El vicepresidente sectorial para socialismo social y territorial, Héctor Rodríguez, ofreció este domingo un balance oficial sobre la atención y refugio que le han brindado a los damnificados hasta la fecha después de los eventos telúricos ocurridos el pasado 24 de junio.
Mediante su canal oficial de Telegram, Rodríguez explicó que han sido instalados 108 campamentos transitorios cuya capacidad total les permite atender a 25.087 personas, pero la ocupación total solamente asciende a 19.583 ciudadanos.
La mayoría de estos se encuentran en el estado La Guaira, donde 28 campamentos (seis de ellos se encuentran en proceso de ampliación) fungen como hogar momentáneo para 10.908 personas.
La segunda mayor cifra se consigue en la capital del país con 6.429 individuos en 41 centros; mientras que los restantes se distribuyen entre los estados Miranda (1.696 personas) y Aragua (550 personas).
Las puertas de los refugios habilitados tras el doble terremoto que afectó el país el pasado 24 de junio, y que golpeó gravemente a La Guaira, están fuertemente custodiados por diversos grupos policiales. Algunas de las escuelas acondicionadas para recibir a familias afectadas están rodeadas por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), Guardia Nacional (GN) y otros cuerpos como la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y PoliSucre, que son quienes controlan los accesos, restringen el paso, en especial a la prensa, y limitan el contacto con quienes perdieron sus viviendas.
Durante un recorrido realizado por TalCual por varios refugios, llamados por las autoridades «campamentos transitorios», en distintas zonas de Caracas, solo fue posible ingresar a la Escuela Gran Colombia, ubicada en El Cementerio, uno de los principales centros de atención tras la emergencia. En el resto, la respuesta siempre fue la misma: no está permitido el ingreso de periodistas ni se pueden tomar fotografías.
En el campamento ubicado en El Coliseo de La Urbina, un funcionario de PoliSucre informó que en el lugar habían recibido a 110 personas afectadas y dijo que a ese espacio llevaban casos considerados de emergencia, pero no ofreció detalles de cuáles serían. Ante la solicitud de ingresar, respondió que la orden era impedir el acceso a cualquier medio: «Ni VTV pasa», afirmó.
El Sebin también custodia las inmediaciones de la Escuela Mariano Picón Salas, en Petare. El día que este medio visitó el lugar, a la institución ingresaban recreadores para niños, terapeutas, equipos de trabajo de altos funcionarios como ministros, de Delcy Rodríguez y del diputado Jorge Rodríguez: ese día habría una actividad gubernamental.
La escena se repetía en la Escuela Técnica Industrial Leonardo Infante, ubicada en Campo Rico: funcionarios del Sebin y de la Dgcim custodiaban las inmediaciones y tampoco permitieron el ingreso de la prensa, ni siquiera se pudo fotografiar carteles pegados en las paredes con personas desaparecidas puestos cerca del refugio. Tras la reja principal apenas se alcanzaba a ver un punto de atención médica.
La presencia de organismos de seguridad no se limita a los refugios o sus inmediaciones. Este medio pudo constatar que por toda la ciudad han desplegado nuevos puntos de control del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, lo que se traduce en un despliegue policial más visible previo al doble terremoto, con funcionarios armados y, en algunos casos, encapuchados.
«Aquí nadie está preso»
El único refugio al que TalCualpudo ingresar fue el instalado en la Escuela Gran Colombia, resguardado por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional.
Este plantel que se activó inmediatamente tras el doblete sísmico como centro de acopio para recibir donaciones, alberga actualmente a 860 personas que quedaron sin vivienda en La Guaira, 83 de estas pertenecen a la etnia Wayúu que vivían en Los Corales. Su capacidad es para 1.200. Siete edificaciones conforman el complejo educativo y cuatro de estos están acondicionados con refugiados.
Este centro está bien abastecido y una de las coordinadoras llamada Yinet Madrid afirmó que desde allí envían insumos a otros centros.
Madrid defendió las restricciones a los refugios y explica que a los damnificados no se le permiten las visitas para «evitar el desorden y proteger a los niños y adultos». Añade que tampoco se autorizan fotografías por el riesgo que supone que después circulen en redes sociales.
«Aquí nadie está preso, pero aquí hay normas», aseveró.
La coordinadora sostuvo que los refugiados pueden salir a trabajar y dijo que deben regresar al espacio en los horarios establecidos: «No se puede permitir que lleguen tarde porque estaban parrandeando», manifestó.
Dentro de esta institución, buscan que la rutina de los afectados se parezca a la normalidad: en la cancha, adultos y niños jugaban baloncesto, mientras otros conversaban sentados en el piso y otros leían. Algunos adultos cargaba bolsas con ropa o cajas de un lado a otro.
En la Gran Colombia, los salones están acondicionados con literas, ventiladores, sábanas y almohadas. Madrid explicó que tratan de mantener los grupos familiares unidos y que una de ellas, formada por 45 personas, fue ubicada en salones contiguos.
Una mujer alojada en la Escuela Mariano Picón Salas, damnificada de La Guaira, describió una dinámica similar. Dijo que les dan desayuno, almuerzo y cena y que a los infantes les organizan actividades recreativas, contó que les entregaron pelotas y otros juguetes.
