Categoría: Opinión

  • Dos

    La cantidad de situaciones e imágenes dramáticas que cotidianamente se pasean frente a nuestros ojos nos sitúan ante el deterioro que se vive en Venezuela.

    No es fácil concentrase en un solo tema ante tan cruda y verídica realidad que aturde nuestros sentidos. Venía en camino desde La Guaria a Caracas pensando qué plasmar en el papel para esta nota cuando una imagen distrajo mi atención. Un camión lleno de trabajadores, personas, que corría a una velocidad superior a los vehículos normales, sin control y violando las más elementales normas de seguridad. Convertido en transporte público. Esta es una muestra del retroceso y el subdesarrollo a que han sometido al país. Se han invertido millones en autobuses modernos y, sin embargo, miles de ellos están aparcados en estacionamientos, y ni siquiera han sido convertidos legalmente en chatarra para reciclarlos y así aprovechar parte de su material. Llegando a Caraballeda hay uno de esos lugares expuestos a la luz pública como muestra de la desidia y la falta de gobierno.

    Así como la anterior descripción me golpeó los ojos, la que sigue impactó mi alma. Me refiero al informe del panel de expertos internacionales independientes de la OEA sobre la posible comisión de crímenes de lesa humanidad en Venezuela. A veces, entre tanta confrontación, obviamos en el transcurrir acontecimientos que se solapan uno a otro, la crueldad de la actuación de las fuerzas represivas del Estado en los últimos años.

    No es cualquier recomendación la que hacen los expertos cuando indican que hay méritos suficientes para que se remita ese informe y la evidencia recopilada por la Secretaría General de la OEA a la Oficina de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional e invita a los Estados parte del Estatuto de Roma a que lo hagan, y a que pidan a la fiscal la apertura de una investigación sobre los crímenes de lesa humanidad que se recogen en ese informe, de conformidad con lo que establece el artículo 14 del Estatuto de Roma. Que la justicia prevalezca.

     

  • La defensa de la democracia venezolana en el exterior

    Ningún gobierno en el mundo está exento hoy en día de la observación internacional, más concretamente cuando la actuación gubernamental irrespeta y atenta contra los derechos humanos. Esa observación forma parte de la globalización política de los tiempos modernos y algunas veces se manifiesta con evidentes señales de una rebelión en la aldea. Venezuela es uno de los pocos países en el planeta que ahora están bajo la mirada atenta de gobiernos nacionales, parlamentos y una apreciable configuración de organismos multilaterales. El debate del caso venezolano está sobre el tapete y las expectativas de relación son cada vez mayores. Son expectativas sobre resultados que algunas veces son de aliento y otras de desaliento o como diría un psiquiatra, es la simbiosis de ansiedad y depresión causada por los propios altibajos de la presión internacional y la espera prolongada de los resultados.

    La década actual está caracterizando a Venezuela como un país lleno de calamidades: el hambre, las muertes por falta de alimentación y medicinas, la inflación de récord mundial, la emigración hacia diversos países, las más de 25.000 muertes violentas al año y el miedo que siente una buena parte de la población por las represalias del gobierno son algunas de las calamidades. En la historia de Venezuela no se conoce una situación tan calamitosa como la de ahora. De modo que el tema de la democracia en Venezuela y en particular lo pertinente a los derechos humanos centra su debate tanto en el plano nacional como en el internacional y mientras la población siente el apoyo de tantas instituciones en el extranjero, el gobierno venezolano se ve cada vez más repudiado y aislado. La declaración de persona no grata o de no bienvenida referida al presidente Nicolás Maduro con motivo de la VIII Cumbre de las Américas en Perú, es la más reciente evidencia del repudio y el aislamiento. ¿Cuántas veces en los últimos 100 años un presidente de Venezuela fue merecedor de un tratamiento similar? Sin duda, se trata de algo insólito.

    Ya son muchas las decisiones que han tomado diferentes naciones y organismos internacionales en manifestación de repudio al gobierno de Venezuela, además de las de tipo puramente declarativo o de “dimes y diretes” entre autoridades acusadas y acusadoras. Las decisiones van desde la autoexclusión de Venezuela de la OEA y su expulsión del Mercosur, hasta las sanciones económicas adoptadas por Estados Unidos y la Unión Europea, cuyas sanciones están en proceso y con marcada tendencia para hacerlas progresivamente más fuertes. La más reciente de estas decisiones corresponde a la Corte Penal Internacional al admitir en etapa de investigación las denuncias en contra de autoridades venezolanas. A la par de estas decisiones hay un conjunto de acciones que están hasta ahora bajo el manto de las amenazas pero que pueden concretarse si el gobierno venezolano no rectifica su actuación a tiempo. El bloqueo petrolero que pudiera efectuar el gobierno norteamericano, el embargo de activos venezolanos en otros países por parte de entidades acreedoras y los amenazantes enfrentamientos de militares en las fronteras con Colombia, Brasil y Guyana conforman un cuadro altamente temerario y de pronósticos indecibles.

