De la economía a los fogones: El viaje de sabores de la chef Alex Bermúdez

La pasión por la cocina tiene caminos particulares, y el de la economista y chef autodidacta Alex Bermúdez es prueba de ello. En una reciente entrevista, Bermúdez compartió cómo transformó una sólida carrera en la administración pública venezolana —enfocada en la cooperación técnica internacional— en una vida dedicada por completo a la gastronomía, un viaje influenciado por una infancia itinerante y consolidado hoy en su heladería artesanal y propuesta de bistró, Via Lattea.

Bermúdez, hija de diplomáticos, creció rodeada de culturas culinarias tan diversas como las de la India, Irán y la Unión Soviética. Aunque inicialmente optó por la economía, su verdadera vocación siempre estuvo guardada en sus maletas. Al recordar su regreso definitivo al país, la cocinera confesó entre risas un detalle revelador de su transición: «Lo único que me traje fueron mis cuadernos, mis revistas y mis libros de cocina. No me traje ni un libro de economía».

Tras retirarse de la administración pública para dedicarse a su familia, Bermúdez comenzó a dictar clases de cocina desde su propia casa a petición de sus conocidos, una experiencia que se extendió en el tiempo y por la que pasaron más de mil alumnos. Para ella, el corazón de la enseñanza radica en la apertura y en romper los mitos de la alta cocina: «Era un poquito desmitificar al chef. Era decir: ustedes no lo saben hacer, pero lo van a saber hacer después que me vean hacerlo. Y es facilísimo», expresó.

Bajo esa misma filosofía de desprendimiento, la chef asegura que sus recetas dejan de pertenecerle una vez que las entrega. «A partir del momento que están en sus manos, ya no son mías (…) Es la receta tuya como tú la interpretaste», afirmó, matizando únicamente con que resguarda un par de preparaciones familiares por una promesa materna, como la de su celebrado paté de hígado de pollo.

Via Lattea. Ubicada en el Centro Comercial Galería Sebucán, Via Lattea nació hace cuatro años como un proyecto conjunto con su hija. El sello diferenciador del espacio radica en que se concibe desde la perspectiva de una cocinera y no de una heladera tradicional, utilizando bases puras de crema de leche de vaca, yema de huevo fresco, leche y azúcar, sin aditivos ultraprocesados ni grasas vegetales.

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