Fotos obtenidas por TalCaual del refugio de la Escuela Picón Salas en Petare
Esta afectada admitió que en su refugio el suministro de agua representa una dificultad y detalló que en un espacio común instalaron un gran televisor, especialmente para ver los partidos del Mundial de Fútbol. También contó que en el espacio «hay muchas cámaras (de seguridad)».
Convivir con el duelo
El personal médico de la Escuela Gran Colombia confesó que más allá de las heridas físicas, el personal médico ha identificado otras emergencias entre los damnificados: el convivir con el duelo de haber pérdido a seres queridos y sus hogares.
David González, coordinador del área médica de la Escuela Gran Colomabia, detalló que los niños llegan con síndromes diarréicos, cuadros febriles, heridas menores y, sobre todo, con afectaciones emocionales. Añadió que en los adultos predominan pacientes hipertensos, condición que aseguró se ha convertido en la principal demanda de medicamentos dentro del refugio.
«Hay muchas personas en shock. La principal afectación es la parte emocional por haber perdido a sus madres, hijos, sobrinos. Son bastantes choques emocionales», admitió.
En este espacio, además de atención médica, se ofrece apoyo psicológico, psicoemocional y psiquiátrico, de acuerdo con la evaluación de cada paciente. González indicó que con los infantes se realizan actividades recreativas para sobrellevar el duelo y agregó que en esa estrategia se suman los adultos mayores, que también son de los más vulnerables tras los terremotos.
Aunque en este refugio sobreabundan las donaciones, tanto en insumos personales como en ropa, zapatos, alimentos no perecederos, agua, entre otros, y afirmaron que las comidas están garantizadas por el Ministerio de Alimentación, el especialista médico reconoció que insumos de mayor uso como vendas, gasas y guantes son los más necesitados.
Mientras los damnificados se adaptan a sus nuevas condiciones de vida, voluntarios organizan los espacios, el Ministerio de la Cultura desarrolla actividades recreativas, el Ministerio de la Juventud distribuye alimentos preparados, se avanza en la instalación de un hospital de campaña colombiano en un lateral del colegio.
Yinet Madrid agradece, en nombre de los afectados, la solidaridad de los venezolanos y de extranjeros: «Mis hermanos de La Guaira nos necesitan. Todo lo que la gente ha donado lo ha hecho con amor. La receptividad del pueblo ha sido muy bonita», afirmó.
Sin embargo, cuando habla de los desaparecidos la voz se le quiebra y los ojos se inundan de lágrimas: «Es muy doloroso ver tanto dolor y no poder hacer nada. Tengo una compañera de trabajo que no aparece: Es como que se la tragó la tierra», dijo.
El llamado de Madrid a los venezolanos es dejar la política fuera de la catástrofe: «Pido sacar la política de esta tragedia. Estamos para ser hermanos. Nos debemos unir más. No podemos seguir peleando».
La realidad para miles de venezolanos cambió drásticamente en segundos. El doble terremoto del pasado 24 de junio dejó fracturas que van mucho más allá de las estructuras colapsadas. Según el balance de las cifras oficiales ofrecidas hasta ahora, el desastre cobró la vida de casi 4.000 personas, afectó 856 edificios y dejó a al menos 18.000 ciudadanos sin vivienda. Detrás de estos números se encuentra una población que hoy enfrenta la tarea de procesar la pérdida simultánea de sus seres queridos, de sus hogares o de algunos otros bienes materiales.
Ante una ruptura violenta de la normalidad, la tendencia inmediata de las personas suele ser buscar una vía para dejar de sentir dolor o angustia. Sin embargo, la psicóloga clínica Ninfa Pérez aclara que el punto de partida no es eliminar la emoción, sino transitarla.
Vecina del municipio Chacao rescata a su mascota tras desalojar su apartamento. Foto: Ezequiel Carías.
Validar el malestar y habitar el presente
“Las emociones cumplen una función biológica y adaptativa. El cerebro, ante la incertidumbre por la ruptura de su capacidad de predecir o controlar, está intentando procesar un entorno que dejó de ser seguro”, explica.
Para comenzar a procesar este impacto, la especialista egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) señala tres pautas fundamentales. En primer lugar, validar la respuesta emocional: comprender que la desorientación, el miedo o la rabia son reacciones normales frente a un evento impredecible.
En segundo lugar, anclarse al aquí y ahora: el cerebro intenta anticipar el futuro para protegerse, lo que incrementa la ansiedad. Centrarse en el presente, como en la respiración, la alimentación o el paso inmediato, pues permite manejar una realidad más pequeña y controlable. En tercer lugar, la experta recomienda la activación progresiva, que consiste en recuperar el sentido de control a través de rutinas mínimas, el cuidado del sueño, la higiene y la identificación de redes de apoyo.
El cuerpo en alerta: de la respuesta normal al trauma
Durante las primeras semanas, el impacto se manifiesta de forma física y psicológica, asegura Pérez, enumerando síntomas comunes como insomnio, fatiga, hipervigilancia ante ruidos, cambios bruscos de humor, irritabilidad y conductas de evitación. También aparece la rumiación, que es la repetición involuntaria de imágenes del desastre en la mente.