    En lo interno de Venezuela la zozobra es cada vez mayor; la gente vive ansiosa de un cambio que supere la situación actual y la espera prolongada en el tiempo deprime y crea escepticismo. La gran mayoría de los venezolanos desea con vehemencia que de la presión internacional surja una salida de la crisis lo más pronto ´posible, pero los efectos reales de la presión son lentos y están sujetos casi siempre a los enredos de la diplomacia. Los efectos van surgiendo de manera progresiva, salvo las sentencias de la Corte Penal Internacional que son únicas. El tiempo en este caso es la mayor indefinición. Lo que sí es indiscutible es que la oposición al gobierno de Nicolás Maduro  luce tanto y hasta  más activa en el ámbito internacional que en el ámbito nacional. ¿Qué va a pasar en el transcurso de los próximos meses? ¿Resistirá el gobierno toda esta presión internacional sin aceptar un cambio? ¿Desistirán los gobiernos y organismos multilaterales de sus actuaciones en contra del gobierno venezolano? ¿Usted qué piensa?

  • To Be, Or Not To Be

    “El tiempo no vuelve atrás, por lo tanto, planta tu jardín y adorna tu alma en vez de esperar que alguien te traiga flores.”

    William Shakespeare

    “Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir…”

    Ser o no ser, esa es la cuestión, la primera línea de un monologo de la obra de William Shakespeare Hamlet (escrita alrededor de 1600), en el acto tercero, escena primera. Considerada y usada como síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda, ​ es una de las citas más famosas de la literatura universal y la más conocida de esta obra en particular:

    En el proceso de toma de decisiones siempre nos vamos a topar con situaciones difíciles o comprometidas en que hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger porque ambas son igualmente buenas o malas. Es decir, nos encontramos ante un dilema que en su mayoría es falso.

    Para tomar una decisión debemos definir el problema al que nos estamos enfrentando, luego debemos analizarlo desde varios puntos de vista, evaluar las alternativas que tenemos, elegir la que más nos convenga y aplicar la decisión tomada.

    En estos momentos las acciones y omisiones de las elites políticas nos están ubicando en el falso dilema de votar o no votar con argumentos maniqueos de que si se vota se legitima el gobierno y si no se hace, se está perdiendo la oportunidad de cambiar convirtiendo así al ciudadano, en el culpable de lo que seguramente sucederá el domingo 20 de mayo.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Democracia es también que el gobierno y los ciudadanos respetemos la ley, los derechos de las minorías y sobre todo las formas de la democracia. Y por eso es que hay tanta gente que no se identifica y pone en duda la utilidad de estas votaciones.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Democracia es también que las personas confíen en las instituciones que eligen. Por eso es tan corrosivo para la credibilidad de la democracia que quienes deben generar esa confianza no lo hagan, sino que por el contrario horadan sus cimientos para poder mantenerse en el poder.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Democracia es también el respeto por las formas legales. Por eso es inadmisible convocar a elecciones violando la legitimidad de origen que da la Constitución, sin respetar los tiempos que garanticen la justa competencia, sin una participación equitativa de todos los actores políticos que adversan al gobierno.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Democracia es también libertad de expresión y reunión, incluso para discrepar del propio acto electoral o del modelo de Estado. Y por eso es tan atentatorio a la libertad del individuo amenazar a quienes ejerciendo en libertad su derecho al voto hagan campaña para no hacerlo. La libertad de expresión no solo debe ser respetada por el Estado sino también debe serlo por quienes no compartan tu punto de vista, descalificarlos solo ensancha la brecha que ya tenemos entre nosotros los venezolanos.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Es también hacerlo con garantías y normas claras. Hay partidos y dirigentes políticos que quedaron fuera, existen millones de venezolanos dentro y fuera del país que no pueden ejercer su derecho, si quisieran votar porque no se les permitió regularizar su situación.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Debe garantizarse que la oferta electoral contenga todas las visiones de país, es responsabilidad del Estado fomentar y estimular la diversidad de la oferta electoral, para que aquellos que no están conformes con el modelo actual tengan también la oportunidad de participar con su voto. Debe haber variedad en la oferta al elector para que pueda elegir de verdad y cambiar su realidad.

