Categoría: Opinión

  • Democracia, libertad económica y gerencia pública: Las grandes tareas pendientes de la sociedad venezolana

    Una sociedad, cualquiera que esta sea, requiere algunas condiciones que permitan a sus miembros lograr sus fines últimos, es decir, sobrevivir física, emocional, económica y políticamente. Cuando esto no sucede las posibilidades de sus miembros de lograr el desarrollo disminuyen significativamente.

    Todo cuerpo social, sea este la familia, la empresa, un club social o una institución pública, requiere ciertas condiciones que lo sostengan. En el caso de un país, esas condiciones normalmente se dan dentro de un marco amplio de instituciones que alcanzan sus fines individuales y colectivos. Gobierno, leyes, líderes capaces, constituyen un entramado cuya complejidad permite esos deseados bienes para un pueblo.

    El caso en Venezuela, en medio de casi 20 años de gobierno socialista, la situación es de caos absoluto. Hiperinflación, emigración, escasez, elecciones ilegales, fallas eléctricas constantes, sequía extensa a lo largo y ancho del país, inseguridad, falta de institucionalidad, desempleo que abarca a cerca del 30% de la población y todo en eso en el marco de aislamiento económico y político internacional. Hay que ver a PDVSA, como si de la guinda de un pastel se tratara, como la muestra de nuestra quiebra total. Esta empresa representó el más profundo anhelo de la sociedad de apropiarse del petróleo para su bienestar. Más de 40 años después, ella es una muestra de la profunda creencia de que la renta era suficiente, la realidad nos pega en la cara sin ningún tipo de misericordia.

    Ese marco de conflicto y debilidad en Venezuela se muestra cuando fallan tres grandes instituciones que las sociedades modernas han construido a través del tiempo: La democracia, la libertad económica y la gerencia pública, que son necesidades que estando por encima de los problemas específicos que nos agobian deben ser considerados para la reconstrucción del país.

    Esos tres elementos no son meras abstracciones, son la base de cualquier sociedad que pretenda superar los problemas específicos que la vida moderna plantea. La democracia como sistema, imperfecto pero perfectible, debe ser la base de la sociedad. Logramos un experimento de más de 40 años, ciertamente tuvo problemas pero ninguno comparable con los que vivimos en la era que le siguió. ¿Requiere nuestra democracia otra constitución? La respuesta es que solo unos pequeños cambios en la forma de la reelección, sin embargo eso no parece ser el problema de base.

    El otro gran aspecto es el de la libertad económica. No existe la posibilidad de experimentar modelos de economía planificada a la usanza de la extinta Unión Soviética. China hoy es la economía más pujante del mundo y no se apalanca en ninguna idea de control económico. Necesitamos una economía diversificada, el petróleo es una bendición mientras no sea la única fuente de ingresos del país. Los trabajos de Haussman e Hidalgo en MIT/Harvard (https://atlas.cid.harvard.edu/rankings/growth-projections/) han demostrado que la diversidad en las capacidades de un país son las claves para proyectar su desarrollo. En nuestro caso no existe tal diversidad por lo que es urgente abrir la actividad económica, respetando el derecho a la propiedad y garantizando el libre tránsito por el territorio del país.

    La tercera gran tarea es la de la gerencia pública venezolana. El estado de más de tres millones de empleados públicos es incapaz de proveer servicios mínimos a la sociedad. La salud pública, la educación, la seguridad deben ser los ejes de acción de la gerencia pública de cara al ciudadano. De nada sirve una estructura sin rumbo, ni fines. La justicia es la otra deuda del estado venezolano para con sus ciudadanos.

    Por un lado la incapacidad técnica de buena parte de los miembros de la administración pública unida a un tamaño inmanejable de sus estructuras requiere igualmente acciones para reorientar a esos millones de empleados que no cumplen ningún rol específico para brindar bien a la sociedad,  llevándolos a empleos productivos.

    ¿Quiénes deben tomar las riendas?

    La sociedad venezolana en el año 58 del siglo pasado alcanzó la libertad política y construyó a través del pacto de punto fijo una amplia base de consensos que permitió evolucionar y ofrecer a la colectividad grandes avances en términos de inclusión social. La educación se masificó y muchos aspectos de la vida en el país mejoraron. Sin embargo, el experimento fracasó, entre otras cosas por el excesivo clientelismo que sirvió de forma de organizar al estado y al país en general.

    La dirección del país requiere entonces de amplios consensos y especialmente un cambio en la mentalidad de las élites sociales y económicas del país. No hemos superado la idea del gendarme necesario, tenemos miedo a la democracia real. El desorden de la democracia es necesario frente a la idea del orden castrense y disciplinario. La democracia real nace en el permitir efectivamente que todos, absolutamente todos, tengan acceso al poder. Chávez, Pérez Jiménez y Gómez son ideas del pasado, son anacronismos que no podemos volver a repetir.

