Categoría: Opinión

  • Liderazgo femenino para sostener y mejorar nuestras organizaciones en tiempos turbulentos

    La situación en las empresas venezolanas es bastante difícil. La inflación, la escasez y la dinámica de controles discrecionales y punitivos desde más de un centenar de organizaciones del Estado han venido poniendo en jaque los procesos productivos, comprometiendo cada vez más la industria y también afectando gravemente la capacidad de sostener la oferta y la calidad en las empresas de servicios.

    Además las empresas deben lidiar con una situación cada vez más complicada entre sus trabajadores. No todas las empresas reaccionan del mismo modo a los problemas de su gente. Algunas, las más avanzadas, competitivas y modernas, hace años que consideran dedicar importantes esfuerzos y recursos a las condiciones de vida de sus trabajadores más allá del espacio laboral. En ocasiones, planteándose políticas internas que compensen déficits evidentes de funciones del Estado, como servicios educativos, servicios médicos, transporte público, mejoras a vivienda, fondos de ahorro y de jubilación, crédito comercial, entre otras áreas ajenas a la típica compensación al trabajo efectivamente realizado.

    Otras empresas no alcanzan este nivel, por diversas razones, sus propias limitaciones para sobrevivir y prosperar en las actuales condiciones, visiones cortoplacistas en el empresariado o simplemente porque consideran difícil activar estas respuestas dado el tamaño del negocio, piensan que es poco lo que pueden hacer para mejorar la situación de sus trabajadores más allá del salario.

    ¿Qué tiene esto que ver con feminismo INC? Mucho. Ciertamente, este círculo vicioso puede generarse por razones y explicaciones ajenas a los roles específicos de mujeres y hombres en el trabajo. Pero, en cualquier caso, la situación pareciera proclive a rescatar algunas consideraciones en las que el enfoque de género puede contribuir a mejorar el clima organizacional y, con éste, el desempeño productivo.

    Las mujeres están más involucradas con los problemas típicos del hogar y, por ello, pueden involucrarse más fácilmente con las alternativas de cooperación que, desde la empresa, puedan suponer alguna forma de paliativo o, incluso, de solución innovadora a los problemas de la gente.

    Las mujeres, no solo las de las unidades de capital humano, especialmente las mujeres que cumplen roles de supervisores y gerentes, suelen tener mayor capacidad para escuchar, conversar e interactuar con la gente, aportándole a la empresa uno de los elementos fundamentales de procesamiento para facilitar a las personas o familias salir de una crisis: ser escuchado.

    Las mujeres están más habituadas y mejor entrenadas para cumplir simultáneamente varias tareas, por lo que resultan más hábiles a la hora de complementar los roles que están fallando en una dinámica organizacional en la que se incrementa el ausentismo.

    Las mujeres, más acostumbradas al rol activo de jefes de hogar, tienen mejor disposición a tratar los problemas familiares para darles su justo lugar, es decir, que no dejen de ser abordados como algo importante, pero que tampoco sustituyan la dinámica y responsabilidades involucradas con las tareas asumidas en la empresa.

    Este rol de jefes de hogar también suele propiciar un análisis más propicio para la economía doméstica, en la que las prioridades han sido varias veces contrastadas y responden mucho más a las necesidades del grupo. Aunque la mujer también puede “evadir” las necesidades del hogar a través de gastos superfluos, incluso abiertamente nocivos para la calidad de vida en el hogar –por ejemplo consumo regular de alcohol o juegos de azar – lo cierto es que, en promedio, la mujer suele ser mejor administradora de los recursos en el hogar y ello puede ser aprovechado en el ámbito organizacional también.

    Las mujeres, aun pudiendo ser igual o más competitivas con sus pares que los hombres, lo cierto es que también tienen mayor capacidad para la cooperación, para crear y desarrollar conversaciones que identifiquen fuentes de interacción para abordar un problema en términos de conjunto, como equipo. Los hombres suelen estar más pendientes de su propio rendimiento en el marco de los problemas que abordan y, en ocasiones, esto les limita, aunque sea temporalmente, para encontrar soluciones que involucren a más gente, incluso más allá de su propio equipo.