    Para el 20 mayo la oferta no entusiasma a gran parte de los electores ya que está diseñada para que nada cambie; por un lado, el presidente candidato se adversa así mismo, pues siendo su modelo el responsable de la debacle del país ofrece solucionarla con más populismo de izquierda radical. Por otro lado, existe otro candidato que quiere parecer de centro derecha pero que en el fondo lo que ofrece es más populismo de izquierda, pero de paltó y corbata. Hay un tercero que su oferta es lo que se puede llamar un populismo de izquierda religiosa, aunque sean excluyentes los términos.

    Ninguno de los candidatos ofrece para el 87% de la población que estamos en pobreza un cambio del modelo, ninguno habla de cumplir la Constitución porque de hacerlo estarían hablando de descentralización, de libre mercado, que hay que negociar la deuda, que hay que aumentar la gasolina y los servicios públicos entre otras cosas.

    Democracia es votar, pero no es solo votar. Democracia es también dialogar, fomentar la convivencia y gobernar para todos, no solo para los que votaron a favor.

    Democracia no es solo votar, pero también es votar. La solución estable y definitiva para esta crisis de Estado pasa por las urnas electorales, pero en unas elecciones con el apoyo mayoritario de los venezolanos que instaure un pacto mínimo de gobernabilidad, o en su defecto por un acuerdo para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente legitima que elabore una nueva constitución democrática, con garantías y normas claras.

    En el final de Hamlet, este muere en una contienda amañada por una espada envenenada de manos de su hermano Laertes, pero este también recibe una herida con la espada adulterada. Antes de morir, el príncipe ve que su madre toma una bebida envenenada que era para él, y mata a Claudio el verdadero culpable del drama.

    Plantemos nuestro jardín…

  • Pasó el 20 de mayo. ¿y ahora qué?

    La pregunta viene a colación, porque haciendo abstracción de la forma como se desenvuelve o pudiera continuar desenvolviéndose la crisis política, la económica -que es la que, al fin y al cabo, lo que más les interesa a los meros mortales que somos los ciudadanos de carne y hueso- se encuentra exactamente igual, luego de haber transcurrido 5 días hábiles de ese evento.

    La hiperinflación sigue su tenebroso curso, camino de volverse la «peor hiperinflación» en la historia de Latinoamérica, que ya es bastante decir. El desplome petrolero recibió otro impulso con la prohibición de pagarle cuentas por pagar o acreencias de otro tipo al Estado venezolano y sus filiales como PDVSA, a través del sistema bancario norteamericano. La explosión de liquidez ocasionada por el Banco Central de Venezuela -curiosa manera que tiene el gobierno revolucionario de financiar el Programa Económico Serrano Mancilla- dio otra vuelta a la tuerca, sobrepasando 6.000% de emisión interanual y 70% mensual. La crisis eléctrica se sigue agudizando ante la proliferación de iguanas y saboteadores exitosos. Y, como si eso fuera poco, la escasez de todo anda por sus fueros, aunque la mayor de ellas parece ser la de criterios para enfrentar y resolver el entuerto.

    Esto último se desprende de la alocución del Primer Mandatario en cadena nacional, y las declaraciones de la oposición unida al inicio de semana. Por el lado del gobierno, pareciera que internamente llegaron a la conclusión de que lo están haciendo maravillosamente bien, porque no dieron indicio alguno de modificar nada de lo que ahora implementan. La “orden” al General-Presidente de PDVSA para que, de inmediato, aumente en un millón de barriles diarios la producción de crudo, como si de no más decirlo fuera a suceder, es preocupante. Como lo es también pensar que los socios de la OPEP van a acudir para ayudar a Venezuela a aumentar su producción, serruchándose sus patas entre ellos mismos.

    Por el lado de la oposición, tampoco parece que podemos esperar que salga nada esperanzador, al menos en el futuro inmediato. Sobre todo, después de escuchar al propio presidente de la Asamblea Nacional, luego de decir, en respuesta a los acontecimientos del domingo, que «tienen que organizarse para luchar…» de lo que se infiere que todavía no están organizados y que, por esa razón, no se atreven a enunciar un concreto Plan de Ajuste, como el que explicitara el economista Francisco Rodríguez, cumpliendo su rol de Asesor Económico del para entonces candidato Henri Falcón.

    ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que se organicen, y oigamos de ellos propuestas de medidas concretas, y no los cansones y aburridos lugares comunes de siempre, como que la inflación se combate con producción; vamos a consultar con todos para preparar un plan económico; y la economía está muy mal?