    Si nuestros dirigentes no asumen el valor de la participación y el orden como dos imágenes contradictorias pero complementarias no podremos salir jamás de donde estamos, a pesar de nuestras grandes bolsas de recursos naturales a disposición.

    Hay que exigir y exigirnos libertad económica, democracia y gerencia pública. No debemos seguir insistiendo en la distribución y redistribución de la riqueza, porque el patrimonio de los pueblos no está en el subsuelo, está en la gente, sus conocimientos, capacidades y sus valores. Cuando aprendamos a producir riqueza no requeriremos de un estado paternal.

  • Dignidad

    “En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad humana, ninguna tiranía puede dominarle.”

    Mahatma Gandhi

    Se entiende por dignidad la cualidad del individuo que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad, con respeto hacia sí mismo y hacia los demás no dejando que lo humillen ni degraden.

    El concepto tiene su origen en la antigua Grecia, a lo largo del tiempo se ha enriquecido en su significado y alcance, pasando de ser un concepto vinculado a la posición social a expresar la autonomía y capacidad moral de las personas, constituyéndose en el fundamento indiscutible de los derechos humanos.

    A finales del siglo XX, como realización de las ideas liberales, la democracia se impuso en la teoría y en la práctica como el único régimen posible para las sociedades modernas, en especial a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, muchas de las naciones que no contaban con regímenes democráticos, paulatinamente fueron modificando sus marcos constitucionales y estructuras políticas para instaurar modelos democráticos al menos en apariencia.

    En América Latina vivimos en el último cuarto del siglo XX el fin de las dictaduras militares y gobiernos totalitarios populistas, para dar paso a la formación de regímenes democráticos; sin embargo ante la imposibilidad de estos de generar progreso, bienestar y de acortar las brechas sociales se comenzaron a imponer regímenes populistas de izquierda en algunos países utilizando las formalidades de la democracia tomando el poder para permanecer en él, siendo su primera víctima la dignidad del individuo. Afortunadamente ya en el segundo decenio del siglo XXI las cosas han comenzado a cambiar con más o menos aciertos, pero con una firme inspiración demócrata.

    Así como se impone la democracia igualmente se imponen los derechos humanos como una condición indispensable para el desarrollo de la democracia y la propia existencia de los Estados.

    La Declaración Universal de los Derechos Humanos menciona que “todas las personas son libres e iguales en derecho; es decir, da reconocimiento a la dignidad humana.” Se refiere a la protección y garantía de que cada ser humano constituye la base del Estado de Derecho, que deriva del respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

    Cada uno de nosotros tiene el derecho de ser valorado como un sujeto individual y social, en igualdad de condiciones, por el solo hecho de ser persona.

    Por el contrario, se oponen a la dignidad humana, los tratos humillantes, discriminatorios y desiguales. Se debe entender a la dignidad de las personas como el derecho de realizar su propio destino sin más restricciones que la moral y la ética imponen.

    Sin embargo, dignidad y vulnerabilidad siempre van de la mano. Porque ella depende directamente de nuestra actitud y de la autoestima.

    El hecho mismo de que las políticas de Estado en Venezuela nos tengan en la base de la pirámide de Maslow; aquella que habla de la jerarquía de las necesidades humanas, que en su base están las necesidades fisiológicas como respirar, alimentarse entre otras y estemos pendientes solo de sobrevivir, es un mecanismo para socavar la dignidad de la persona para tener el control social que le permitirá mantenerse en el poder.

    Debemos entender que merecemos lo mejor, no camiones de estaca para trasladarnos o recibir una bolsa de comida a cambio de lealtades, que debemos ser respetados por lo que somos, tenemos y nos caracteriza, no es orgullo, es dignidad. Así como no se debe interpretar como egoísmo defender nuestra identidad, nuestra libertad y nuestro derecho a tener voz propia, opinión y valores.

    Tenemos el deber de no descuidar, olvidar o dejar en manos de otros, la dignidad.

    Siempre debemos recordar algo: la esperanza no es lo último que una persona debe perder, en realidad lo que jamás debemos perder es la dignidad personal.

    Nuestra dignidad no son unas llaves que ponemos en nuestro bolsillo y que de vez en cuando, la usamos para abrir alguna puerta o dejamos en custodia de otros. La dignidad es el valor intransferible, incondicional, propio y privado de cada uno. No se deja, no se pierde ni se vende.