La línea que divide estas reacciones naturales de un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) no radica en la naturaleza de los síntomas, sino en su duración y en la interferencia dentro de la vida cotidiana, comenta. Si estas manifestaciones persisten por más de cuatro semanas y limitan el funcionamiento social o laboral, se requiere la evaluación de un especialista.
Las personas sacan algunas de sus pertenencias en edificios del municipio Chacao después del doble terremoto. Foto: Ezequiel Carías.
Por su parte, el padre Danni Socorro, director de la escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), advierte que la población venezolana ya arrastraba una vulnerabilidad psicosocial compleja debido a crisis previas, lo que incrementa el estado de hiperalerta constante. El académico relata que incluso el personal de primera línea y los líderes de ayuda experimentan esta carga doble: vivieron el sismo y ahora contienen el sufrimiento ajeno.
Desarmar la “culpa del superviviente”
Uno de los fenómenos más complejos en quienes presenciaron la muerte de familiares o vecinos bajo los escombros es la culpa del superviviente. Pérez explica que este sentimiento surge como un mecanismo inconsciente para intentar recuperar el control.
“La lógica detrás de esta culpa es que ‘si yo me siento culpable, significa que yo tenía el control y podría haber hecho algo diferente’”, señala la psicóloga.
Familiares permanecían día y noche cerca del edificio Petunia I en espera por el rescate de los suyos. Foto: Ezequiel Carías.
Este mecanismo también funciona como un lazo emocional con el fallecido. La persona puede llegar a sentir que estar bien o experimentar calma es una forma de traición o de olvido hacia quien ya no está. El abordaje clínico en estos casos no busca acelerar las etapas del duelo, sino acompañar a la víctima para que integre la experiencia en su historia de vida, asumiendo que el evento fue, de origen, incontrolable.
El duelo material y la urgencia de la supervivencia
Las teorías tradicionales del duelo suelen estructurarse en varias etapas, como la rabia o la aceptación. Sin embargo, tras un desastre de esta magnitud, las víctimas no tienen el espacio ni la tranquilidad para vivir ese proceso. Con 18.000 personas sin hogar, la realidad se traslada a los refugios.
En medio de esa emergencia, la prioridad no es procesar la tristeza, sino resolver lo urgente: conseguir agua, comida y un lugar seguro donde dormir. Pérez recuerda que, bajo la lógica de la pirámide de Maslow, es imposible atender los procesos psicológicos de forma regular al no tener seguridad biológica.
Campamento transitorio en Catia La Mar alberga a personas damnificadas. Foto: Ezequiel Carías.
Por otra parte, la pérdida de objetos personales, como fotografías o ropa, no debe minimizarse.
“Los objetos tienen historia, esfuerzo y tiempo. Perderlos se siente como perder la conexión con quiénes éramos o qué logramos”, afirma Pérez. El trabajo terapéutico incluye validar este dolor y ayudar a la persona a reconstruir su narrativa de vida sin dichos elementos”, expresa.
Herramientas de contención y redes de apoyo
Para quienes conviven en refugios con desconocidos, la psicóloga recomienda establecer tareas específicas dentro del lugar, como organizar listas o distribuir alimentos, para reducir la incertidumbre y devolver la sensación de utilidad. Asimismo, aconseja practicar ejercicios de respiración para regular el sistema nervioso.
Al momento de ofrecer ayuda a estas personas, Pérez es enfática en lo que nunca se debe decir: evitar frases como “todo pasa por algo”, “tienes que ser fuerte” o “al menos estás vivo”, ya que invalidan, presionan o minimizan la experiencia. Tampoco se deben exigir detalles del suceso si la persona no está lista. El foco debe estar en lo que necesita en el presente para sentirse segura.
Finalmente, ante el aislamiento que suele producir el trauma, el padre Danni Socorro hace un llamado a la articulación comunitaria y a la “dieta comunicacional”, que consiste en espaciar el consumo de información y acudir solo a fuentes oficiales para no saturar el sistema emocional. Desde la UCAB, a través de la plataforma @psicodatazla, se han activado canales como la Psicolínea (atención telefónica gratuita y confidencial) y el Psicomapa, un directorio de servicios de salud mental disponible para atender la emergencia nacional de forma presencial y remota.
En coordinación con el Departamento de Estado de los EEUU, la empresa Amazon, junto con la organización Airlink, transportará suministros de ayuda humanitaria semanalmente desde Miami, Florida, a Maiquetía, Venezuela, sin costo alguno para las organizaciones humanitarias.
La compañía estadounidense informó en un comunicado que donará los vuelos y el combustible para siete viajes semanales en los que entregará insumos a organizaciones civiles sobre el terreno. Asimismo, argumentó que el puente aéreo humanitario evitará «un cuello de botella» en la ayuda, así como el «segundo desastre», un fenómeno que ocurre cuando donativos en especie no solicitados saturan a comunidades afectadas y desvían recursos de las necesidades más urgentes.