    Señores del mundo político y de todo el espectro del mismo, a estas alturas ya deberían haberse dado cuenta que, sin el punto de partida de una reforma monetaria, no hay forma posible de recomponer la economía, ni en socialismo ni en capitalismo. Esa reforma no requiere que consulten hasta el último ciudadano, en cuanto a su naturaleza, sino que ejerzan el liderazgo de presentarla ante la opinión pública como alternativa, e irla actualizando mes a mes, en función de deterioro progresivo.

    Obviamente, lo que podía haber funcionado hace un año, tal vez ya resulta demasiado gradual. En el caso del gobierno, parece que no podemos esperar mucho, porque las palabras perdón, me equivoqué, vamos a corregir, definitivamente, como que no existen en su diccionario.

    La primera reforma monetaria de la posguerra se hizo en 1948 en Alemania. Ni al Canciller Konrad Adenauer, y mucho menos al entonces Ministro de Economía y luego Canciller, Ludwig Erhard, les tembló el pulso para, en un solo fin de semana, tomar las dos o tres medidas sencillas, pero contundentes, que se necesitaban para resucitar la economía alemana. Si revisan la historia, se darán cuenta que esos líderes no se escondieron detrás del delantal del pueblo para eludir la responsabilidad que les corresponde como dirigentes, de señalar el camino.

  • Los náufragos

    La mayoría de los venezolanos estamos como el náufrago que recuerda aquella canción de la banda de rock inglesa The Police que estaba solo en una isla y nadie lo escuchaba, pedía que lo rescataran antes de caer en desesperación. Mandó un mensaje en una botella, pasaron años y nadie lo recibía. Su sorpresa fue despertarse una mañana y encontrar millones de botellas en la orilla de la isla con similares mensajes, SOS, buscando una salvación. Eran ya muchos los desesperados en el planeta.

    No es difícil para los hombres y mujeres de esta nación encontrarse solos y agobiados mientras se contempla la destrucción de un Estado. El 20-M es una fecha crucial para corroborar la trágica situación que se vive en el país. Pareciera que no hay salidas, el guion es implacable, todo es una ficción, aparecieron millones de votantes que nadie vio, los abusos electorales a flor de piel, la verdadera expresión fue la abstención y, sin embargo, en el país donde pasa todo lo que no debería pasar, una minoría con poder e intereses vitales quiere premiar a quienes son los responsables de la vergonzosa situación que vive Venezuela.

    Quién, en su sano juicio, puede no entender que la mayoría del pueblo quiere un cambio. Todos saben que el modelo impuesto fracasó y que una nueva oferta de país es la que tiene que prevalecer como única fórmula para rescatar esta nación. En Venezuela han pasado muchas cosas en estos últimos años. La mayoría muy malas. Muy denigrantes para nuestra supervivencia. Al igual que el náufrago que lanzó su botella al mar, hay mucha desesperación. Es la económica por una parte, pero por la otra es ser testigos de excepción de dos décadas que han sido marcadas por un conflicto permanente, reiterativo y siempre girando sobre lo mismo, la mentira y la agresión. El país se ha ido deteriorando ante nuestros ojos. Son los escasos alimentos, la infraestructura deteriorada, la destrucción del poder adquisitivo, la corrupción, la despedida de los hijos, el abuso de poder y la violación del Estado de Derecho. Son demasiadas cosas malas para no seguir luchando por una salida a tan difícil naufragio.

  • Por un liderazgo más inclusivo rompamos estereotipos de género

    Usualmente en mis talleres de liderazgo planteo una dinámica que consiste en invitar a los participantes a pensar en un líder hombre y en una líder mujer. De cualquier ámbito, vivo o muerto, privado o público, de cualquier edad, religión o raza. Acto seguido les pido que enumeren las razones por las cuales esa persona seleccionada es para ellos un líder, sus cualidades y atributos más resaltantes.

    No exagero si les cuento que he hecho esta actividad unas 30 veces con distintos grupos, en por lo menos cuatro países en el Caribe. Y siempre se repite el mismo patrón: los rasgos asociados al liderazgo masculino difieren sistemáticamente de los rasgos asociados al liderazgo femenino.

    Al hombre se le atribuyen adjetivos tales como: fuerte, autoritario, inteligente, orientado a resultados, competitivo, negociador, dominante, racional, ambicioso. A la mujer se le ve: emocional, apoyadora, esforzada, tenaz, constante, buena escucha, sentimental, afectuosa…

    Otros estudios con otras culturas anglosajonas parecen confirmar lo mismo: “women “take care”, while men “take charge”. (Las mujeres cuidan a otros, mientras que los hombres se hacen cargo de la situación).