    Las personas perdemos nuestra dignidad cuando nos dejamos humillar y boicotear de forma sistemática por otros o por el poder. Perdemos nuestra dignidad cuando dejamos de respetarnos a nosotros mismo. La dignidad se pierde cuando nos volvemos conformistas y aceptamos mucho menos de lo que merecemos. También perdemos nuestra dignidad cuando exigimos privilegios y vulneramos el sentido del equilibrio y la igualdad respecto a nuestros semejantes.

    Tal como dijo Martin Luther King una vez, “no importa cuál sea tu oficio, no importa el color de tu piel ni cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria, todos somos dignos, y todos tenemos la capacidad de construir una sociedad mucho mejor basada en el reconocimiento de uno mismo y en el de los demás.”

  • Pdvsa, Conoco, Irán y el petróleo en setenta

    En las últimas dos semanas, los precios del petróleo han fluctuado al alza, traspasando la barrera psicológica de los $ 70 para el barril norteamericano West Texas, y acercándose a la de $ 80 en el caso del marcador europeo Brent.

    Analistas que hasta hace poco estaban proyectando un regreso a precios por debajo de los $ 60 para 2019, ahora hablan de precios oscilantes en el rango entre 70 y 80 dólares por barril. Inclusive, uno que otro revivió el espectro del barril de petróleo en $ 100, con todas las implicaciones negativas que eso significa para la economía mundial.

    El motor principal de esa alza, sin duda alguna, es la reimposición de sanciones a Irán por parte del gobierno norteamericano, en un momento cuando los inventarios han bajado a niveles manejables, gracias a los acuerdos OPEC-Russia. También a cierta prudencia por parte de los productores americanos independientes de esquistos, en cuanto al ritmo de aumento de su producción.

    Aunque, más allá del caso de Irán y de los inventarios, el tercer elemento es lo que todos los analistas entrevistados caracterizan como “el colapso de la producción de Venezuela”. Y nótese que no hablan de reducción, sino de colapso.  ¿Por qué?  Porque ellos, mejor que nadie, saben que cuando salen taladros de servicio y el descenso de la producción, mes a mes, es cada vez mayor, en algún momento, la declinación natural de los yacimientos y las ineficiencias operativas juntas, crean el escenario perfecto para que Venezuela desaparezca del mundo de los exportadores importantes, al que perteneció alguna vez.

    A eso, ahora hay que añadirle las recientes acciones de embargo a PDVSA por parte de Conoco Phillips, con las que dicha empresa intenta resarcirse de los $ 2.000 millones que le adjudicó el centro de arbitrajes CIADI, por la confiscación del mejorador de crudos que habían construido en el marco de la apertura petrolera por un costo de más de $ 10.000 millones.

    En principio, por supuesto, el que los tribunales les hayan adjudicado únicamente $ 2.000 millones a Conoco, debería haberse visto como un triunfo para la demanda PDVSA.

    Las acciones de Conoco se han concentrado en las terminales de transferencia y refinación propiedad de PDVSA en Curacao, Bonaire, y San Eustaquio, islas que están dentro del ordenamiento legal holandés. Dicho de otra manera, en un país en el que sí funciona el Imperio de la Ley.

    Seguramente, muy pocos habrán oído hablar de estas terminales. Pero ellas son vitales eslabones en una logística que incluye recepción de crudos dulces norteamericanos, para mezclar con los extrapesados de la Faja, y el trasbordo de tanqueros de menor capacidad para envíos a clientes distantes, como China.

    Las informaciones que han trascendido desde Bloomberg -la cual es una fuente de gran respeto- indican que, ante esa amenaza, tanqueros que estaban en tránsito habrían regresado a puerto venezolano. En su análisis, Bloomberg va más allá. Y menciona que el actual, pudiera ser el inicio de las demandas que, más temprano que tarde, pudieran acometer los tenedores de bonos y otras acreencias, a cuyos vencimientos, luego de dejar de honrarlas, el Gobierno les ha hecho caso omiso, como si las mismas no existieran.

    De hecho, las especulaciones sobre si habría sanciones por la vía de embargo de compra o de venta de crudo por parte de los Estados Unidos, han pasado a un segundo plano. Y eso sucede, cuando ya se vislumbra una larga cola de acreedores siguiendo la vía que Conoco escogió.

    Por primera vez en la historia, Venezuela no aprovechará un alza en los precios petroleros. Y todo en vista de que, si el millón de barriles de producción que se han perdido estuvieran en el mercado, el ingreso adicional del país sería de $ 26.000 millones. Entonces, las deudas no estarían en mora, y gran parte de los problemas económicos que nos aquejan, desaparecerían.

    ¿Quién asume la responsabilidad de ese entuerto? Pues lo cierto es que, tampoco en este caso, luce que sean la iguana o un saboteador solitario los que lo hayan causado.