«Airlink gestiona la verificación de envíos de organizaciones sin fines de lucro, la planificación de vuelos y la logística de primera milla; el Departamento de Estado facilita la coordinación entre gobiernos; Amazon proporcionará el transporte a Venezuela y, una vez que aterricen, el Grupo de Logística liderado por el Programa Mundial de Alimentos entregará los suministros a las organizaciones humanitarias en el terreno para su distribución», detalla la información publicada por el Departamento de Estado en su web.
Hasta la fecha, EEUU ha destinado más de 386 millones de dólares en ayuda humanitaria para atender a los afectados por lel doblete sísmico que azotó al país el 24 de junio. La ayuda incluye atención médica de emergencia, alimentos, agua potable, saneamiento, refugios temporales, protección y apoyo logístico para los damnificados, canalizados a través de organizaciones como la Cruz Roja, Unicef o el Programa Mundial de Alimentos, entre otras. La respuesta estadounidense también ha incluido el despliegue de equipos de búsqueda y rescate urbano.
Los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 han dejado al menos 3.685 muertos y 16.740 heridos, además de casi 18.000 personas sin viviendas, que viven en 87 campamentos transitorios, según el más reciente balance oficial.
No conocen de tragedias. Tampoco de colapsos o fallas estructurales. Algunos ni habrán escuchado la palabra terremoto hasta ahora. Solo saben que ya no están en casa y no podrán volver, en el mejor de los casos, por un buen tiempo. Otros quizá nunca. El hogar que conocían no sólo cambió de lugar, también de forma. Muchos lo viven como una aventura, una suerte de vacación junto a familiares y conocidos. Los niños y niñas juegan, ríen y hacen nuevos amigos sin saber, o sabiendo muy poco, lo que ocurre fuera del campamento lleno de diversión y actividades en el que ahora viven.
Poco después de los terremotos de 7,2 y 7,5 que sacudieron y devastaron zonas de Caracas y La Guaira el pasado 24 de junio, muchos se abocaron a ayudar. Recolectar insumos, cocinar, donar; meterse entre los escombros para ayudar en las labores de búsqueda y rescate. En esa gran ola de apoyo y solidaridad otros decidieron hacer una pausa y ver más allá. Buscar en medio del desastre esas necesidades que no se estaban cubriendo.
El primer fin de semana posterremoto muchos artistas, recreadores y docentes decidieron salir a las calles para ofrecer un poco de diversión y distracción a los niños afectados. Con el paso de los días, más voluntarios y organizaciones, desde sus posibilidades y espacios, se fueron sumando a llevar un poco de alegría a los más pequeños.
De acuerdo con cifras de Unicef, se estima que 680.000 niños necesitan asistencia humanitaria tras los sismos en Venezuela.
Sí, los juegos no borran lo que pasó, pero le dan a los niños un espacio para olvidar, aunque sea por un rato, el dolor y la tristeza que han atravesado estos días y volver a disfrutar, sonreír e incluso ver a sus padres sonreír con ellos.
Foto Tairy Gamboa
El arte como terapia
A las afueras de la iglesia de Santa Rosalía, que permanece cerrada tras los sismos, un grupo de niños de entre 2 y 8 años espera ansioso mientras Carlos Tizamo, de 24 años de edad, saca los materiales que llevó para su iniciativa Manitas de Vida, con la que ha llevado actividades artísticas a niños de distintos refugios de Caracas.
Después del terremoto, Tizamo salió a ayudar, como muchos, con el traslado de insumos, pero vio que había muchas personas haciendo lo mismo. Se tomó un momento para pensar qué más podía aportar. Es fundador de la academia de artes Raku Harts, dedicada a la cerámica y pintura, con sede en Chacao. Decidió ayudar a través del arte. Ofrecer a los niños un espacio de expresión a través del dibujo y la pintura.
“Hemos hecho origami, pintamos y dibujamos. Han hecho banderas, muñecos y se han hecho a sí mismos. Hasta ahora son las únicas actividades que hemos podido implementar”, dice Tizamo, a quien le gustaría continuar realizando más actividades que le permitan a los niños expresarse y canalizar sus emociones a través del arte.
Voluntarios, recreadores y artistas han visitado varios refugios en Caracas para llevar alegría a los niños | Foto Tairy Gamboa
Este tipo de iniciativas no solo son un momento de alegría y diversión para los niños, sino que también son un respiro para los padres, quienes agradecen la distracción que se le ofrece a los más pequeños.
“Se han hecho muchas actividades. Han venido personas a hacer globomagia, gente del circo, pintacaritas. Nos han apoyado mucho en ese sentido. Ha sido algo excelente tanto para ellos como para nosotros los adultos porque, a pesar de todo lo que ha pasado, ver una sonrisa en cada niño es algo que nos motiva a seguir adelante”, dice Jaquelin Palacios, madre de una de las afectadas del edificio OP10 – 4 de febrero, en la parroquia Santa Rosalía.
Aunque el edificio sigue en pie, sufrió muchos daños en su estructura, por lo que alrededor de 100 familias tuvieron que desalojar sus hogares y trasladarse a los alrededores de la iglesia Santa Rosalía. Piden a los voluntarios y organizaciones hacer algo especial para el Día del Niño si aún siguen allí.