    Las mujeres suelen tolerar más hábilmente el estrés (no es que no lo sufran, lo manejan mejor, entre otras cosas, porque están mejor dispuestas a conversar) y ello genera, automáticamente, un clima laboral menos cargado de ansiedad o depresión y, por ende, menos propenso a la somatización de las situaciones personales y su traslación al plano laboral, con el incremento inherente de violencia, pasividad, falta de enfoque, entre otros males organizacionales derivados directamente del desempeño emocional individual.

    Por lo tanto, amigo/a empresario/a, amigo líder y gerente, si quieres mejorar tu desempeño productivo y facilitar dinámicas organizacionales que hagan sentir a la gente de tu empresa mejor integrada con los retos de gestión, que hagan incluso sentir que el espacio laboral es una vía de escape a otros problemas más graves para el trabajador y su familia, considera involucrar cada vez más a las mujeres en las dinámicas que conduzcan a las decisiones clave en todas las áreas de la empresa y, sin dudarlo, plantéate mejorar la composición de género en favor de la mujer para los espacios de supervisión, gerencia y dirección.

     

  • La gran dificultad de gestionar la función de personas en una economía hiperinflacionaria. La tormenta perfecta

    Cuando empecé mi carrera en la gestión de las llamadas relaciones industriales en Venezuela, treinta años atrás, vivíamos una situación compleja. Veníamos de períodos inflacionarios importantes luego de los años del viernes negro. Controles de precio y sin libertad de libre cambio monetario el país enfrentaba hasta escasez de monedas para su funcionamiento ordinario.

    Un par de años después el país cambió de gobierno y un conjunto de medidas de liberalización de la economía, se lanzaron cambios importantes y a pesar de las dificultades, y el caracazo de por medio, la situación mejoró sensiblemente.

    Los años noventa del siglo pasado transcurrieron con dificultad, sin embargo el empleo y el salario real tuvieron alzas y bajas pero lograron mantenerse equilibrados.

    Con la llegada de la revolución bolivariana se sucedieron efectos positivos y negativos en los sueldos y salarios. Los cuatro años primero de esta estuvieron signados por precios bajos del petróleo y eso hizo que los salarios cayeran dramáticamente y existiera malestar en la población. Posteriormente un aumento importante de los ingresos petroleros hicieron entrar al país y a las relaciones laborales en particular en una fuerte borrachera. Tanto en lo público como en lo privado las mejoras incluyeron incrementos importantes de sueldos y beneficios, el poder de compra estaba fuertemente subsidiado por un dolar sobrevaluado.

    Esa situación duró unos siete años aproximadamente y ya desde finales del año 2010 la crisis comenzó a manifestarse a través de la escasez de productos, impulsado en gran medida por un estado que controlaba precios y mantenía un dolar extremadamente barato, no compatible con las realidades de la productividad y el esfuerzo mancomunado del país.

    Desde 2014 pero especialmente en el año 2016 la situación se ha agravado sustancialmente, no es el fin de esta reseña explicar qué pasó desde el punto de vista político o económico. Lo que si creo debemos hacer notar para este largo período, de treinta años, que incluye gobiernos de distinta índole ideológica, es lo siguiente:

    • Empeño consciente de subsidiar a través del dólar barato las importaciones. Aun cuando se pierdan empleos se prefiere subsidiar a los importadores e intermediarios del proceso. Excluyendo a los operadores manufactureros nacionales.
    • Estimulo del reclamo laboral al patrono para que responda por los problemas macroeconómicos. Inflación y escasez son producto de las políticas del estado pero los particulares deben responder a todo ello.
    • Privatización de la salud y la educación. La ausencia de políticas claras en esta materia ha desmaterializado al seguro social y a todos los entes del área, las escuelas, liceos y universidades no son capaces de ofrecer respuestas a la crisis. La razón es que ellas están en crisis.
    • Abandono de la seguridad ciudadana. Obligando a su privatización a través de vigilancias, rejas o puertas que impidan el acceso de delincuentes.