  • El 20-M

    Un artículo de Gustavo Tarre despeja los escenarios frente al 20 de mayo. Están todas las opciones y para todos los gustos. El autor se concentra en el escenario según el cual gana Maduro y anuncia un gobierno de unidad nacional con Falcón como vicepresidente. Sin duda, la imaginación es libre y especular es legítimo en el análisis político.

    Ahora bien, más allá de los resultados que serán los que serán y no necesariamente los que sean producto de la transparencia electoral, de la voluntad de las mayorías, ni de un proceso del cual nos podamos sentir orgullosos, hay un sentimiento generalizado entre quienes han decidido esta vez no votar, los militantes chavistas y opositores dispuestos a sufragar, y es que la gran mayoría, en sus subconscientes, quiere ver a Maduro derrotado y prefiere que gane Falcón. La razón es simple, el pueblo venezolano está agotado de quien dirige las riendas desde Miraflores, sabe que no hay una salida para la crisis mientras los responsables de tanta tragedia sigan al frente de la conducción del país. Esto se refiere a ese grupito de atorrantes que día tras día se ha convertido en la cara horrible de una Venezuela al garete.

    Hasta la mayoría de los chavistas prefieren a Falcón si es el precio que tienen que pagar para que de alguna manera sobreviva el legado de su líder fallecido. Además, la oferta electoral del candidato de AP es mucho más coherente que lo que posiblemente pueda el otro candidato ofrecer, que después de cinco años de desgobierno promete para después del 20 de mayo lo que nadie le ha impedido que hiciera desde que asumió la presidencia del país, en una aún cuestionada elección contra Capriles.

    Oscurantismo, sospechas, fraude y falta de coherencia son sin duda la cara visible de este evento en su conjunto. En definitiva, votar es un acto voluntario. Se vota o no dependiendo de varios factores tales como: creer en el proceso electoral, tener un candidato por quien votar, confiar en el árbitro y estar convencido de que su voto cuenta. Ya veremos.

  • Un nuevo marco para la seguridad en Venezuela

    Sobran las razones para cambiar los modelos de seguridad ciudadana que hoy operan en Venezuela. Ya sea por las deficiencias propias del sistema, la falta de voluntad política o por el avance progresivo de todas las tasas de violencia, lo sustancial radica en que necesitamos con urgencia un nuevo marco para construir un país más seguro.

    Es de tal nivel la crisis de la seguridad ciudadana, que una vez cambien los conductores de políticos de la nación, debe actuarse con inmediatez certera, pues de no hacerlo, se corre el gran riesgo de profundizar el caos que ya padecemos.

    El objetivo a corto plazo de la nueva seguridad debe ser ganar espacio ciudadano, reduciendo las amenazas para la población en todos los ámbitos de la geografía nacional.

    Esto se logra dándole forma a una organización comprometida con el cambio, que no tolere la impunidad, dispuesta a revisarse de la manera más autocrítica y centrada en la meritocracia como eje de su reinstitucionalización. Adicionalmente, tres premisas deben incorporarse al nuevo marco de la seguridad:

    1. Coordinación al más alto nivel: toda la seguridad ciudadana y el orden público estará bajo la coordinación de un consejo nacional de seguridad formado por la PNB, el CICPC, SEBIN y Protección Civil.
    2. Especialización por funciones
    3. Tecnología y datos para impactar indicadores

     

  • Maternidad y desarrollo

    Esta semana hablé un buen rato con decenas de chicas que actúan como supervisoras en la empresa para la cual trabajamos. Forman parte de un programa de formación gerencial orientado a mujeres que he diseñado e impulsado desde hace algún tiempo, para potenciar su impacto en el desempeño de la organización y, en la medida de lo posible, también para facilitar su desarrollo profesional con oportunidades similares a las de sus pares varones.

    Uno de los temas que conversé con ellas fue el de la maternidad. Quizá para algunas fui un poco dura con las cosas que dije, pero tengo como expectativa que ese mensaje contribuya, al menos en algunas, a reenfocar el asunto de la maternidad en sus vidas y a facilitar las interacciones de comunicación y planificación con su grupo familiar — con su pareja y también con padres, hermanos y relacionados para anticipar los apoyos que le permitan sostener su proyección de carrera.

    Muy poco tiempo luego de graduarme de psicóloga, se me presentó la oportunidad de involucrarme en un proyecto fuera de la ciudad en la que nací y en la que aún vivía con mis padres y hermanos. Asumí el reto de llegar a una ciudad que no conocía, a 700 km de mi casa y, casi sin darme cuenta, inicié allí una nueva vida. Tuve mucho apoyo de mi madre y mi padre desde la distancia, pero sin ese soporte directo que hace de las familias en Venezuela una suerte de “sistema matriarcal de crianza en tres generaciones”. También sin los sitios que me servían de referencia y sin mis principales relacionados.