    Estos estereotipos, como toda simplificación perceptual, provienen de patrones culturales y educativos que nos hacen encasillar el rol de hombres y mujeres en conductas esperadas socialmente. Y al mismo tiempo impiden que cruzar la línea ea aprobado o alentado, antes bien, son penalizados. Así, una mujer racional, dura, ambiciosa, puede ser juzgada como masculina y un hombre dedicado a cultivar relaciones con otros con orientación emocional, puede ser percibido como femenino, con el consecuente aislamiento social.

    Un dato interesante, es que las mismas mujeres, participantes de estos talleres de empoderamiento femenino, son las que sostienen este modelo mental de ver a los hombres como mucho más inteligentes, capaces y potentes que ellas, que ya están sensibilizadas por el tema. Cuando ven los resultados de la dinámica son las primeras en sorprenderse. Y es que así operan los paradigmas, inconscientemente. El problema es que desde allí actuamos.

    Así ha sido por muchos años, pero me atrevo a decir que esto está cambiando. Paulatinamente, pero va cambiando. Gracias al desarrollo de novedosas

    tendencias en el abordaje del ser humano como el Coaching o la Psicología Positiva, las nuevas generaciones están aprendiendo a “enjuiciar sus propios

    juicios” acerca de las personas, a romper moldes de lo que está bien o no hacer de acuerdo al género, y a ver a nuestros líderes con otros ojos, entendiendo que las conductas involucradas en alcanzar objetivos y ser competitivos pueden lograrse de mejor manera si integramos distintos puntos de vista.

    Un hombre puede aprender a desarrollar inteligencia emocional y expresar sus emociones, al mismo tiempo que una mujer puede aprender a manejar cifras y datos duros de los negocios. Un hombre puede dar rienda suelta a su capacidad para proteger y alentar a los miembros de su equipo, y las mujeres a cerrar negocios demostrando firmeza y autoridad. Todo se puede aprender.

    Mujeres y Hombres nos necesitamos, cada uno con nuestros estilos de liderazgo particulares, pero integrando ambas visiones, de forma que nos permitan lograr el desarrollo de las organizaciones donde nos desempeñamos.

     

  • El orgullo de ser empresario

    Más allá del significado y la vigencia que muy acertadamente Fedecámaras sintetiza en su slogan, el orgullo de ser empresario es una expresión genuina, de mucha naturalidad y por supuesto, de completa sinceridad. Y más que una expresión es un sentimiento de verdadera esencia, sin ninguna figuración de aparentar, sencillamente porque en el ámbito empresarial ese orgullo es el resultado de una acción exitosa, es la satisfacción que se origina por el logro o el cumplimiento de un propósito cuando se emprende un proyecto de negocio y se ejecuta exitosamente a base de esfuerzos y coraje; es el sentimiento oculto en la sonrisa y en el rostro carialegre, y es también la gratitud que se expresa discretamente ante el reconocimiento y el elogio oportuno y sincero. Por encima de todo, el orgullo de ser empresario es la satisfacción que siente la persona por ser o haber sido útil a la sociedad en general, satisfacción que casi siempre trasciende a lo personal al proyectarse de manera inexorable en las generaciones sucesoras.

    El orgullo empresarial así definido es de aplicación universal en tanto que es válido para la generalidad de las situaciones. En el caso venezolano, el orgullo de ser empresario tiene una connotación especial y puede considerarse con sentido de singularidad, dado que en el desarrollo empresarial en el universo de naciones Venezuela es un caso único, por lo menos en lo que respecta a lo acontecido en los 17 años de este siglo XXI. El trabajo empresarial y el orgullo de los empresarios venezolanos han tenido que superarse en el transcurso de esos años ante la adversidad y la serie de obstáculos que han enfrentado los empresarios en razón de políticas gubernamentales de corte totalitario. La situación ha sido y sigue siendo causa razonada y de mucha potencialidad para desencadenar una estampida de las inversiones del sector privado, tanto nacionales como extranjeras; sin embargo, el empresario en Venezuela ha sabido aguantar lo más posible la situación, enfrentando sin dobleces ni entreguismo la inmensa adversidad de esas políticas, incluyendo el caso de la apreciable cantidad de empresas que a fuerza de imposición han debido bajar la santamaría o que han sido expropiadas o confiscadas por el gobierno.

    Esa actitud orgullosa del empresario en Venezuela contrasta con la actuación asumida por inversionistas establecidos en otros países, al optar por la mudanza masiva de sus sedes debido a causas de políticas gubernamentales. Cataluña es el caso más cercano a Venezuela por motivos de tiempo, espacio y afinidad histórica. Según un reporte del Colegio de Registradores Mercantiles, en tan solo 24 días de este octubre (del 2 al 26) un total de 1.681 empresas trasladaron su sede desde Cataluña a otras regiones de España. De lunes a viernes y cada 15 minutos y medio se hizo la mudanza de una empresa y toda esta evasión ocurre a causa del intento de la provincia autónoma de Cataluña para independizarse del Reino de España. La actualidad de este caso permite poner en evidencia la capacidad de aguante del inversionista en Venezuela y por consecuencia su reconocido orgullo.