“Ellos (los niños) son inocentes, ellos brincan y juegan, pero no saben la magnitud de lo que está sucediendo. Y eso es lo que queremos, que se diviertan, que se distraigan, que sean felices a pesar de las circunstancias. Queremos hacerles algo diferente para que se sientan motivados”, agrega Palacios.
Las actividades y juegos les permite a los más pequeños distraerse y volver a ser niños | Foto Tairy Gamboa
Antes de que trasladaran a las familias a refugios en otros puntos de Caracas, el Parque del Este albergó a un gran número de sobrevivientes de Caracas y La Guaira. También a cientos de voluntarios que se dedicaron a ayudarlos, tanto en las necesidades más básicas, como abrigo y alimento, como en actividades de esparcimiento para los más pequeños.
Allí, con su toldo naranja, se instalaron Amarillo Piña y Manuel Dorado, dos artistas que –con el apoyo de colegas y amigos– recolectaron materiales para ofrecer un espacio de terapia a través de la pintura y el dibujo. Una forma de darles un poco de luz entre tanta oscuridad.
“Ahora estamos haciendo una estructura donde podamos presentar tres talleres diarios. La idea es ayudar a los niños a que puedan tener un momento de terapia, porque el arte es terapia”, dice Piña. “Los niños están en un episodio de La vida es bella (la película de Roberto Benigni). Se mudaron al parque y quizás es bueno que no tengan una dimensión de la tragedia”, agrega Dorado.
El arte les brinda a los niños contención emocional y una forma de canalizar sus sentimientos | Foto Tairy Gamboa
Ambos han estado solo en el Parque del Este, pero en vista de los traslados de las familias a otros refugios, les gustaría visitar otros espacios para seguir acompañando. “Queremos hacerles seguimiento, queremos visitarlos adonde vayan porque ya es parte; somos familia. Nos hicimos familia, ya conocen. Nos dicen: ‘Dorado, Amarillo, llegaron tarde hoy’. Queremos saber dónde van a ir para poder ir a esos sitios y seguir haciendo el trabajo”, dice Amarillo.
El Parque del Este también recibió al gremio del cine venezolano, que se sumó para apoyar a las familias. Gran Cine, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), Cine Jardín y Zona de Descarga se unieron para llevar proyecciones a algunos refugios.
Desde que se instaló el inflable del Gran Cine Móvil en el skate park del Parque del Este, no faltaron algunos curiosos que se acercaban a ver y preguntar qué harían. “Proyectaremos Kaporito, una película animada venezolana”, respondían los organizadores a quienes preguntaban.
Gran Cine, junto otras organizaciones del gremio cinematográfico venezolano, proyectan películas familiares en los refugios | Foto Tairy Gamboa
Cuando cayó la noche y las luces de las canchas cercanas se apagaron, comenzó la proyección. Había pocas personas en las sillas, pero poco a poco comenzaron a ocuparse. Algunos padres se acercaron con sus hijos y algunos grupos de niños miraban a lo lejos.
“Este tipo de actividades me parecen muy buenas, sobre todo para los niños, que ya para esta hora no tienen mucho que hacer porque parte del parque está oscuro”, dice Juan Gutiérrez, quien vivía alquilado en uno de los edificios afectados de Los Palos Grandes.
La intención de Gran Cine es continuar realizando proyecciones de películas en otros refugios de la ciudad. “Es importante que tengan alternativas culturales, recreativas, y tratar de brindarles esa opción para hacer más llevadera una situación tan penosa y complicada. Es un acto de solidaridad, un gesto de humanidad que estamos brindando desde la comunidad cinematográfica venezolana a nuestra gente que está sufriendo”, dice Bernardo Rotundo, presidente del Circuito Gran Cine.
Reír y jugar para sanar
Un grupo de payasos con batas de doctor recorre los pasillos de un edificio de la Unidad Educativa Gran Colombia, en la parroquia Santa Rosalía. Entretienen a los niños con globos y juegos. Algunos hasta cuentan chistes con los más grandes. Regalan un momento de distracción en medio de la tragedia.
Desde el primer momento, Doctor Yaso convocó a todos sus voluntarios en Caracas a hacer lo que mejor saben: sacar risas a grandes y pequeños. La organización que nació en la vaguada de Vargas en 2005 ha visitado los principales refugios de Caracas tras los terremotos del 24 de junio.
“Nosotros tenemos una labor bastante específica que es el acompañamiento y la desdramatización de espacios vulnerables en este caso. Sin embargo, debido al momento que estamos viviendo, nos hemos aliado con muchas personas, otras ONG, personas particulares, para hacer cosas que normalmente no hacemos. Hemos tenido la apertura de coordinar con personas que quieren acompañarnos y ser partícipes de este pequeño movimiento”, dice Ivonne Tovar, coordinadora de Doctor Yaso sede Caracas.
Los padres de los niños también agradecen las actividades y poder ver, de nuevo, a los niños reír | Foto Tairy Gamboa
Conscientes de la compleja situación que enfrentan las personas más afectadas por los sismos, destacan la importancia, tanto para niños como para adultos, de la risa como distractor. “La afectación emocional y psicológica que tienen tanto niños, adolescentes, adultos, adultos mayores es compleja. Hacer ese acompañamiento, desenfocarlos un poco del dolor que están viviendo por el momento actual, es nuestro principal motivo. Es súper importante que, aun cuando sabemos que están pasando por un momento extremadamente doloroso, se tomen un pequeño espacio de tiempo para sonreír, para olvidarse de todo lo que se están viviendo y poder entretenerse y jugar. Eso es invaluable”, afirma Tovar.