    Poco tiempo después me casé y tuve mi primera hija. Tenía 26 años y, para ese entonces, trabajaba en la misma comunidad terapéutica que provocó este viaje, en la que atendíamos adultos con graves problemas de consumo de drogas. El trabajo era muy interesante y motivador para mí, pero también muy exigente en dedicación y responsabilidades.

    Mi jefe, uno de los profesionales que más he admirado y aún admiro, no recibió con beneplácito la noticia de mi embarazo y cuestionó que yo hubiese tomado esa decisión en medio de todos los retos de gestión que enfrentábamos en aquel momento. Yo misma viví una gran variedad de sensaciones, más allá del vaivén hormonal de los embarazos y sufrí confusiones y dudas con respecto a mi futuro profesional.

    Nunca me planteé como objetivo de vida ser madre. No me molestaba la idea y, tanto en aquel entonces como ahora, pienso que tener a mis dos hijos fue y es, probablemente, una de las fuentes de satisfacción y realización más importantes en mi vida. Pero nunca creí que ser madre tenía que suponer una renuncia a mis intereses y proyectos. Lo veía más bien como un proceso fluido, en el que las necesidades de esas personas que crecían en torno a mí, debían encontrarme siempre presta y solidaria para darles soporte, para ofrecerles cuidado y amor. Pero también un proceso en el que los límites entre ellos y yo, como seres autónomos y destinados a ser independientes, debían ser establecidos también con naturalidad.

    Mi matrimonio naufragó poco tiempo después de nacer mi segundo hijo y eso complicó aún más todo en cuanto a responsabilidades y tiempo, pero jamás dudé que mi espacio y mi agenda debían priorizar adecuadamente las cosas para ofrecerle a mis hijos tiempo de calidad y no ceder ante los estereotipos de madre permanentemente presente en las cotidianidades de sus crías.

    Hoy observo los rostros de las chicas que trabajan en mi organización y veo los temores y dudas típicos de su edad y los retos personales, familiares y comunitarios que enfrentan, pero también observo, al menos en muchas de ellas, la naturalidad con la que asumen que la maternidad tan deseada, es al mismo tiempo una forma de “renuncia” más o menos obvia, más o menos voluntaria, a los retos de su carrera profesional.

    Esto lo observo en dos o tres situaciones que distorsionan, desde mi punto de vista, el hecho social de la maternidad en el ámbito corporativo, más allá de la carga de discriminación que ya puede estar presente en las prácticas sociales de la dirección y gerencia en las organizaciones. Me refiero a distorsiones derivadas de la misma mujer en su desarrollo de carrera, especialmente las jóvenes en proceso de profesionalización que, en el caso de supervisores y gerentes, suelen ser todas:

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    Salir embarazada tiene pocas diferencias con respecto a planificar el embarazo en términos de carrera. Impondrá inevitablemente límites a mi crecimiento competitivo –por ejemplo con respecto a compañeros varones- porque al salir embarazada NO puedo hacer las mismas cosas, NI TAMPOCO cuando tenga a mis bebés muy pequeños. Es inevitable. No voy a poder competir con las facilidades y libertades de las que dispone un hombre.

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    Salir embarazada es bueno, no solo por razones naturales y familiares obvias. Es bueno también porque te permite estar en tu casa, sin tener que trabajar, dedicada a lo mejor que puede hacer una mujer, criar una familia.

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    Salir embarazada te separa de tu trabajo y luego volverás y seguirás trabajando y sufriendo,  intentando abrir espacios para poder estar con tus hijos.

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    Puede haber otras, pero estas tres distorsiones las observo como parte de la normalidad en el planteamiento de carrera de chicas bien formadas en términos académicos, con capacidades y destrezas similares o mejores a las de sus pares varones que, por otro lado, parecieran máquinas bien aceitadas para abordar cualquier reto sin grandes limitaciones derivadas de la paternidad.

    Concebir un embarazo como parte de un proceso que acompaña nuestro crecimiento personal y profesional y no como una condena para unas y ajeno para otros, es parte de las cosas que debemos contribuir a cambiar entre todos, desde el espacio de pareja, el familiar, el comunitario, el laboral, el empresarial, el de país. Es parte de lo que nos motiva a ayudar desde FEMINISMO INC.

  • Las Cámaras de Comercio (parte 2)

    Tal como indicamos en nuestro artículo anterior, la creación de cámaras de comercio durante los años iniciales fue prolífera, pero no ocurrió lo mismo en los 50 años subsiguientes, debido a la situación política existente en Venezuela. El caudillismo impuesto por Juan Vicente Gómez entre 1908 y 1935 (27 años), la inestabilidad de los gobiernos de turno durante 1941 y 1948, más los 10 años de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, le restaron impulso a la proliferación vista en los años  iniciales, no obstante el comienzo y auge registrado en la economía nacional por efectos de la explotación petrolera. Fue en la época de las cuatro décadas comprendidas entre 1960 y 2000 cuando la creación de cámaras tuvo su mayor expansión. Después de todo, los gremios empresariales son incompatibles con gobiernos autoritarios y de poca democracia.