    En general podemos decir que las políticas del Estado Venezolano han sido sistemáticas y con honrosas excepciones de intento de cambio vivimos en una forma que parece ser aceptada y valorada social y políticamente. La gente lo quiere y los políticos lo ofrecen.

    En este escenario el petróleo es la única fuente de riqueza valida para esta sociedad. El petroleo en manos del estado la única manera de ser administrado. Los efectos son visibles y profundamente demoledores. Cuando no se diversifica la economía y se abusa de una fuente los resultados no pueden ser distintos.

    Y ¿qué tiene todo esto que ver con la gestión de las personas en Venezuela? Las consecuencias que todo esto tiene en la formación del trabajo y las empresas las podemos describir como sigue:

    • Ausencia de interés por el empleo y su aporte al desarrollo.
    • Visión paternalista de la función del patrono. Las leyes y reglamentos laborales obligan a todos a tomar bajo su responsabilidad todo aquello que el estado ha abandonado; Salud, educación, seguridad y prontamente hasta el traslado de la gente, pues el sistema de transporte público también está a punto de colapso.
    • Desconexión entre trabajo, productividad y resultados. Una visión de la empresa como fuente de burocracia.
    • El salario no está vinculado a la productividad, al logro, es un valor arbitrario. Esto lo ha hecho invisible y literalmente quien trabaja recibe la ineficiente acción de ese concepto cuando cobra.

    En esta situación de hiperinflación todos esos elementos son críticos, si la gente no trabaja para producir, si el trabajo no es fuente de riqueza y si el petroleo es suficiente para todo se juntaron todos los elementos de la tormenta perfecta. Lo cierto es que la gestión de personas es ahora solo para darle la razón a Maslow, solo estamos en función higiénica.

  • Educar para progresar

    “Nuestro progreso como nación no puede ser más rápido que nuestro progreso en la educación. La mente humana es nuestro recurso fundamental”.

    John F. Kennedy

    La educación es el principal elemento para que haya crecimiento económico y por consecuencia progreso y bienestar en Venezuela, seguir utilizando a la educación como mecanismo de aprendizaje de los “valores de utopías fracasadas” y si los ciudadanos no nos concienticemos en ello, será muy difícil dejar atrás nuestra triste realidad de país tercermundista.

    Una sociedad bien educada es innovadora, creativa, hace que a diario agregue valor a todo lo que emprende, facilitando el crecimiento económico.

    La educación, no solo prepara mejor a las personas para que trabajen con eficiencia, permite a la sociedad ser más responsable de su destino, y no deja que sea adormecida por la ignorancia y la creencia de que será difícil realizar las cosas de una forma diferente a como siempre se ha hecho, haciéndola presa fácil del populismo.

    Una sociedad educada es la base de una democracia y de un sistema político adecuado para generar confianza y crecimiento.

    Cuando el individuo es educado de una forma libre y con calidad, es un ciudadano más autónomo del estado, por cuanto es productivo, crea independencia económica y se defiende por sí solo.

    Por consecuencia la sociedad, no espera vivir del gobierno, sino que cree en sus propias capacidades para progresar, y de hecho lo consigue.

    El problema de una sociedad en la que sus individuos no reciben educación o si la reciben es de mala calidad, es que no identifica las oportunidades de crecimiento, siendo presa fácil del populismo; solo espera recibir del estado las dádivas que este le lanza, por lo que este termina siendo el amo y señor de una sociedad improductiva. No se defiende por sí misma, se limita a esperar a que lo hagan por ella en lugar de tomar la iniciativa y generar valor, producir, innovar.

