanos, los turquestanos, y todos te han hecho capital de sus imperios!” (pág.64-65)

    Muy divertido episodio del viajero que le increpa para que no deje de visitar Samarcanda. Aunque ya no quede nada de lo que históricamente, la hizo famosa.

    Sahib va aprendiendo de los pobladores.

    «Los kafkanistanos, turkistanos, ubzajinistanos y otros pueblos que viven en Asia Central, entre turcos al Oeste, mongoles al Este, persoindostanos al Sur y rusos al Norte, son muy dados a supersticiones absurdas” (pág.59)

    Aunque reconoce que los tiempos han cambiado y ya los pobladores no son ni la sombra de sus antepasados.

    En su viaje a China, hizo una evaluación de los chinos en cuanto a la rareza de sus costumbres. Junto con Regen y el guía Xa Che Vin visitó la carretera de Guoliang, con su famoso túnel excavado en las rocas de las montañas Taihang.

    Para Sahib, no hay cansancio que valga porque su motivación está muy clara.

    «El viaje empieza a cansarme un poco, cosa lógica cuando ya he recorrido sobre la Gran Muralla China una distancia equivalente a la de doscientas vueltas de la que los romanos construyeron alrededor de Lugo. Pero me acuerdo de mi nieto y de mi hija menor, y tengo que proporcionarles nuevas y apasionantes aventuras, con intriga, emoción, amor, misterio, sucesos extraordinarios y pintorescos. Así que echo mano de la Moleskine y reviso mis notas”. (pág.76)

    Durante todo el relato de Viaje imaginario a Asia Central hay una mezcla entre modernidad y tradición. Como cuando lo interrogaron por tener GPS en su móvil. Genial también, el episodio de la lógica de los bancos. Humor inteligente.

    «Sí, Sabih, lo he hecho varias veces, y funciona muy bien. Entregué 1000 rupias y me han dado 20 dólares preciosos. Me gustó mucho el trueque, así que les devolví los 20 dólares y me entregaron 800 rupias. Les he puesto delante las 800 rupias, y me devolvieron 15 dólares. Volví a comprobar que seguían siendo tan amables, les di los 15 dólares y obtuve 500 rupias. Quise de nuevo el papel americano, entregué las 500 rupias y ellos a mí un billete de diez dólares.  Torné a recambiar otras dos veces, y aquí tengo una moneda de un dólar. ¡Mira qué bonito es!”. (pág.91)

    A lo largo de la historia, Rogen llama a su patrón por muchos nombres: Shahib, Saib, Sahuib, Saif, Shaíf, Shafir, Saabiih, Shibi, Sabih, Mensahibi. Más allá de la abundancia lingüística, queda claro que entre ambos se teje una relación de compañerismo y confianza, y que, gracias a este lazo, fue posible recorrer todos los parajes y sortear las mil y una aventuras con éxito.

    Un aventurero nunca descansa, el final deja la puerta abierta.


    Viaje imaginario a Asia Central

    Editorial: Círculo Rojo

    Colección: ensayo

    Páginas: 86


    Manuel Noya García

    Santiago de Compostela, 1942. Catedrático de Medicina Interna y de Neurología, académico de Medicina y autor de numerosos artículos y libros de su especialidad.

    Como escritor de ficción ha publicado Nuevos crímenes ejemplares y castigo de tontos egregios (en homenaje a Max Aub), Estampas hospitalarias y Sol menguante, luna creciente (novela pseudohistórica).

    En 1994 se representó su pieza de teatro El sueño de Hollywood. Es colaborador de periódicos bajo pseudónimo. Círculo Rojo edita también su Viaje imaginario al Asia Central.

    Con información de QuéLeer.


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