    El orgullo empresarial es un sentimiento arraigado en lo más profundo del ser humano como empresario, que se genera en la tenacidad y la valentía y sobre todo, en la confianza en Venezuela. Es un orgullo que se manifiesta en forma callada y discreta, sin ningún ápice de vanidad, pero con la mayor dignidad posible. El cuadro del empresario en Venezuela lo pinta muy bien el poeta y escritor Benjamín González Buelta, S.J., citado por Luisa Pernalete en su más reciente artículo, cuando afirma: ”hay una especie de desazón colectivo, el horizonte está en medio de la oscuridad, hasta respirar profundo cuesta por lo pesado del ambiente; sin embargo, en medio de la bruma hay luces, hay gente que no se cansa, que se reinventa; hay pistas de semillas que anticipan que luego crecerá el árbol que dará cobijo a las aves del cielo, y tendrá sus frutos”.

     

  • La confianza es fácil perderla y difícil recuperarla

    En un mundo globalizado, en el que los ahorros e inversiones de cartera pueden ir de un país a otro electrónicamente en milisegundos, la confianza es un elemento esencial. Hasta los chinos invierten en letras del tesoro de Estados Unidos, a pesar de su bajo rendimiento. Y lo hacen, porque tienen confianza en que sus ahorros en ese instrumento están protegidos.

    La reflexión vine a colación, porque en un excelente artículo publicado en el portal Prodavinci, titulado “10 Reformas de la Política Energética para Rescatar la Industria Petrolera”, André Guevara de La Vega y Carlos Bellorín esbozan unos cambios que nos atrevemos a decir se asemeja a un consenso sobre los pasos a tomar que, probablemente, comparten, inclusive, muchos de los dirigentes y técnicos del Gobierno.

    No son cambios drásticos; nada que no hayan hecho nuestros vecinos durante los últimos años, incluido México, donde desde hace 80 años el petróleo estatal tenía más jerarquía de religión que en Venezuela. Es más, en un inicio nada que no se pueda hacer, aun con la Ley de Hidrocarburos que promulgó vía Habilitante el ya difunto Hugo Chávez.

    Por demás el planteamiento es oportuno, porque complementa lo que pareciera ser otro consenso. Y se trata de que, sin una recuperación de la industria petrolera en su conjunto, le va a ser muy difícil al país -por no decir imposible-  salir del foso en el que han logrado meterlo.

    Todo lo que ahí se plantea, requiere que las empresas petroleras que vayan a arriesgar el capital de sus accionistas, los bancos que les vayan a extender líneas de crédito, los acreedores de PDVSA y la Nación -y hasta los propios ahorristas venezolanos- tengan confianza en que en un nuevo marco legal y en un nuevo relacionamiento del Estado, la empresa estatal, los productores privados que vayan a entrar, efectivamente, se va a mantener en el tiempo. Porque, si a ver vamos, Venezuela tiene una gigantesca tarea ante sí para recuperar credibilidad y confianza.

    Llegado a este punto, algunos pensarán que el Presidente Nicolás Maduro ha hecho que se pierda confianza en el país. También que eso ha sucedido desde que Hugo Chávez llegó al poder. Pero, lamentablemente, eso no es así. De hecho, ante la pregunta de Zavalita en frente del bar La Catedral en la novela de Mario Vargas Llosa, emergió la misma inquietud, porque, según él, el momento cuando se perdió la confianza, es difícil de precisar.

    Quizás fue cuando durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez la Directiva del Banco Central de Venezuela se sembró de ministros, restándole autonomía. 0 tal vez fue en 1983, cuando el Gobierno de Luis Herrera Campíns devaluó decretando un control de cambio, protegiendo a algunos y poniendo el peso del ajuste sobre los hombros de los asalariados y de los ahorristas. Otros pudieran pensar, inclusive, que pudiera haber sido en 1989, cuando durante el segundo Gobierno de Carlos Andrés Pérez no se respetaron los contratos de las cartas de crédito garantizadas por el del Presidente Jaime Lusinchi.

    Lo cierto es que hasta pudiera haber quienes digan que fue durante la crisis bancaria del Gobierno presidido por Rafael Caldera, o cuando Hugo Chávez, de un solo plumazo, declaró nulos los contratos de la apertura petrolera. También pudiera decirse que sucedió cuando el presidente Nicolás Maduro entró en default en deudas soberanas contratadas por su antecesor y mentor.