    El ejemplo que Caracas dio con la creación de la primera cámara en 1893 fue asimilado en casi la totalidad de los estados del país y las que han sido creadas se mantienen enfrentando las dificultades que surgen tanto en el interior como en el exterior de su seno. En Bolívar, por ejemplo, hay no menos de ocho cámaras de comercio, una de ellas (con sede en Ciudad Bolívar) tiene 115 años de haber sido creada. Esa onda expansiva que ha creado y sigue creando la organización básica de los empresarios se explica en virtud de que cada cámara de comercio tiene en su vientre el embrión de nuevos gremios que al tener vida propia van formando un tejido gremial cada vez más intrincado. Las CC actúan como célula matriz; son progenitoras. Además, los gremios que se derivan de su seno repiten el ciclo de procreación, en correspondencia con la diversificación y especialización de las actividades económicas, a tal punto que actualmente hay 13 sectores de la economía afiliados a Fedecámaras y uno de ellos es precisamente Consecomercio con casi 100 cámaras afiliadas a nivel nacional. Debe agregarse también, como producto de esa expansión, tanto en Venezuela como en otros países, la creación y funcionamiento de organizaciones internacionales representativas y defensoras de los intereses de los empresarios. La Cámara de Comercio Internacional (CCI) con sede en París y la Organización Internacional de Empleadores (OIE) de la OIT con asiento en Ginebra son las más representativas.

    La afiliación de empresas a las cámaras de comercio en Venezuela ha sido compartida tanto por empresas de capital criollo como foráneo; no ha habido ni hay discriminación, y el requisito principal consiste en el registro mercantil de la empresa que desea afiliarse. Lo mismo puede decirse con relación al tamaño de las empresas, pero debe destacarse que si bien la creación de las primeras cámaras fue impulsada por las empresas y los empresarios más reconocidos de aquella época, ahora es cada vez más notorio que la promoción de los nuevos gremios la asuma la mayoría de los empresarios y empresas de mediana y pequeña escala. Sin duda, el tejido gremial está ampliamente expandido y fuertemente consolidado, tanto a nivel nacional como internacional. Hoy en día hay en Sudamérica no menos de 8 instituciones que actúan como federaciones nacionales con sede en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Pero quizás el hecho de singular significación lo evidencia la creación de las cámaras binacionales y muy particularmente las que agrupan solo a empresas transnacionales de origen estadounidense, conocidas gremialmente como las AMCHAMS. La de Sao Paulo en Brasil fue fundada en 1919, agrupa a más de 5.000 empresas y está considerada como la más grande de las 104 existentes en el mundo. La de Venezuela –VENAMCHAM- fue fundada en 1975 y actualmente tiene más 1.100 empresas afiliadas.

    Algunos analistas consideran que el funcionamiento de los gremios empresariales se asemeja a la configuración de un poder simbólico o iconográfico, y por añadidura silencioso, tanto a nivel nacional como internacional, en virtud de la capacidad que tienen para ejercer presión social a favor de sus aportes y reclamos. Otros son más contundentes en sus análisis y consideran que se trata pura y simplemente de un verdadero poder. Más allá de la consideración acerca de cuál de las dos afirmaciones sea la realmente verdadera, lo cierto es que solo basta imaginarse un conjunto de empresas multinacionales agrupadas en un gremio para darnos una idea de su capacidad de influencia. Si la Exxon Mobil es poderosa por sí sola, imaginémonos lo que será la unión de otras tantas similares a ella.

  • Venezuela sin petróleo, nueva geopolítica mundial

    “No sabe más el que más sabe, sino el que sabe las cosas que importan”

    Bernardino de Rebolledo

    Cuando el petróleo deje de ser la fuente energética que mueva al transporte, cambiará mucho más que los medios utilizados para trasladarnos de un lugar a otro. Con el declive del petróleo, lo que viene es una nueva geopolítica mundial.

    El mundo que conocemos, su división en países ricos y pobres, en poderosos y estratégicos, basados en los combustibles fósiles llegará a su fin.

    “El petróleo ha sido la mayor transferencia de renta de la historia de unos países a otros”, dice Gonzalo Escribano, quien dirige el programa Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano. “Los países compradores estamos transfiriendo a los productores más dinero del que jamás se ha transferido en la historia. Más que el oro en el descubrimiento de América.