Alejandra Otero y Jorge Parra, conocido como Domingo Mondongo, también fueron de las primeras personas que visitaron los refugios. Tras el terremoto, los comediantes se trasladaron a La Guaira para ayudar a los más afectados. Lo que vieron los dejó sin palabras y con una desazón en el corazón. «Ese día llegué a mi casa con la sensación de que no quería volver a La Guaira, sentía que no había sido tan útil, sentía que yo era más útil en otro lado», cuenta Otero.
Ambos decidieron organizar, junto con amigos y colegas, visitas a refugios en Caracas y La Guiara porque saben que las personas afectadas no solo necesitaban alimentos y cobijo, sino también salud emocional, contención, alivio, distracción. «Buscamos brindar ese rato de esparcimiento, de alegría, de conexión para que los niños vuelvan a ser niños y para que los padres vuelvan a ver sonreír por un rato a sus hijos porque eso se transforma en su propia alegría», dice Parra, quien asegura que los niños y padres le han agradecido mucho las visitas. «Los hemos visto aliviados y transformados».
Otero y Parra consideran que este tipo de iniciativas orientadas al bienestar emocional de la infancia son vitales en este tipo de situaciones. «La alegría no es un lujo. La alegría es eso que le permite drenar a las personas. Es como el primer auxilio psicológico que se le está brindando a esta gente que está pasando este momento. Por eso es tan importante darles estos momentos de esparcimiento«, dice Domingo Mondongo.
«En estos momentos me parece demasiado importante tener estos espacios para conectar con la alegría porque, además, es algo que nos caracteriza a los venezolanos. Incluso en los momentos más difíciles, como lo hemos visto en los videos de los rescatistas, hay momentos de alegría infinitos, de hacer chistes. Es algo que nos caracteriza a todos los venezolanos y que no se va a perder. Nosotros que trabajamos con eso, con las risas, podemos potenciarlo«, agrega Otero.
Foto Tairy Gamboa
En una de sus visitas a La Guaira, los comediantes y voluntarios que los acompañaban llevaron tortas para celebrar el «cumpleaños» de todos, aunque no estuvieran cumpliendo años. Era una forma de celebrar esta nueva oportunidad que les dio la vida. «Fue espectacular porque, por un lado, simboliza el hecho de que todas esas personas volvieron a nacer y lo celebramos. Ver que había una fiesta en un lugar donde podrías pensar que había tristeza fue algo muy bonito», dice la comediante.
Todas las visitas a los refugios han sido especiales, comparten. Han conocido personas con historias profundamente desgarradoras. Niños que perdieron a sus padres o sus extremidades, pero que a pesar de todo siempre tienen una sonrisa en la cara. «En una de las actividades vi a un rescatista y me acerqué para agradecerle por lo que estaba haciendo y él me dio su brazalete y me dijo: ‘Nosotros estamos rescatando vidas y vos estás rescatando sonrisas’«, recordó Parra.
Como todos, Alejandra Otero y Jorge Parra no pueden dejar de pensar en lo que pasará en el futuro con los afectados, cuánto tiempo les tomará recuperar sus vidas. Saben que será un complejo y largo proceso. Por eso, piden no olvidar a estas familias, a estos niños. Recalca Otero: «Ahora más que nunca, aunque se activen los negocios, los trabajos y la vida continúe, es necesario que no dejemos de ayudar a estas personas porque lo necesitan más que nunca. Hay que pensar a largo plazo.
Aunque iniciativas como estas se repiten en muchos refugios de la ciudad, hay pocas con enfoque pedagógico. Por eso, un grupo de maestras caraqueñas decidió ofrecer actividades didácticas para los niños afectados. Así comenzó Docentes Solidarias.
Mientras cocinaba para ayudar a las personas afectadas por los sismos, Ximena Gutiérrez pensó que nadie se estaba preocupando por los niños que no podrían volver a la escuela. Decidió contactar a algunas colegas para armar un pequeño grupo de maestras que llevaran el aula de clase a los refugios.
“Cuando me di cuenta, ya teníamos un Instagram, un grupo de WhatsApp y éramos 119 maestras activas para poder llevar a los niños un poco de distracción, un poco de actividades y llevar las escuelas a los sitios, a los parques”, cuenta Gutiérrez.
Comenzaron en el Parque del Este, pero han visitado el Parque del Oeste y el Polideportivo La Trinidad. Llevan actividades orientadas a llevar estructura, actividades pedagógicas y de contención emocional.
“Entendemos que el aula de clases no es aquí en el Parque del Este, pero con el fin de mitigar un poco esa dispersión y poder potenciar esta labor que estamos haciendo, trabajamos la motricidad fina, la parte cognitivo-social, la parte sensorial y hemos hecho bastante hincapié en poder trabajar un poco la parte del lenguaje y la parte afectiva, porque son niños y nos hemos dado cuenta de que algunos tienen problemas de lenguaje. También hacemos actividades con cuentos infantiles, cantamos para poder trabajar un poco esa socialización porque, de cierta manera, los papás están metidos en las carpas y están hablando con el adulto de la otra carpa. De repente, los niños no están recibiendo esa parte más personal de ellos”, detalla Ximena Gutiérrez sobre las actividades.