    El cambio de mentalidad en la gente se comenzará a sentir en la medida en que la educación esté dirigida a crear conciencia progresista, y el país termine generando una masa crítica del bienestar.

    En los países más desarrollados los mejores imparten educación, los mejores formados para ese fin, los mejores pagados y los más respetados por la sociedad.

    Cuando entendamos que un maestro y un profesor son más importantes que un militar o de un alto burócrata de gobierno entonces estaremos en el camino del progreso y del bienestar del país.

    El mundo real es bien diferente al de los sueños utópicos del socialismo. La economía global requiere de profesionales de cualquier nivel, formados para la vida empresarial, conocedores de productividad, tics, logística, comercio internacional, electrónica, procesos industriales, mercadeo, servicios y productos financieros y en otras áreas que les permitan a las empresas avanzar en este mundo globalizado, de alto nivel de competencia basada en tecnología dura y orientación al mercado.

    El periodista y escritor Andrés Oppenheimer en su libro Crecer o Morir en su entrevista a Vivek Wadhwa, vicepresidente de innovación e investigación de la Singularity University y un gurú de la innovación, relata lo siguiente: Cuando le pregunté cuál es el secreto de Silicon Valley, me dio una respuesta de tres palabras que resultó muy diferente a la que me esperaba. “Es la gente” —respondió—. “El secreto de Silicon Valley no tiene nada que ver con el gobierno, ni con los incentivos económicos, ni con los parques tecnológicos, ni con los parques científicos, ni con nada de eso, que es una perdedera de dinero que no sirve para nada. El secreto es el tipo de gente que se concentra aquí.”

  • Del sótano de la vigilancia a la seguridad anti-frágil

    En el pasado, la seguridad estaba restringida a una función de vigilancia con poca visibilidad en la organización. Las tareas de protección las ejercía un personal de bajo nivel, relegado a los rincones del organigrama y a la edificación donde prestaba sus servicios. Este período se conoce como Era del Sótano de la Vigilancia.

    A partir de los años 90 del siglo XX, y en parte impulsado por los avances tecnológicos, la seguridad abarca otras funciones y comienza a ejercer más un rol de consultoría e inteligencia, basándose para ello en esquemas de tercerización de los procesos cotidianos como el resguardo de instalaciones y protección de tareas básicas, como la entrada y salida de personal, control de inventarios y verificación de identidades. Es la Etapa de la Seguridad Corporativa.

    Con la globalización de los negocios, al inicio del nuevo milenio se inaugura la Era de la Protección de Activos. Aquí, las organizaciones de seguridad comienzan a asumir la función de custodia activa del patrimonio, tangible e intangible, con participación en tópicos tales como, prevención de accidentes, derechos de autor y patentes, inteligencia competitiva, y otros aspectos de información confidencial o propietaria. El rol de investigación del departamento de seguridad se expande para incorporar análisis geopolíticos y del entorno. En algunos casos, se complementa con otras áreas de la organización para evaluar nuevos mercados y ampliar la visión de los riesgos. Además, una de las principales características de esta Etapa es el esquema colaborativo con énfasis en la gestión del trabajo en equipo, donde la seguridad toma un rol consultor.

    Buena parte de empresas trasnacionales viven aún bajo alguno de los efectos de esta Era, sin embargo, lo complejo de la realidad nos está impulsando hoy a una seguridad que va más allá de la proactividad. Se trata de alinear estrategias de seguridad con el negocio y entramarse en el tejido de la organización para agregar valor. Es una visión más sistémica, basada en procesos. Se están abriendo las puertas de una próxima etapa: La seguridad resiliente que permite accionar ante cualquier situación y recuperar el estado normal al menor costo y tiempo posibles.
    Hoy en día, se tiende a confundir la seguridad con la tecnología. El poder de esta última tiende a influir en la percepción de tranquilidad, debido al impacto disuasivo de dispositivos y sistemas de altamente sofisticados. Pero, de nada sirve que la organización invierta recursos económicos en la instalación de tecnología, si no sabe cómo coordinar la plataforma con el recurso humano, si no existe una fuerza de reacción inmediata o si, por ejemplo, no se instrumentan programas de mantenimiento de los sistemas instalados. De allí, la importancia de saber combinar adecuadamente las herramientas para crear soluciones y reducir los riesgos. Esto también es parte de la seguridad resiliente.