    Continua Escribano: “les transferimos a unos señores de Arabia Saudí y de otros países que les cuesta 7 dólares extraer cada barril y se lo llegamos a pagar por encima de los 100 dólares. No ha habido ningún fenómeno económico que se le parezca”.

    El nuevo mundo en el que el petróleo ya no mande en la geopolítica plantea un nuevo escenario de relaciones internacionales. Europa importará energía eólica de Marruecos o hidroeléctrica de Noruega, lo mismo pasará en Asia y en toda América. Mientras el petróleo desaparece, aparecerá progresivamente un rompecabezas con nuevos actores.

    “La lucha contra el cambio climático ya está en piloto automático”, afirma Nikhil Seth, director ejecutivo del Instituto de las Naciones Unidas para la Formación y la Investigación (UNITAR). “No se puede frenar la revolución tecnológica que está empujando el mundo y esa tecnología no pasa ya por los combustibles fósiles”.

    Sin embargo, hasta que el declive del consumo de crudo sea un hecho aún puede pasar mucha agua bajo el río. Y el factor Estados Unidos de Norte América no se puede subestimar.

    En poco más de 2 años EEUU será autosuficiente en materia energética y esto lo va a cambiar todo, ¿Dónde va a vender Venezuela, México y Ecuador su petróleo? ¿Va a seguir EEUU manteniendo su política de protección en el Medio Oriente? Es muy posible que el presidente Trump se desvincule de esa región, desestabilizándola, lo que afectaría al precio del petróleo global, porque el resto del mundo todavía lo necesita.

    En el nuevo orden, en vez de peleas por la gasolina como en la película Mad Max, puede que sean por el control de los paneles solares. Aunque en realidad, lo que más me llama la atención del film es que nunca deja claro qué le pasó en el planeta para dejar el mundo patas arriba.

    El litio es el mineral esencial para la fabricación de las baterías que utilizan los automóviles eléctricos, híbridos, generación de energía eléctrica es y la fiebre por este mineral ya comenzó.

    En una extensión de 10.000 kilómetros cuadrados ubicada en el sur de Bolivia se encuentran las mayores reservas de litio del mundo que van a convertir al país en una nueva potencia energética.

    Sólo en el salar de Uyuni, tienen 5,4 millones de toneladas métricas de litio, lo que constituye el 50% de las reservas de este mineral en el mundo. Bolivia conjuntamente con Argentina y Chile forma parte de lo que se denomina triángulo del litio o también llamado la Arabia Saudita del litio, que concentra más del 85 % de las reservas de ese metal blando conocidas en el planeta.

    Sin embargo, se habla fuertemente según artículo del New York Times de febrero el descubrimiento de un inmenso yacimiento mineral de litio en Afganistán, valorado en un billón de dólares que superaría a las reservas de Bolivia.

    En todo caso lo importante a destacar es que los nuevos protagonistas del nuevo orden energético ya están apareciendo con fuerza.

    El litio entonces es la materia prima del futuro que no abunda en Venezuela, los yacimientos encontrados no son viables comercialmente lo que nos deja con el petróleo como principal generador de renta pero que más temprano que tarde no será el productor de ingresos hacia el país.

    Estamos a tiempo de hacer las cosas necesarias para que podamos ingresar a ese nuevo orden mundial como protagonistas y no como espectadores.

    Parafraseando a Bernardino de Rebolledo ya sabemos lo que importa ahora presionemos los cambios necesarios en la sociedad para avanzar.

    Guerra avisada no mata soldado…

  • Programas de ajuste, convergencias y divergencias

    El hecho de que el asesor económico del candidato presidencial Henri Falcón, el economista Francisco Rodríguez haya explicitado un Programa de Ajuste -o más propiamente, una reforma monetaria- que tiene como punto de partida la dolarización de la economía, ha intensificado el debate sobre ese tema vital para el bienestar de los venezolanos.

    Quienes todavía no están de acuerdo con dolarizar, argumentan que con eso no basta, y que hay que tomar medidas complementarias. Rodríguez no lo niega. Y, de hecho, cada día que pasa, describe más su propuesta con anuncios relacionados con esas medidas. También lo han comenzado a hacer desde la Asamblea Nacional partidos políticos como Primero Justicia, en este caso por intermedio de su vocero, el economista José Guerra. Nos referimos al mismo Partido que, hasta la fecha, se había limitado a plantear generalidades y lugares comunes, como aquel de que “la inflación se combate con producción”.

    La primera coincidencia importantísima, a nuestro juicio, consiste en identificar que el rescate de la producción petrolera es la palanca diferenciadora que permite pensar en un ajuste con expansión, y no en uno contractivo, como el que nos impusieron los arquitectos del Programa de Carlos Andrés Pérez II, en 1989. Por otra parte, parece haber coincidencia con el planteamiento de que lograr que la producción petrolera aumente, pasa por permitir que los operadores privados, nacionales y extranjeros, sean los que se ocupen de poner a producir los yacimientos.