    Sin duda alguna, abundan las culpas para repartir. Aunque lo que es innegable, sin duda alguna, es que Venezuela lleva ya décadas destruyendo la confianza de los mercados, y, difícilmente, la recuperará como por arte de magia de la noche a la mañana.

    Las políticas que se aprueben, van a requerir un compromiso contundente con la separación de poderes, el respeto a las competencias, la inviolabilidad de los contratos, el cumplimiento de los pactos internacionales de los que Venezuela es miembro. En resumen, requerirá convencer casi al mundo entero de que se respetará el Imperio de la Ley. De lo contrario -y así de sencillo- podemos dar como un hecho que nadie más invertirá un dólar en Venezuela.

    Que eso se logre, desde luego, no dependerá del gobierno de turno. Tampoco de los políticos en su conjunto. Dependerá de que los venezolanos le den a ese mismo mundo, una señal inequívoca y permanente de que, en el futuro, no les prestarán la mínima atención a los cantos de sirena de las promesas populistas.

  • Mujeres y liderazgo empresarial

    Tuvimos la oportunidad de conversar sobre el rol de la mujer en la economía, con unas 20 mujeres de empresas de Maracaibo, gracias a la apertura de la Cámara de Comercio de Maracaibo, en la persona de quien fuera su presidenta, Amaya Briner.

    ¿Por qué es importante que cada vez más mujeres se involucren en las posiciones de poder de las empresas? Estas son algunas de las razones que compartimos:

    • Compañías con presencia de mujeres en las Juntas obtienen un 36% de ROI, según MSCI World Index (1650 compañías)
    • Fuerte Liderazgo femenino trae beneficios monetarios. Por lo menos 3 mujeres en la Junta o una Mujer CEO y otra en la Junta directiva
    • Investigaciones de la Psicología Social muestra que equipos con mayor diversidad de género toman mejores decisiones y son más innovadores
    • Compañías con más mujeres directoras están menos expuestas a escándalos de corrupción.
    • Sólo 2% de las empresas tienen estrategias para capacitar a mujeres y que éstas alcancen puestos de mayor liderazgo
    • De entre las mujeres millennials, 30% afirma que nadie se hace responsable de apoyarlas en su trayectoria hacia puestos de mayor autoridad. Los hombres de su generación entrevistados no opinaron al respecto, pero expresaron que esa tarea le toca “a todos”, especialmente a Recursos Humanos.
    • Tal visión demuestra una cultura masculina arraigada sin importar la edad; romper con ese sesgo inconsciente y con los estereotipos “no es fácil”, pero ellas necesitan hacerlo sin desertar en el camino.

    Ya en consejos otro post dábamos consejos a los empleadores y responsables de los departamentos de RRHH para que aseguraran mayor equidad e igualdad en los espacios de trabajo. Aquí hay algunos adicionales:

    • Contrata empleados que valoren a las personas (sin hacer distinción de género).
    • Promueve la cultura de cambio e inclusión. Los programas por sí solos no funcionan.
    • Directores (as), ¡sean explícitos! Si dicen que sí a más talento femenino digan ¿cuándo y dónde?
    • Inclusión responsable: hay que establecer objetivos medibles y alcanzables respecto a atraer y capacitar más mujeres. Donde no hay métrica no se avanza.

    Las participantes del taller identificaron, asimismo, los problemas que ellas como mujeres confrontan en sus lugares de trabajo:

    • Uso del tiempo: ¡no alcanza!
    • Manejo de las emociones: nos critican por ser muy “emocionales”
    • Conciliación familia y trabajo
    • Sesgos y estereotipos acerca de la superioridad del liderazgo masculino
    • Falta de modelos líderes femeninas
    • Discriminación para la contratación de mujeres por aplicarles filtros que no le aplican a los hombres
    • Hombres que se roban el crédito por tu trabajo
    • Cánones de belleza o apariencia que generan presión y estrés.
    • Ley Orgánica del Trabajo de Venezuela que no ayuda a seleccionar mujeres por lo extenso de la licencia pre y postnatal

    Todos estos obstáculos conforman mecanismos institucionalizados de exclusión, conocidos como el Techo de Cristal, el Suelo Pegajoso, o la Escalera Resbaladiza. Están allí como parte de la cultura que nadie cuestiona y que explica por qué tan pocas mujeres llegan a posiciones de dirección, como se observa en este gráfico de Onu Mujeres:

    En Venezuela, los datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señalan una dramática disminución en la cantidad de mujeres trabajadoras que disfrutan de la seguridad social, que desde 1995 perdió 20 puntos de cobertura hasta 2010.  Las mediciones sobre la informalidad (Isabel Pereira, CEDICE) revelan la primacía de las mujeres y su incremento en los últimos años. La tasa de desempleo de las mujeres es de un 9,2 %, mayor que la de los hombres.  Hay una significativa brecha salarial, que llega a oscilar entre el 14.2 y el cerca de 40%, en diversas actividades y regiones. Más de la mitad de las empresas venezolanas nunca han tenido una mujer en su Directiva. Se registra caída de la tasa de empleo de las mujeres con hijos pequeños a cargo.