    En este sentido, es necesario alinear los esfuerzos de seguridad a los objetivos y estrategias de la organización. La seguridad resiliente es la que aprende de sus errores y tiene una visión que va más allá de su propia realidad. Es decir, capitaliza la experiencia para leer el entorno. Desde el mundo de la seguridad debemos reconocer que son pocas las organizaciones que han alcanzado con convicción el nivel de resiliencia, y como suele pasar en estos agitados tiempos donde los eventos no sólo se suceden con mucha rapidez, sino que se presentan en forma simultánea, una nueva era de profundos cambios que trascienden la propia resiliencia, ya comienzan a dibujar un nuevo mapa de lo que será la seguridad en los años por venir. Me atrevo a adelantar un nombre para esta nueva etapa: Era de la Anti-Fragilidad. Para entenderla, comencemos por definir qué es fragilidad: se refiere a la debilidad y facilidad para deteriorarse de algún objeto o proceso. La seguridad anti-frágil por tanto, además de todas las virtudes de la resiliencia cuenta con la capacidad de aprovechar las dificultades derivadas de los riesgos de una organización para crecer y hacerse más robusta. Es la seguridad que se nutre de la aleatoriedad y la turbulencia porque se prepara para afrontarla. Reconozco que no son conceptos fáciles de asimilar pues apenas se muestran en el horizonte. Sin embargo, vale la pena esforzarnos por entenderlos. No hacerlo, es descolocarnos frente a los complejos tiempos que se avecinan.

  • Nace AVEM: alianza de empresas venezolanas por el liderazgo de las mujeres

    Numerosas investigaciones han encontrado que empresas con mujeres en sus juntas directivas incrementan su capacidad de innovación en un 83%, su rentabilidad en un 15% y el retorno sobre inversión en un 5%. La diversidad y la inclusión son un buen negocio. (Catalyst.org 2016). La representación de mujeres CEOs en Venezuela es menor al 1%. A pesar de que la mayoría de los graduados universitarios son mujeres (Data INE). En Venezuela, la tasa de desempleo es más alta en mujeres con un 8,4% en abril 2016 (Data INE). En Venezuela, 3 de cada 10 mujeres en edad productiva se dedica a quehaceres del hogar (Data INE). La incorporación masiva de mujeres al sector productivo, pudiera aumentar el crecimiento en la región en un 34% (estudio CAF). La mayor proporción de empleadores de este país son hombres y las mujeres son las “dueñas del hogar”, como lo demuestra un estudio con data INE desde 1989 al 2015.

    Estos y muchos otros motivos llevaron a un grupo de empresas a unir fuerzas para impulsar la inclusión y el empoderamiento femenino por medio de la difusión de información y buenas prácticas que contribuyan a construir culturas organizacionales inclusivas a través de la Alianza Venezolana de Empresas por el Liderazgo de las Mujeres (AVEM).

    Desde que nací estoy oyendo que vivimos en un país en crisis y el tema de las mujeres queda siempre relegado. Nosotras estamos aquí para decir que sí es importante y necesario que nos avoquemos a esto porque la democracia se sustenta en la participación plena de todos la que la integran y, siendo nosotras un 50% de la población, no tiene ningún tipo de justificación que en las altas esferas de los poderes políticos y económicos estemos un poco desdibujadas, por no decir invisibles.