    Quienes disienten de esa posición, piensan que Venezuela no puede y, tal vez, no debe apoyarse en su ventaja petrolera. Y eso, a los fines de un Ajuste, nos reduce a las limitadas opciones de un Zimbabue o de una Grecia. Ese razonamiento, prácticamente, nos condenaría a quedar en manos del Fondo Monetario Internacional, como a desconocer la casi totalidad de la deuda externa, y a alejarnos de los mercados voluntarios de crédito internacional, por, tal vez, una generación o más. Claro que quienes administren un Programa así, tendrían la oportunidad de, una vez más, tutelar al sector privado, encajonándolo a dedicarse a las actividades que ellos, como gurús todopoderosos, escogieran. Afortunadamente, quienes así piensan han venido quedando en franca minoría.

    El segundo gran consenso sería la eliminación de los subsidios generalizados, sobre todo los de la gasolina y de la energía eléctrica, focalizando las ayudas de manera directa a las capas más vulnerables de la población. A eso se añadiría la necesidad de eliminar los controles de todo género, porque tienen asfixiados a la economía nacional y atados de manos a los productores.

    Uno de los puntos neurálgicos de cualquier Programa va a ser el nivel en que se fije el salario mínimo de arrancada. Está claro en que no puede ubicarse en un nivel similar al de otras economías saludables, y que llevan varios años creciendo. Tampoco puede estar en los escasos $6,00 en que hoy se encuentra. Por eso, se hace necesaria una reflexión en este sentido y que consiste en que, si se fija demasiado alto, crea un problema fiscal; y si se establece muy bajo, va a crear desempleo y conmoción social.

    Finalmente, uno de los consensos más importantes va a ser la decisión de cómo se enfoca el tema de las empresas que anteriormente fueron productivas, y que hoy están en manos del Estado.

    Durante casi toda la segunda mitad del siglo XX, gobiernos de la más variada estirpe, desde militares como el de Marcos Pérez Jiménez, hasta social-demócratas, social-cristianos y, finalmente, socialistas, hicieron casi un dogma con respecto a que las actividades productivas “básicas” deberían estar en manos del Estado. Sin embargo, pareciera que la inmensa mayoría de la población está consciente de que mientras más básica es una actividad productiva, más importante es mantenerla alejada de las manos del Estado depredador.

    A quienes todavía les falta convencerse de eso, es a algunos de nuestros políticos. Si estos se convencieran de que lo que da votos no es el estatismo, sino crear las condicione para que los particulares sean los que produzcan, el consenso en torno a esa realidad sería abrumadoramente mayoritaria.

  • Diplomáticos de carrera

    Indignación produce el punto de cuenta que ha circulado en las redes en donde el actual canciller reconoce el daño que le propinó a su diplomacia “revolucionaria” haber destruido la carrera diplomática. Fue durante la gestión del señor Araque que, con la misma frialdad que lo hizo en PDVSA, comenzó el desmantelamiento de la diplomacia profesional bajo la premisa de que era mejor contar con los adeptos a la revolución que con personal técnico especializado. Desde allí, y con la posterior impronta del actual inquilino de Miraflores como canciller, no solo le destruyeron la carrera a cientos de diplomáticos, sino que se dieron el lujo de perder personal idóneo, capacitado, formado en las mejores universidades del mundo y en los valores de una diplomacia ética, que supo defender los más altos intereses de la nación y que se adaptó a las exigencias de la diplomacia globalizada.

    Hoy lo reconocen después de haber obligado a jubilarse, retirarse o congelado el desarrollo profesional de funcionarios competentes y honestos que seguramente no estarían dispuestos a acompañar la ineptitud y falta de honestidad de los nuevos jefes de misión que han circulado a granel en estos últimos años. Sobreviven pocos diplomáticos de carrera, solo cuatro embajadores, según el citado memorándum, seguramente se adhirieron a las causas de la revolución por vocación o supervivencia, pero igual nos representan en misiones menores dejados al olvido y rompiendo los récords de permanencia en destinos en donde la práctica diplomática aconseja estadas prudentes.

    En una nota sobre este tema el embajador E. Soto, experimentado funcionario de carrera, señala: “Esta penosa situación, ya de por sí bastante grave, no significa solamente un retroceso institucional, sino presagia que, cuando se pueda escarbar en las comprometidas ruinas de la Casa Amarilla, se encontrarán quién sabe cuántos desaguisados que van a constituir, en el mejor de los casos, un peso muerto en nuestras relaciones internacionales”.

    El documento referido es un mea culpa, pero tarde para recompensar el daño a los intereses de la República y el perjuicio a tantos bien formados servidores públicos.