    Pero este panorama, lejos de desestimularnos, nos lleva a la determinación de Empoderarnos para lograr cambiar las cifras. Empoderamiento que se basa en tres pilares: el trabajo como fuente de aprendizaje, los estudios como base para el conocimiento y el ejercicio del liderazgo en todos los espacios donde podamos participar.

    Con estas compañeras marabinas el compromiso es real. Ya comenzamos a quitar vendas, a generar conciencia, a difundir el mensaje feminista que busca igualdad de oportunidades y generación de espacios laborales más equitativos y justos para todos, hombres y mujeres.

    ¡Gracias chicas maravillosas por su tiempo y determinación empoderadora!

  • El líder y el discurso

    El ser humano es gregario por naturaleza. El gregarismo, más que una tendencia para compartir en grupos o asociaciones, es una necesidad inherente al individuo y de esa necesidad deviene otra no menos importante: la interlocución. El liderazgo y el discurso surgen de la interlocución.  ¿Qué sería del religioso, el político, el ecologista o el gremialista sin la posesión de un discurso que le sirva de medio para ganar seguidores? El discurso en estos casos no debe entenderse solo como la lectura solemne de un escrito en acto público, no; el discurso es el mensaje transmitido de manera frecuente y variada que se va conformando a través del tiempo en un conjunto de ideas, opiniones, argumentos y anécdotas expresadas en documentos o en reuniones, asambleas, entrevistas para los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas.

    El liderazgo varía mientras el tiempo transcurre; sube o baja y hasta puede permanecer invariable durante un período determinado. Allí está su relatividad, porque el liderazgo es siempre relativo; nunca es absoluto. La relatividad hace que la consistencia del liderazgo dependa de varios factores, muchos de los cuales devienen del propio desempeño del líder. Uno de los factores que más influyen en la vigencia del liderazgo es precisamente el discurso, el mensaje que el líder transmite con frecuencia hacia su público objetivo. Mientras más renovado y adecuado sea el discurso, mayor será su solidez y proyección, incrementándose así la capacidad del líder para convencer y persuadir a sus seguidores. El discurso puede fortalecer el carisma del líder pero también lo puede empobrecer. Una idea mal concebida, un error conceptual, repetir frases comunes (decir más de lo mismo) y hasta una palabra mal expresada puede causar efectos muy negativos en el público. El discurso es, por consiguiente, el mayor vínculo entre quien actúa como dirigente y quienes creen y confían en su mensaje.

    Hay dos formas clásicas para convencer a las personas: la razón y la fuerza, por eso el discurso es razonamiento, es una cadena de argumentos. Además, por vía del razonamiento se puede evaluar la calidad y efectividad del discurso, porque una disertación con escasez de argumentos y abundancia de frases comunes termina siendo parte de un discurso de baja calidad y por consiguiente, de poca efectividad y, en muchos casos ni siquiera llega a la categoría para conformar un discurso.

    Casi siempre el discurso del líder tiene su correlación con los saberes, el nivel de conocimiento y la madurez de la organización a la cual representa. La correlación pocas veces es equilibrada; tiene sus desbalances. Cuando el discurso del líder está muy por encima del promedio cognitivo de la organización se estaría en presencia de situaciones con poca frecuencia y ocurre también en sentido contrario. En el primer caso el líder sobresale de manera muy notoria ante el colectivo y en el segundo caso el líder mantiene la supremacía, pero su discurso deja mucho que desear. En las dos últimas décadas del siglo XX y en los años que transcurren del XXI hay ejemplos esclarecedores en ambos sentidos en el escenario político en Venezuela. En organizaciones distintas a las políticas también hay ejemplos.

    Ni el liderazgo ni el discurso tienen vigencia de larga duración. En muchos casos son muy efectivos pero son efímeros, debido a la terminación del período previamente establecido para el ejercicio de la dirigencia, dejando así lo que podríamos llamar el “síndrome del discurso” o la nostalgia causada por la pérdida de la tribuna y el alejamiento del público receptor. Es la añoranza de un pasado que difícilmente volverá.