Cuando todo pase, Gutiérrez asegura que no podrá olvidar las caras y nombres de los niños que acompañó durante estos días. “Voy a añorar y atesorar aquí en mi corazón siempre sus sonrisas. Saber que acompañamos, sostuvimos y ayudamos con colores, pinturas y plastilina a muchos niños es invaluable. Ese es nuestro regalo. Cuando pase el tiempo, seguiré recordando sus caritas. Cuando una es madre, es madre de todos los niños del mundo”, dice la maestra.
Los recientes terremotos registrados en Venezuela han generado una ola de solidaridad en redes sociales, donde cientos de usuarios han compartido fotografías de niños, niñas y adolescentes con el objetivo de solicitar ayuda o localizar familiares. Sin embargo, el uso masivo de estas imágenes ha encendido las alarmas de organizaciones defensoras de derechos infantiles.
La abogada Gloriana Faría, coordinadora del Servicio de Atención Jurídica de los Servicios Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), advirtió que la difusión de imágenes de menores en situaciones de vulnerabilidad puede representar una violación a sus derechos y exponerlos a nuevos riesgos.
Durante una entrevista en el programa Unión Radio, Faría recordó que la legislación venezolana prohíbe divulgar la imagen de niños y adolescentes sin la autorización expresa de sus padres o representantes legales.
“La ley es clara al prohibir la divulgación de la imagen de niños y adolescentes sin la autorización explícita de sus padres o representantes legales”, afirmó.
Fotografía que muestra un refugio transitorio habilitado para atender a personas afectadas por los terremotos. Foto: EFE/ Raúl Martínez
La especialista explicó que este derecho no desaparece en contextos de emergencia. Por el contrario, señaló que los menores afectados por un desastre requieren mayor protección, especialmente cuando atraviesan situaciones de trauma físico o emocional.
Revictimización en los niños
Cecodap alertó además sobre el fenómeno de la revictimización, que ocurre cuando las imágenes de niños heridos, en crisis o en condiciones de extrema vulnerabilidad permanecen expuestas de forma permanente en Internet, afectando su privacidad y dignidad.
Foto: El Diario/Mauricio Villarreal
Faría también llamó la atención sobre el riesgo de los llamados “depredadores digitales”. Según explicó, la publicación de información sensible como ubicación, estado de salud o situación familiar de un menor, puede ser utilizada por personas con intenciones delictivas que aprovechan el caos posterior a una emergencia.
Ante este escenario, la organización hizo un llamado a la ciudadanía, a los creadores de contenido y a los medios de comunicación a actuar con prudencia y responsabilidad.
“La solidaridad es fundamental en tiempos de crisis, pero no debe ejercerse sacrificando los derechos de quienes son más vulnerables”, enfatizó Faría.
Cecodap insistió en que cualquier iniciativa de ayuda debe priorizar la protección integral de niños, niñas y adolescentes, evitando su exposición innecesaria en plataformas digitales.
El pasado domingo, la Pastelería Danubio recibió en sus instalaciones a un equipo de caridad bautista de Hungría. Este grupo proveniente del centro de Europa venía con la misión de prestar ayuda a las víctimas del doblete sísmico que azotó Venezuela el pasado 24 de junio. Sobre este tema conversó Andrés Kerese, copropietario de la pastelería, en Fedecámaras radio.
«En vista de que mi papá era húngaro, el embajador de Hungría en Ecuador y Venezuela vino y nos pidió que recibiéramos en la tarde del domingo a unos voluntarios húngaros que vinieron a ayudar. Nuestra idea es que ellos recibieran la mejor atención para retribuirles su esfuerzo al venir aquí», dijo Kerese.
Igualmente, Kerese adelantó que en el futuro planean realizar una carrera benéfica en la Universidad Central de Venezuela. No obstante, resaltó que esperan que las actividades se regularicen dentro de la institución universitaria para retomar la idea.
«En el futuro vamos a hacer una carrera para recaudar fondos. Dichos recursos se van a destinar a recuperar los espacios de la Ciudad Universitaria, sobre todo el patrimonio arquitectónico. Sin embargo, desde la Pastelería Danubio creemos que este no es el mejor momento», puntualizó Kerese.
Escucha la entrevista completa haciendo clic aquí:
Camiones están desechando toneladas de escombros de edificaciones desplomadas por los terremotos en el tramo que conecta a Tanaguarena con Naiguatá, en La Guaira.
El comunicador social y paramédico Rodolfo García informó mediante su cuenta de Instagram que autoridades locales están utilizando camiones tipo volteo pertenecientes a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para trasladar los restos de las estructuras hacia la orilla de la playa.
«El borde de esta vía está siendo utilizado para desechar todo el material sólido producto de las edificaciones colapsadas el pasado miércoles 24 de junio», indicó García.
El video compartido por el comunicador capta el momento en el que una máquina recoge los escombros depositados por el volteo y los moviliza hacia la orilla de la playa.