    Data arrojada recientemente por la auditora internacional Grant Thornton indica que, a nivel global, las mujeres ocupamos el 25% de los puestos ejecutivos, mostrando un progreso de apenas un 1% en los últimos 5 años. A este ritmo, la auditora estima que faltarían como 35 años para alcanzar una participación femenina plena en las organizaciones privadas.

    “Hay una serie de elementos organizacionales de empresas hechas a lo masculino que impiden que las mujeres, además de tener una carga laboral dura, no remunerada y real, no tengan espacio en estas organizaciones para poder ascender. A lo interno de las empresas hay que hacer mucho trabajo para propiciar espacios donde las oportunidades estén repartidas en partes iguales y no haya discriminación por sexo”, aseguró Reina.

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  • Evolución competitiva

    “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”.

    Charles Darwin

    El nivel de competitividad de Venezuela es uno de los más bajos del planeta, aunque los elementos que lo componen son fundamentales para el crecimiento del país, para su productividad y para incentivar la inversión, extranjera, como la interna. Un país con empresas competitivas permite su desarrollo de forma más eficiente y más rápida. Además, que es la única forma de erradicar la pobreza de forma sustentable.

    La economía venezolana ha vivido etapas de bonanza en su desarrollo económico, pero se hace necesario en este momento tener una visión concertada sobre hacia dónde queremos ir como país. Es necesario tomar acciones efectivas para invertir más en innovación, ciencia y tecnología si queremos aumentar la productividad y rescatar a Venezuela de la trampa del Socialismo del Siglo XXI.

    Los países que han entendido que el siglo XXI es el siglo del comercio y del conocimiento han convertido sus ventajas competitivas en ofertas a nivel regional a través de la integración de sus economías para hacer frente a la intensa competencia que existe. Los países de la Unión Europea, de la Cooperación Económica de Asia y del Pacífico (APEC), así como los de EEUU, México y Canadá tuvieron un cambio de mentalidad ante este fenómeno y se hicieron partícipes del proceso de innovación y competitividad.

    Venezuela por el contrario pertenece a una integración de pobreza. El régimen actual se retiró del G-3, y de la Comunidad Andina de Naciones, fue retirado del Mercosur. El Alba y los demás mecanismos multilaterales que ha creado el régimen son dirigidos más hacia lo político que a lo económico.

    Existe un hecho que es innegable y es que ya nuestra crisis no es sectorial, es más amplia, de gobernabilidad y gobernanza a escala nacional. Los problemas se profundizan y se tornan amenazantes.

    La economía venezolana se ha convertido en la segunda hiperinflación del siglo XXI y la primera de un país exportador de petróleo. La raíz del problema se encuentra, en el hecho de que nuestro sistema de gobernabilidad ha fracasado. La ideologización, los controles ineficientes y la corrupción han generado la informalización de la actividad económica que ha erosionado las funciones reguladoras del mercado. Frente a esta situación, nuestro país se acerca peligrosamente a ser un Estado fallido.

    Superar la crisis actual como sociedad supone el reto más grande, incluso que el de la guerra de independencia. La generación de empleo socialmente eficiente, la creación de riqueza y la mejora en la distribución de la misma a través de la propiedad nos harán crecer como nación.

    Sin desarrollo productivo no es posible progresar efectiva y sostenidamente en la concreción de la inclusión social, ha de avanzarse hacia la concepción colectiva de un proyecto productivo…este enfoque, supone a los trabajadores, empresas y gobierno, como principales actores que determinan la posición competitiva de la economía.

    Los empresarios debemos dinamizar la toma de decisiones en nuestros negocios para hacerlos más competitivos. Se requiere de un cambio en las políticas de Estado, las cuales deben ser orientadas al desmontaje de los excesivos controles que existen: divisas, precios, inamovilidad laboral entre otros, deben reducirse los pasos para la constitución de nuevas empresas, pero sobre todo respetar y promover la propiedad. Hay que dejar de hacer política con la economía si queremos un país competitivo y próspero.