Residentes de la zona se posicionaron sobre las montañas de escombros para escarbar y encontrar algún objeto que les resultara de utilidad.
De acuerdo al balance oficial emitido por el gobierno interino de Delcy Rodríguez, más de 100 edificaciones en La Guaira colapsaron tras los fuertes terremotos registrados en el país el miércoles 24 de junio.
Científicamente, no existe ninguna relación entre la ocurrencia de un terremoto y los cambios en la temperatura ambiental o el clima. Los sismos son fenómenos geológicos que ocurren a kilómetros de profundidad en la corteza terrestre debido al movimiento de placas tectónicas, mientras que la temperatura y el tiempo atmosférico se originan en la atmósfera, impulsados por la radiación solar y los vientos.
«Un terremoto realmente en un primer instante coloca partículas en la atmósfera porque levanta una polvareda, pero eso es una situación muy local y de muy poco tiempo, por lo cual no tiene la capacidad de cambiar el clima y la temperatura como tal», dijo Valdemar Andrade ingeniero hidrometeorológico.
Por su parte, el clima, la lluvia y la sequía en las zonas ecuatoriales (como Venezuela) dependen exclusivamente de la inclinación del eje de la Tierra y de su movimiento de traslación alrededor del Sol. Las ondas tropicales inician en mayo debido a la incidencia de los rayos solares cerca del Ecuador.
Andrade destacó el impacto de «El Niño» y «La Niña» en Venezuela, relacionado a ser fenómenos causados por el cambio de temperatura en la masa oceánica del Pacífico. En el caso de Venezuela, el fenómeno de El Niño genera sequía o lluvias por debajo del promedio el 72% de las veces, mientras que La Niña provoca lluvias por encima del promedio el 60% de las veces.
Con relación a los fenómenos ópticos, el experto aclaró que los cielos de color naranja y rojo que se han observado recientemente no tienen relación con sismos, sino con la presencia de partículas en la atmósfera, probablemente asociadas al polvo del Sahara.
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Las secuelas del sismo del 24 de junio han afectado gravemente a la población infantil, dejando a muchos bebés sin acceso inmediato a alimentos y a otros en situación de desamparo tras perder el contacto con sus familias. En respuesta a la angustia de las madres y a la vulnerabilidad de los pequeños en hospitales y centros de acopio, se ha activado una iniciativa de contingencia para canalizar la entrega de leche materna. Esta medida busca asegurar una nutrición segura e higiénica para los lactantes que más lo necesitan en este momento de crisis
Nayvi Morles, miembro de la Junta Directiva de la ONG La Casa Grande y voluntaria como consejera en lactancia materna, en una entrevista para Fedecámaras Radio, explicó la verdadera alimentación con propósito en tiempos de emergencia no vale solo de la entrega de la formula en polvo, ya que esta requiere agua potable, energía y la esterilización de los implementos para su preparación.
Al no contar con estos elementos en un refugio o centro de acopio, se genera un foco de infecciones que provoca diarreas, deshidratación y riesgo de muerte para los bebés.
A pesar del nerviosismo o la angustia de las madres en situaciones de desastre, el cuerpo responde con sabiduría. Amamantar eleva las hormonas que tranquilizan tanto a la madre como al bebé, incrementando la producción de leche y ofreciendo un alimento limpio que protege contra entornos insalubres.
«Con frecuencia, en condiciones normales, las madres piensan que por ponerse nerviosas o por vivir una situación a lo mejor incómoda, su producción de leche va a variar… ¿Qué es lo que tenemos que decir a la mamá? Que el cuerpo es sabio, que el cuerpo va a dar al bebé lo que el bebé necesita, pero que además amamantar al bebé eleva las hormonas que tranquilizan a la madre y tranquilizan al bebé», fueron las palabras de Morles.
La recomendación internacional ante emergencias es mantener la lactancia directa al pecho. Las madres que presentan dificultades o que venían de una alimentación mixta necesitan apoyo especializado para lograr que sea exclusiva (si el bebé tiene menos de seis meses).
El rol del periodismo con propósito
Los medios deben indagar y visibilizar cómo la lactancia materna salva vidas en situaciones extremas (por ejemplo, bebés que sobreviven bajo escombros gracias al pecho) para educar sobre sus beneficios higiénicos, económicos y de protección inmunitaria. «Si cada vez que una madre de estas sobrevive [bajo los escombros], le preguntamos cómo alimentó a su bebé durante ese tiempo que estuvo allí, por ejemplo, visibilizaremos que esa mamá está amamantando… explicando que es la alimentación más higiénica, más económica, más segura y que más protege al bebé de infecciones» , dijo la miembro de junta Directiva de la ONG La Casa Grande.
Mecanismos y canales de apoyo activos
En el país rige la Guía Práctica para el Manejo de los Sucedáneos de la Leche Materna en Emergencias, avalada por el Clúster de Nutrición, Unicef e Ipsos. Adicionalmente, La Casa Grande tiene activa su central telefónica (0412-318-6162) y su cuenta de Instagram (@lacasagrande-centro-de-lactancia) para guiar a madres, canalizar voluntarios y atender periodistas.
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